Antes que nada, quiero señalar la distinción que Carl Smith estableció entre lo político y la política. Lo político se ocupa de las ideas fundamentales para el gobierno de la comunidad política. La política de ocupa de los partidos, de las parcelas de poder y de las estrategias para ocuparlas. Aquí vamos a ocuparnos de lo político, no de la política. No hablaremos de partidos, ni de elecciones, sino de lo fundamental, de lo necesario e imprescindible para la que la comunidad política llamada España siga existiendo.
¿Cuál es la misión fundamental del Estado? Sea monarquía a república, sea dictadura o democracia, la misión fundamental del Estado es mantener la eutaxia de la comunidad política, es decir, su continuidad. De la misma manera que el Estado tienen que actuar con contundencia ante cualquier intento de romper la unidad de esta comunidad, debe reaccionar con la misma contundencia ante cualquier ataque a la integridad territorial efectuada por una potencia extranjera. Pare ello existen las fuerzas armadas.
En el caso que nos ocupa, la cosa está bastante clara. El CNI había informado de la posibilidad de un intento de invasión, por parte de Marruecos, en forma de oleada migratoria. La respuesta de un Estado que mereciera este nombre debería haber sido el despliegue del ejército en la frontera, e impedir la invasión como fuera, usando las armas si fuera necesario. Si se hubiera actuado así no habría “crisis humanitaria”, ni “crisis migratoria” ni ninguna de estas gilipolleces con las que nos bombardean los ministros de este gobierno traidor, ni las furcias mediáticas a su servicio.
¿Qué es lo que ha ocurrido? Pues, todo lo contrario. Mientras los invasores entraban por la frontera, varios miembros del gobierno estaban en la embajada de Marruecos, festejando el aniversario de la coronación del sátrapa alauita, que no se corta en afirmar y reivindicar la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla. Su Sanchidad se va de vacaciones, los ministros se contradicen, y la ministra de Sanidad (la Mema) aterriza en Ceuta para insultar a los ceutíes y amenazar a los médicos que denuncian la saturación de los servicios sanitarios y el peligro de epidemias. El jefe de Estado ni está ni se le espera.
Todo el aparato del Estado, juntamente con las furcias mediáticas y los medios de comunicación subvencionados, parece tener como única misión negar la realidad y convencer a los españoles de que aquí no pasa nada, de que Marruecos no tiene nada que ver con el problema, que si “pobrecitos migrantes”, que si “crisis migratoria”, que si “crisis humanitaria”. Estas mafias denominadas ONGs colaboran activamente con el relato. En el colmo del surrealismo, el ministro Albares niega toda responsabilidad de Marruecos, y “señala” a los, según él, responsables: Elon Musk y la red X, Rusia y la “internacional reaccionaria”. El comodín Putin que no falte. Se olvido mencionar a Franco.
Pero culpar exclusivamente al gobierno de Pedro Sánchez es un error grave, o una estrategia de los que quieren utilizar Ceuta para sus intereses partidistas, como un caladero de votos, lo que tiene más que ver con la política que con lo político. El problema no es de un gobierno, el problema es del régimen.
Hay que recordar la primera gran humillación de España ante Marruecos, la famosa “marcha verde” y el abandono del Sahara español. Franco estaba todavía vivo, pero gravemente enfermo, y el entonces príncipe Juan Carlos asumió la jefatura del Estado de forma interina. El que sería una pieza fundamental en la “gloriosa transición” y en la gestación del régimen del 78, inició su andadura política con una grave traición a España.
¿Qué se puede esperar de un régimen que se gestó de espaldas a los españoles? ¿Qué se puede esperar de un régimen que fue auspiciado por la embajada norteamericana y por la socialdemocracia alemana? ¿Qué se puede esperar de un régimen en cuya gestación colaboraron activamente los separatistas vascos y catalanes? Pues lo que tenemos ahora, ni más ni menos.
El bipartidismo es el gran mecanismo de seguridad de este régimen para neutralizar el descontento de la población. Dos partidos que parecen combatirse al muerte, pero que en realidad se necesitan el uno al otro. Hay uno de ellos, el PSOE, que es la columna vertebral de este régimen, el que ha desarrollado todas las políticas nefastas que nos han llevado donde estamos. El otro es la válvula de seguridad, la disidencia controlada. ¿No le gusta el PSOE?, pues vote al PP. ¿No le gusta el PP?, pues vote al PSOE.
Pero, además, al ser un bipartidismo imperfecto, necesitan la muleta de los partidos separatistas, que en este régimen campan con toda impunidad. No solamente el PSOE pacta con ellos y hace concesiones: recordemos el pacto del Majestic entre Aznar y Pujol.
Estos que hablan de “reiniciar España” mediante unas elecciones, una tal Sociedad Civil Española, replica de la Sociedad Civil Catalana, de infausto recuerdo, son los que, aparte de algún ingenuo, quieren proteger al régimen a toda costa, neutralizar la indignación popular y redirigirla hacia el voto al PP. No diré yo que la presencia de partidos patriotas en los parlamentos o en los ayuntamientos nos sea algo bueno. Si que lo es, pero siempre que se tenga muy claro que estas instituciones no son más que cajas de resonancia, y reducir toda la lucha política e ideológica a estas actividades no es más que caer en la trampa del propio régimen.
Y para acabar, algunas aportaciones de la geopolítica a la crisis de Ceuta, crisis que algunos medios, y no precisamente de “ultraderecha”, ya llaman crisis de Estado. ¿De dónde procede el envalentonamiento de Marruecos? En primer lugar, porque es consciente de la situación española. Años de adoctrinamiento y de estupidización y castración mental y espiritual de la población. Galimatías autonómico, amenazas separatistas, pseudoproblemas: “salvar al planeta”, “micromachismos”, “nadie es ilegal”, “amenaza fascista”.
Pero, sobre todo, Marruecos está muy confiado por sus relaciones internacionales. Aliado preferente de Estados Unidos y aliado de Israel. Tomen nota los que se entusiasman con los que llevan “kipá”. El estado de Israel fue de los pocos que reconoció a la sedicente república catalana. De hecho, los separatistas llevaban muchos años cultivando la amistad de la entidad sionista. El hijo de Netanyahu ha animado repetidas veces a los musulmanes marroquís, no solamente a ocupar Ceuta y Melilla, sino a reconstruir Al-Ándalus. No debe extrañarnos, se acuerdan muy bien de Isabel la Católica.
Frente a todo ello, un rayo de esperanza: la reacción de una parte importante del pueblo español. El intento del régimen de estupidizar y castrar mentalmente a la población española ha tenido éxito solo en parte. Hay otra parte de la población, que además está creciendo, que ya no se cree las mentiras y las milongas de la clase política y de sus furcias mediáticas. Al igual que ocurrió en el año 1808, ante la invasión francesa y ante la traición de la monarquía y de gran parte de la clase dirigente, la reacción popular acabó expulsando al invasor.
Ceuta somos todos. Todos somos Ceuta.
Solo el pueblo salva al pueblo.