- Guerra y alianza con los tlaxcaltecas
Tlaxcala era un punto clave entre los territorios dominados por los aztecas, los cuales eran enemigos tradicionales de tlaxcaltecas. Éstos se encontraban en el límite de la resistencia contra los mexicas y formaban una especie de confederación de ciudades-Estados unificadas por una república gobernada por un Senado.
Exactamente se trataba de una confederación de cuatros Estados, cada uno de ellos con su propio tlatoani: Maxixcatzin era el señor de Ocotelolco y jefe militar de la confederación, el ciego Xicoténcatl el señor de Tizatlán, Temiloctecatl el Tepeticpac y Citlapopocatzin el de Giltapopocatizn. Aquella confederación tenía tres etnias: la tlaxcaltecas, de idioma chichimeca e idioma náhuatl; los belicosos otomíes y los que eran los habitantes primigenios de esas tierras: los pinomes.
Además de tener que pagar el tributo a los aztecas, estas tribus estaban oprimidas hasta el punto de prohibírsele el algodón y la sal, además de servir como despensa de carne de sacrificios.
El 5 de septiembre de 1519 400 españoles se enfrentaron a 40.000 tlaxcaltecas, aunque nada más comenzar la batalla la artillería hizo estragos en los ordenados batallones indígenas. A su vez, los españoles aprovecharon las divisiones de los tlaxcaltecas, esto es, la rivalidad que había entre Xicoténcatl y Chichimecatecle.
Al atardecer los españoles pudieron volver al campamento con muchos heridos pero con sólo una baja. Por la noche los tlaxcaltecas intentaron atacar a los españoles pero sin éxito mas, impresionados por la fortaleza de éstos, enviaron unos mensajeros que le comentaron a Cortés según narraría Cervantes de Salazar: «Señor, si eres dios bravo que comes carne y sangre, cata aquí cinco esclavos que te invía la Señoría de Taxcala para que comas; y si eres dios bueno, ofrescémoste encienso y pluma; y si eres hombre, toma estas aves, este pan y cerezas, que tú y los tuyos comáis».
Cortés les respondió que sólo eran hombres mortales que servían a un solo Dios, que era el Dios verdadero. El caudillo español, agradeció el envío de alimentos e insistió a los nativos que le dejasen paso en dirección a Tenochtitlan. Pero al regresar sus mensajeros Xicoténcatl volvió a atacar por sorpresa a los españoles con idéntico resultado. Xicoténcatl envío espías para que encontrasen un lugar donde se pudiese prender fuego, pero éstos fueron descubiertos por los españoles, gracias al aviso del cempoalteca Teuch, y sin manos y pulgares fueron devueltos a su dueño para advertirle que no porfiase más.
Sin embargo, el frío, el hambre y tanto velar mermó un poco a los españoles, aunque la retaguardia tlaxcalteca también lo estaba tras sus continuos fracasos en el frente. Maxixcatzin y Xicoténcatl sopesaron aliarse con los españoles, y así también lo pensaba Cortés aquella noche, como comentaría Cervantes de Salazar: «Me da el corazón que esta noche habernos de hacer el mayor negocio que hasta ahora habernos hecho, del cual ha de emanar y prosceder el amistad con Taxcala».
Los taxcaltecas decidieron enviar una comitiva pacífica y le comentaron a los españoles que los responsables de la violencia contra ellos eran los otomíes y que ellos pretendían hacer las paces y entablar una alianza contra los aztecas, lo que vino a ser imprescindible para la conquista de Tenochtitlan. Cortés, en su Segunda Carta de Relación, citó la sentencia bíblica que reza: «si un reino es dividido contra sí mismo, no puede existir tal reino» (Marcos 3. 24); que recuerda al clásico latino divide et impera.
El 18 de septiembre la expedición española por fin entra en Tlaxcala, siendo recibido por una ciudad engalanada en flores. Cortés y sus hombres pasaron allí tres semanas. En su Segunda Carta de Relación Cortés escribía que entre aquellos hombres había «toda buena manera de buena orden y política y es gente de toda razón y concierto, tal que lo mejor de África no se le iguala». Y añadía: «El orden que hasta ahora se ha alcanzado que la gente de ella en gobernarse, es casi como las señorías de Venecia y Génova o Pisa, porque no hay señor general de todos».
Como sucedió en Cempoala, los caciques tlaxcaltecas entregaron a sus hijas a los españoles para sellar la alianza. La hija de Xicoténcatl el viejo fue entregada a Pedro de Alvarado y sería bautizada con el nombre de Doña Luisa, la cual le daría dos hijos. Juan Velázquez de León recibió a la hija de Mixixcatzin, que se bautizaría como Doña Elvira. También algunos soldados recibieron mujeres.
- La matanza de Cholula
Los españoles salieron de Tlaxcala el 13 de octubre de 1519, acompañado de los señores de Cholula. Pero, recelosos, Cortés y sus hombres prefirieron pasar la noche con un buen número de centinelas a dos leguas de Cholula.
Cholula era una ciudad poblada con 30.000 habitantes, la urbe más poblada y más grande después de Tenochtitlan. En la ciudad estaba arraigada la adoración a Quetzalcóatl. Los cholultecas, habitantes de Cholula, eran enemigos tradicionales de los tlaxcaltecas. Por eso lo tlaxcaltecas que iban con Cortés tuvieron que acampar a las afueras de Cholula mientras que los españoles y los 400 totonacas pudieron entrar en la ciudad siendo recibidos de modo hospitalario.
Pero las autoridades cholultecas recibieron en secreto instrucciones de Motecuhzoma Xocoytozin (cuyo nombre hispanizado es Moctezuma, que llevaba en el trono azteca desde 1502) para conspirar contra Cortés con objeto de hacerle una emboscada que aniquilase a los españoles y sus aliados. Doña Marina se enteró de la conspiración a través de una anciana que pretendía ganársela para que fuese esposa de su hijo, y la principal consejera del caudillo español no dudó en alertarlo.
Por la mañana, era 18 de octubre, el advertido Cortés se anticipó a los conspiradores y apresó a los líderes cholultecas y en un ataque preventivo ordenó que se llevase a cabo la llamada «matanza de Cholula». Su anticipo lo describiría el propio Cortés diciendo: «Acordé de prevenir antes de ser prevenido». Según Cortés, la matanza acabó con 3.000 cholultecas, Ginés de Sepúlveda lo sube a 4.000. Bartolomé de las casas, uno de los padres de la Leyenda Negra contra España, comparó a Cortés con Herodes el Grande y sostuvo que el castigo a los cholultecas fue sin motivo (posiblemente sobre esto la presidenta Sheinbaum sea partidaria).
Por su parte, cempoaltecas y tlaxcaltecas saquearon la ciudad durante días. Los 20.000 aztecas que iban a asistir a los cholultecas para reforzar la emboscada jamás aparecieron. La matanza de Cholula también estremeció a la nobleza y a la casta sacerdotal de Tenochtitlan. Tras ser derrotados, los cholultecas que sobrevivieron se pasaron a las fuerzas comandadas por Cortés.
De modo que tras luchar contra los belicosos cholultecas y someterlos, Cortés los trató con hidalguía y los convertiría en sus aliados contra los aztecas. Antes de abandonar la ciudad, Cortés puso como cacique de Cholula al hermano del anterior, que había muerto en los patios.