La conquista del Imperio Azteca (V)

La conquista del Imperio Azteca (V). Daniel López Rodríguez

9. El ejército de Pánfilo de Narváez

El 5 de marzo de 1520 19 embarcaciones con un ejército de 1.400 hombres, 80 escopeteros, 120 ballesteros, 80 jinetes, 10 o 12 tiros de pólvora a cargo del artillero Rodrigo Martín y 1.000 auxiliares indígenas soltaron amarras desde la isla Fernandina bajo las órdenes del corpulento Pánfilo de Narváez al encuentro de Hernán Cortés. Las órdenes de Velázquez a Narváez eran de arrestar o matar a Cortés. Se trataba de un ejército que era cuatro veces superior al de Cortés en españoles.

Rodrigo de Figueroa, juez de residencia de La Española, enterado de los planes de Velázquez, ordenó frenar la expedición de Narváez contra Cortés, pensando que tal disputa no sería beneficiosa para la Corona. Velázquez continuó con la misión y desafió la autoridad de Figueroa.

Sería ni más ni menos que Moctezuma, informado por su correo pictórico, el que avisó a Cortés del desembarco de Narváez. A su vez, el apresado emperador conspiraba a espaldas de Cortés, enviando emisarios para que ordenasen a los pueblos cercanos que abasteciesen a los hombres de Narváez con comida, oro y ropas.

El 10 de mayo Cortés, dejando Tenochtitlan al mando de Pedro de Alvarado con una guarnición de algo más de 100 hombres bien provistos de pólvora, sale junto a 70 soldados y algunos nobles aztecas al encuentro de Narváez. Asimismo, el caudillo español envió instrucciones a Velázquez de León y Rangel para que las tres columnas se encontrasen en Cholula e ir juntos hacia Cempoala, donde se encontraba Narváez. Cada una de las columnas tenía sobre 130 soldados. Posiblemente los espías de Moctezuma siguiesen estos movimientos.

Cortés y sus hombres acamparon en la ribera del río Chachalacas el 28 de mayo de 1520. Narváez estaba en Cempoala convencido de que Cortés no atacaría a causa del temporal. Esto lo aprovechó el ejército de Cortés, en inferioridad numérica, y cogió por sorpresa a los hombres de Narváez. Y así, Narváez sería apresado con hábiles manejos.

El piquero Pedro Gutiérrez de Valdomar dejó tuerto a Narváez; el cual sería desprovisto de las supuestas órdenes del rey, que sólo eran las instrucciones de Velázquez. Narváez sería llevado ante Cortés diciéndole: «Señor Cortés; tened en mucho la ventura que hoy habéis habido en tener presa mi persona». A lo que Cortés contestó:

«Lo menos que yo he hecho en esta tierra es haberos prendido».

La guerra entre españoles sólo acabó con la vida de 6 hombres por el bando de Cortés y 11 por el de Narváez.

Cortés pudo reclutar a buena parte de la expedición de Narváez porque muchos de aquellos hombres fueron movilizados contra su voluntad. Asimismo, la mayoría de los hombres de Narváez se rindieron porque pensaban en las riquezas de la tierra descubierta y reconocieron a Cortés como su nuevo jefe. Y por tanto Cortés pudo volver a Tenochtitlan con buena parte de los hombres de Narváez, triplicando el número de españoles en su ejército. La jugada de Diego Velázquez le salió al revés, pues aumentó las tropas de Cortés. Narváez sería llevado cautivo a Villa Rica de la Vera Cruz. Se demostró una vez más, y definitivamente, que Cortés justificaba sus acciones en nombre del rey, no en reconocimiento de la autoridad de Diego Velázquez.

Fue una victoria incontestable de Cortés. Pero no todo fueron buenas noticias, pues los hombres de Narváez llevaron al continente una epidemia de viruela que se incubó en La Española y de allí pasó a la isla Fernandina para pasar con la expedición enviada por Velázquez y comandada por Narváez al continente. El portador del virus era un negro llamado Francisco de Eguía. Los indígenas se mostraron muy vulnerables a la enfermedad. Sería López de Gómara el primero en señalar a la expedición de Narváez como la responsable de transportar el virus al continente.

