- La leyenda de Quetzalcóatl
Por un momento los aztecas creyeron, y el mismo emperador Moctezuma II así lo creía, que Cortés era Quetzalcóatl (Serpiente Emplumada): un dios blanco y barbudo que, según la leyenda, partió del panteón azteca con la promesa de que algún día volvería desde oriente, por donde nace el sol, que creían que era el lugar donde vivían los dioses.
Quetzalcóatl era un dios que se oponía a los sacrificios humanos. Al contemplar la imagen que los aztecas tenían en su templo de Quetzalcóatl, Bernal Díaz del Castillo escribía que consistía en un «bulto como de medio hombre y medio lagarto, todo lleno de piedras ricas y la mitad dél enmantado». El cuerpo del dios estaba compuesto por semillas, por ser «el dios de las sementeras y frutas».
- Cortés entra en Tenochtitlan
Moctezuma, creyendo que los españoles eran dioses o semidioses, o al menos haciendo que eso creyese su pueblo, disuadió a Cortés para que no avanzase hacia Tenochtitlan. Y lo hizo con regalos, embajadores y muchos mensajes con el fin del convencerlo para que no visitase la capital de su Imperio. Pero fue inútil y su actitud hizo que los españoles se interesasen más por la ciudad. Con sus ofrendas el emperador azteca mostró debilidad, y así lo interpretaron los españoles. Viendo que por muchas ofrendas que le regalase a los españoles éstos no dejaban de avanzar hacia la ciudad imperial, Moctezuma cambió de estrategia y accedió a recibir a esos hombres blancos y barbudos; pues dadas sus victorias y alianzas con los indígenas, Moctezuma prefirió que entrasen lo antes posible a su ciudad a fin de que ésta no quedase aislada, ya que su funcionamiento dependía de los pueblos circundantes. Aunque también el líder azteca pretendía ganarse a los españoles para que no pactasen con los tlaxcaltecas, cosa que no consiguió.
Si desde el principio Moctezuma en vez de enviar regalos y mensajes a los españoles hubiese enviado a su ejército para que los destruyese entonces, efectivamente, los hubiese destruido. Los cambios de actitud del huey tlatoani azteca dieron a ojos de los españoles muestras de debilidad.
Los conquistadores continuaron su travesía hacia Huejotzingo y vieron por primera vez el lago Texcoco y con él la isla de la ciudad de Tenochtitlan. La ciudad estaba construida en una isla en medio del lago unida a tierra por tres calzadas.
Embajadores de Moctezuma intentaron convencer a los españoles y sus aliados indígenas para que no entrasen en la ciudad; pero éstos, tras una breve pausa, en Ayotzinco continuaron hacia Mixquic, Cuitláhuac (Tláhuac), Culhuacán e Iztapalapa.
Los exploradores españoles vislumbraron la ruta hacia Tenochtitlan desde la cumbre del volcán Popocatepetl. El 1 de noviembre de 1519 ponen rumbo hacia la capital. Al llegar al valle de Tenochtitlan el ejército de Cortés estaba formado por 400 españoles, 4.000 tlaxcaltecas, 16 caballos. Tal ejército entraría en la ciudad el 8 de noviembre, que en el calendario azteca era el día 8 Ehcatl del año 1 acatl en el mes Quecholli.
Según Bernal Díaz del Castillo, a los españoles la ciudad les pareció «cosa de encantamientos». Cortés entró pacíficamente en la ciudad de ensueño y fue bien recibido por Moctezuma Xocoyotzin, el emperador azteca, y su amplio séquito en el que se encontraban el tlatoani de Tlacopan Totoquihuatzin, el tlatoani de Tetzcuco Cacamatzin, Cuitláhuac (hermano de Moctezuma), Tetlepnaquetzaltzin, Itzcuahtzin, Topantemoctzin y otros servidores. Moctezuma aceptó el saludo de Cortés pero no su abrazo.
El caudillo español le entregó al líder azteca un collar de margaritas perfumadas con almizcle y el sirviente de Moctezuma le entregó a Cortés dos collares: uno de caracoles rojos y camarones de oro que eran las insignias de Quetzalcóatl y otro de hueso. Los españoles fueron alojados en el palacio de Axayácatl, cerca del recinto sagrado de la ciudad. Ambos líderes se entrevistaron en privado y el español le hizo entender al azteca que debía hacerse vasallo de Carlos I de España. Por presiones de Cortés, Moctezuma dio un discurso ante su pueblo en el que reconocía ser vasallo del rey español.
Asimismo pidió a su pueblo que obedeciese a los españoles. Al reconocerse vasallo de Carlos I, Moctezuma recurrió a la leyenda de Quetzalcóatl, para presentarse ante su pueblo como un gobernante sujeto a una fatalismo inexorable contra el cual nada podía hacerse, y así culpaba al destino y encubría sus errores. Y en tal situación, Moctezuma -según narró Cortés- le rogó a los suyos que «de aquí en adelante tengáis y obedezcáis a este su capitán y todos los tributos y servicios que hasta aquí a mí me hacíades, hecedlo y dadlos a él».
Cortés comentaba que Moctezuma pronunció esas palabras «llorando con las mayores lágrimas y suspiros que un hombre podía manifestar y asimismo todos aquellos señores que le estaban oyendo lloraban tanto, que en gran rato no le pudieron responder». Según relata Francisco de Aguilar en su breve Relación, a Cortés en principio no le parecía bien hacer de rehén a Moctezuma, «especialmente habiéndose dado por vasallo de Su Majestad».
