Fauda, caos, Tha’r …

Fauda, caos, Tha’r … Jose Vicente Pascual

Hay datos interesantes sobre la quinta temporada de esta serie de Faraway Road, emitida por Netflix. Los niveles de audiencia en Israel la sitúan como la más vista en esta plataforma y la de mayor audiencia en la historia de la televisión israelí. Algo lógico si atendemos a la narrativa de los hechos, el nudo sentimental del conflicto, el desarrollo de la acción y la tensión argumental propia de un thriller clásico. Otro detalle también relevante: la acogida de esta quinta temporada de Fauda en muchos países árabes está siendo espectacular, situándola en el top 10 de las series más vistas en Líbano, Jordania, Catar, Emiratos Árabes y Egipto. En Cisjordania y otros territorios administrados por la autoridad palestina, igualmente ha tenido una preferencia notable entre el público espectador.

Naturalmente, los niveles de audiencia en países árabes, sobre todo los cercanos/involucrados en el conflicto israelí-palestino, no significan de manera automática el acuerdo de la audiencia con el posicionamiento de la serie y el desarrollo de la trama; sin embargo, el fenómeno Fauda mantiene la atención y la curiosidad en su entorno geopolítico. Por algo será.

Por encima de datos, métricas y segmentaciones de audiencia, actúa con enorme eficacia el resorte emocional de la serie, los valores y respuestas básicas ante fenómenos humanos que en Fauda alcanzan el nivel de drama épico, donde el fragor y la urgencia de los acontecimientos hace perder —más bien hace desdeñar— la dimensión ética de las conductas, sometidas a imperativos de intensa subjetividad como son la amistad, la lealtad, el rencor, la obsesión de venganza…

El 7 de octubre de 2023 —“El 7” lo llaman en Israel—, supuso el inicio de la última guerra de Gaza, eso lo sabe todo el mundo. De lo que creo que no todo el mundo es consciente —porque esa parte del relato queda lejos de la versión oficial que circula por Europa y occidente en general—, es de la magnitud del trauma colectivo que causaron los ataques terroristas a la sociedad israelí. No sólo fueron los asesinatos, los infanticidios, las violaciones, el grado espeluznante de crueldad desatado contra los colonos israelíes y también contra los infelices que participaban en el macroconcierto de música electrónica Supernova Sukkot Gathering; fue la obligación, impuesta brutalmente a todo el pueblo de Israel, de posicionarse con urgencia sobre aquellos horrores que preceden, se concretan y siguen necesariamente a toda acción de estas sangrientas características: la reacción, la reparación, la justicia… y de inmediato la guerra, la muerte del enemigo, las víctimas entre la población civil. La venganza.

La quinta temporada comienza con los personajes protagonistas Eli y Salem viajando a Marsella para vengar la muerte de sus familiares durante el 7-O; utilizan una palabra árabe muy concreta para denominar su acción y dar sentido, contenido, a lo que sienten y piensan hacer: Tha’r, venganza.

Tha’r  se traduce como «venganza de sangre» o «venganza por sangre», aunque la palabra tiene un significado más específico e implica mucho más que simple venganza. En Fauda, tha’r involucra una «obligación» de vengar la muerte de un familiar, ligada a un ciclo de represalias.

En el primer episodio Eli le dice a Salem:

—This is tha’r, blood revenge.

Y de eso trata la quinta temporada, una larga y trepidante disertación sobre la venganza como obligación, como derecho, como acto inútil o productivo, como acto necesario. Los propios creadores de la serie explican que «tha’r fue una de las palabras que definieron temáticamente la quinta temporada»; hasta el punto de que llegaron a plantearse titularla Fauda Tha’r. Esto es algo en consonancia con la posición oficial del gobierno de Israel. Para ellos, independientemente de la pugna por la hegemonía en la región, de la necesidad de desarmar y desbaratar la organización de Hamas, la venganza es una obligación, casi un precepto moral.

A ver, es duro decir esto y me cuesta escribirlo, pero las acciones tienen consecuencias. Del ataque del 7-O derivó la guerra en Gaza y la muerte de entre setenta-ochenta mil personas, la mayoría inocentes. Está claro que el poder de destrucción de Israel es infinitamente superior a la capacidad de hacer daño de los terroristas de Hamas. En los ataques del 7-O murieron asesinadas unas 1.200 personas, cantidad muy inferior a los muertos en la guerra de Gaza. Pero eso ya lo sabían de sobra los terroristas que entraron a sangre y fuego en los territorios de los colonos y que dispararon y degollaron a los presentes en el concierto de música electrónica. Hamas buscaba víctimas en el bando israelí y mártires en su propio bando, y no les ha importado en absoluto que esa cantidad de mártires sea enorme. Sospecho que más bien al contrario.

Achacan a la quinta temporada de Fauda su recreación detallista, espeluznante, de los ataques del 7-O, en tanto no se dice una palabra de los muertos en la «gran venganza» israelí, los bombardeos y acciones militares en Gaza. ¿Qué esperaban? ¿Compasión? ¿Equidistancia? ¿Objetividad moral? Fauda, recordémoslo, sigue siendo una serie de acción e intriga; y en todas las series y películas de ese estilo, siempre hay buenos y malos, y del destino de «los malos» no se compadece nadie cuando cae el telón. Eso en la serie, claro. En la vida real, todo el mundo se compadece de los palestinos víctimas de la guerra. Lo que casi nadie lamenta es la paulatina desaparición —eliminación— de los líderes de Hamas que urdieron y dirigieron el ataque del 7-O. Más de cuarenta han pasado ya a mejor vida: o sea: tha’r. Y qué otra cosa se puede decir al respecto… Haberlo pensado antes.

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