10. La sublevación de Tenochtitlan

Un mensajero que venía de Tenochtitlan informó que la ciudad ardía en rebelión mientras Cortés luchaba contra Narváez. La sublevación empezaría a gestarse en el momento en que Cortés entró en el adoratorio de Tláloc, cuanto cogió una barra de hierro y destruyó los ídolos, limpiando enseguida aquellas capillas instalando imágenes cristianas que custodiaría un soldado veterano. Asimismo se puso fin a los sacrificios. La intolerancia religiosa de Cortés resultó intolerante para los aztecas. Moctezuma le dijo a Cortés delante del capitán de su guardia, Cristóbal de Olid, que aquella acción había acarreado la ira de los dioses y que estos habían dado órdenes de matar a los cristianos. En realidad, como es natural, acarreó la ira de los aztecas.

En la ciudad imperial los aztecas celebraban una ceremonia en honor al dios Huitzilopochtli, también llamado el Colibrí Azul, que era el dios tutelar de los aztecas: señor de la caza y de la guerra, considerado como el quinto Sol transformado en águila.

Para ello pidieron permiso a Pedro de Alvarado y éste aceptó para que la fiesta de Tóxcatl se celebrase con un ritual en el que se construía una estatua de Huitzilopochtli. Sacerdotes, capitanes y jóvenes guerreros bailaban desarmados, momento que Alvarado aprovechó para cerrar las salidas, pasos y entradas al patio sagrado. Permitió la entrada de Cuahquiyaval (Águila) en el palacio menor, la de Ácatl Yacapan (punta de Caña) y la de Tezcacóac (Serpiente de espejos); y así pudo empezar la masacre, que fue principalmente de veteranos de guerra e intérpretes de códices. Alvarado y sus hombres acabaron con lo más granado de la nobleza azteca. Cervantes de Salazar concluía su capítulo: «Fue digno castigo de que el sueño se les volviese del revés y pagasen por la pena del talión».

Según López de Gómara, Alvarado entró en la plaza con sus hombres y «sin duelo ni piedad cristiana los acuchilló y mató, y quitó lo que tenían encima». Gómara añadía el siguiente comentario: «Si fue de su cabeza o por acuerdo de todos no lo sabría decir; más de que unos dicen que fue avisado que aquellos indios, como principales de la ciudad, se habían juntado allí a concertar el motín y rebelión que después hicieron; otros, que al principio fueron a verlos bailar tan loado y famoso, y viéndolos tan ricos, que se acodiciaron al oro que traían a cuestas» (citado por Iván Vélez, La conquista de México, La esfera de los libros, Madrid 2019).

Cervantes de Salazar, que sigue a Gómara, sostiene que los aztecas aprovecharon la fiesta y la ausencia de Cortés para amotinarse contra los españoles. También hay que contar con los tlaxcaltecas ansiosos de vengarse de los aztecas excitaron los impulsos de los españoles. Y también es destacable la acción de las indias entregadas a los españoles, los cuales habían puesto ollas al fuego para hervir el cuerpo de sus nuevos amos. Supuestamente fueron ellas las que les confesaron a éstos que los danzantes tenían armas escondidas en las proximidades del templo.

Alvarado pretendía descabezar una rebelión de la que estaba al tanto. Sin embargo, la masacre provocó la indignación del pueblo azteca, y por ello se lanzaron contra el palacio de Axayácatl, donde estaban acuartelados 80 soldados, 14 escopeteros, 8 ballesteros y 5 caballos, más un número de tlaxcaltecas. Los alzados especularon con la derrota de Cortés contra Narváez. Moctezuma pretendió calmar a la población con un discurso, pero la rebelión no pudo frenarse, y la multitud le gritaba a Moctezuma: «¡Ya no somos tus vasallos!». El palacio sería sitiado durante más de veinte días. Los españoles, atrincherados, se llevaron a Moctezuma y a otros jefes.