Según López de Gómara, Moctezuma le comentó a Cortés que sus maniobras para que no entrasen él y sus hombres en la ciudad se debía a que sus súbditos temían «grandísimo miedo de veros; porque espantabais a la gente con estas vuestras barbas fieras, y que traíais a unos animales que tragaban a los hombres, y que como veníais del cielo, abajabais de allá rayos, relámpagos y truenos, con que hacíais temblar la tierra, y heríais al que os enojaba o al que os antojaba».
Cortés no se fiaba de Moctezuma, y un excesivo acercamiento podrían romper su alianza con los tlaxcaltecas que compartían alojamiento con los españoles.
Desde la costa, los aztecas, tras atacar la guarnición española de la villa Rica de la Vera Cruz, le enviaron a Moctezuma la cabeza del soldado español Juan de Argüello. Esto demostraba que los visitantes no eran dioses sino que eran mortales como los indígenas, es decir, que eran hombres como ellos.
Desde la teoría tridimensional del espacio antropológico que postula el materialismo filosófico podríamos decir que los aztecas dejaron de ver a los españoles como si estuviesen situados en el eje angular y empezarían a comprender que, como ellos, estaban situados en el eje circular. Luego ya no se trataba de una relación asimétrica entre númenes contra hombres sino simétrica, esto es, de hombres contra hombres. Los españoles no eran dioses o seres anantrópicos numinosos, sino humanos como los indios; y los indios no eran demonios, sino tan humanos como los españoles. No cabía, pues, religación entre españoles e indios. Pues la esencia de la religión, al menos en su núcleo, es la relación que guardan los hombres con otros seres que si bien no son humanos sí tienen inteligencia y voluntad, una inteligencia y voluntad que se supone superior a la humana; por eso el hombre ante el numen tiene que arrodillarse, e incluso le implora; porque un numen es un ser superior y misterioso; aunque, eso sí, corpóreo y finito, y no incorpóreo e infinito como fue supuesto el Dios de la ontoteología, frente al cual, dada su infinitud e incorporeidad, no cabría la religación aunque existiese.
No obstante, volviendo a nuestra historia, Moctezuma se aterró cuando vio la cabeza y prohibió toda acción militar contra los españoles y ordenó que tal noticia se mantuviese en secreto. Pero Cortés sería informado por mensajeros totonacas y por ello arrestaría a Moctezuma el 14 de noviembre, y exigió que los responsables fuesen castigados. Moctezuma le dijo a Cortés que él no tenía nada que ver con aquella acción.
Desde entonces el emperador azteca sería vigilado por una escolta española. Cuando regresaron los emisarios de Moctezuma cedió el derecho de inicio a Cortés y los emisarios fueron sentenciados tras un breve proceso a morir en la hoguera. Moctezuma, a fin de que no se sublevase, sería encadenado y obligado a contemplar la ejecución.
El emperador azteca era rehén de los españoles. Esto despertó los recelos y la desconfianza del pueblo azteca hacia su emperador, considerado como un pusilánime. No obstante, pese a estar custodiado, Moctezuma pudo continuar sus actividades cotidianas. Como le comentaba Cortés a Carlos I, Moctezuma «no había de estar como preso sino en toda su libertad».
El arresto se hizo por precaución, ya que -como comentaba Cortés en su Segunda carta de relación– Moctezuma «enojándose nos podría hacer mucho daño y tanto, que no hubiese memoria de nosotros según su gran poder y también porque teniéndole conmigo, todas las otras tierras que a él eran súbditas, vendrían más aína al conocimiento y servicio de Vuestra Majestad, como después sucedió». Aunque Cortés también temía que el tlatoani «mudase el propósito y voluntad que mostraba en servir a Vuestra Majestad». Moctezuma sirvió para los españoles como una especie de escudo humano, pues temían por sus vidas ante una posible sublevación del pueblo azteca (como acabaría pasando).
Cortés le pidió a Moctezuma que abandonase a sus dioses y prohibiese los sacrificios humanos. Y así, las efigies de los dioses fueron destruidas ante el escándalo de los sacerdotes aztecas. En su lugar fueron colocadas figuras cristianas y se celebró una misa en la cúspide del Templo Mayor.
Los españoles lucharon contra la sodomía, la antropofagia, la idolatría y sobre todo contra los sacrificios humanos. Por ello la conquista del Imperio Azteca también fue una guerra de religión. Cortés interpretó la conquista como obra guiada por Dios, y por ello Tenochtitlan era como una nueva Jerusalén. Aquí vemos otro ejemplo de las relaciones que guardan el eje angular del espacio antropológico con la capa cortical de un determinado Estado que se enfrenta a otro Estado o a varios Estados o contra sociedades prepolíticas.
Así justificaba Cortés sus motivos por la conquista en las Ordenanzas militares y civiles que redactó él mismo el 22 de diciembre de 1520: «Mi principal intención e motivo en hacer esta guerra e las otras que hiciere, por traer y reducir a los dichos naturales al dicho conocimiento de nuestra santa fe e creencia, y después por los sojuzgar e supeditar debajo del yugo e dominio imperial e real de su sacra Majestad, a quien jurídicamente el señorío de todas estas partes».