El 24 de junio de 1520 Cortés volvería a entrar en Tenochtitlan, y nada más llegar -con más de 1.300 hombres, 97 caballos, 80 ballesteros, 80 escopeteros, artillería y más de 2.000 tlaxcaltecas- se reunió con sus compañeros en el palacio de Axayáctl, donde pudieron defenderse de los intensos ataques enemigos. Alvarado, que fue recriminado por Cortés, alegó que los aztecas iban a romper su promesa de no hacer sacrificios humanos y que con la fiesta iban a preparar una trampa contra los españoles.

Según Bernal Díaz del Castillo, Alvarado le comentó a Cortés que supo por un sacerdote y dos nobles que al terminar la fiesta de Tóxcatl los mexicas atacarían, y por ello él «se adelantó a dar en ellos»; lo cual recuerda a las explicaciones que daba Cortés a Carlos I en su Segunda Carta de Relación sobre su actitud en Cholula: «acordé de prevenir antes de ser prevenido». Alvarado, según Bernal, añadía que los mexicas querían liberar a su huey tlatoani, aprovechando el reducido número de la guarnición española.

Díaz del Castillo añadió que Alvarado estuvo asistido por la Virgen, la cual lanzó polvo sobre aquellos paganos y que un cañón disparó sin necesidad de incendiarlo. Y contado con el testimonio de otros soldados se comentaban otros hechos asombrosos como cuando se acabó el agua potable y al excavar un pozo en el patio del palacio manó agua dulce.

Cortés le pidió a Moctezuma a través de Doña Marina que ordenase el restablecimiento de los mercados, con el fin de que la ciudad recobrase la normalidad y poder abastecer a los acuartelados. Moctezuma, que parecía estar conforme con la idea, dijo que desde allí no podía impulsar esa orden y recomendó que liberasen a su hermano Cuitláhuac (señor de Iztapalapa), petición que Cortés concedió. Es posible que Moctezuma hubiese pedido tal cosa a fin de que su hermano, que mostró su contrariedad a la entrada de los españoles en la ciudad, encabezase una sublevación contra los mismos. Y efectivamente es lo que hizo nada más ser liberado al organizar una fuerza bélica azteca.

Moctezuma, presionado por Cortés, se subió a uno de los muros del palacio para que tranquilizase a sus antiguos súbditos, pero la enfurecida multitud empezó a arrojar piedras sobre el hombre que ya no consideraban su emperador, impactándole una en la cabeza, en toda la sien, que acabaría con su vida tres días después. También murieron algunos españoles, entre ellos Juan Martín, el encargado de atender a Moctezuma. Alvarado sufriría una herida en la cabeza.

Cuitláhuac se puso al frente de los alzados y se unió a Cuauhtémoc (el jefe de los caciques que después sería el último huey tlatoani azteca). Cuitláhuac se convertiría en el heredero al trono al morir el hijo de Moctezuma, ya que los otros hijos, como comentaba Cortés en la Segunda Carta de Relación, «el uno dicen que es loco y el otra perlático». Otro de los hijos de Moctezuma, Oxoactzin, fue ejecutado por Cuitláhuac para que no hubiese entendimiento con los españoles.

Es posible que el hijo loco y el hijo perlático también fuesen ejecutados. Así, antes de morir Moctezuma, el consejo de los aztecas (Tlahtocan) eligió como nuevo huey tlatoani a su hermano Cuitláhuac, dispuesto a luchar contra los españoles. Por eso cuando salió Moctezuma a pedir la calma del pueblo no sería escuchado, pues ya no era tlatoani, es decir, ya no tenía la palabra y por tanto no le podía hablar a su pueblo al no estar capacitado para hablar con los dioses; ya no era el gran portavoz (uno de los significados de la expresión huey tlatoani).

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