- La noche triste
Ante el desastre, Cortés se vio obligado a huir de la ciudad porque su ejército estaba siendo destruido por los aztecas. Aunque éstos intentaron impedir la huida desmontando los puentes de los canales de la ciudad, pero Cortés usó las vigas del palacio de Axaycátl e improvisó con ello unos puentes portátiles.
Y así pudo salir de Tenochtitlan la noche del 30 de junio de 1520, al precio de la muerte de cientos españoles y un gran número de aliados tan elevado que el caudillo español pensaba que se había acabado su alianza. Entre las bajas estaba el capitán Juan Velázquez de León, que fue fiel a Cortés a pesar de ser pariente de Diego Velázquez.
Cortes saldría con una herida en la mano. Además de muchas vidas y de costar muchos heridos, también se perdieron gran cantidad de piezas de artillería y de caballos, y buena parte del tesoro que se transportaba.
Esa noche lluviosa del 30 de junio al 1 de julio de 1520 pasaría a la historia como «la Noche Triste». Cortés lame sus heridas y llora por su derrota, que parecía definitiva. Pero eso sólo fue una apariencia falaz.
Según Cortés, en la Noche Triste murieron «ciento cincuenta españoles, cuarenta y seis yeguas y caballos y más de dos mil indios». Pero es admitido que murieron entre 400 y 600 españoles y más de 2.000 tlaxcaltecas.
En octubre de 1520 se escribió la Carta del ejército de Cortés al emperador, en la que se culpaba a Pánfilo de Narváez de la derrota en Tenochtitlan: «[…] nombrándose e intitulándose de teniente, e gobernador, e capitán general en estas partes por el dicho Diego Velázquez, en mucho perjuicio de su jurisdicción real, e alborotando e escandalizando a los Indios naturales de estas partes, diciéndoles, como les decía e hacía entender a todos los que lo iban a ver, que él era el capitán e justicia mayor, e no el dicho Hernando Cortés; e no contento con lo susodicho, dijo e publicó a muchos Indios señores de tierras que venían a verlo de las dichas ciudades, que venía a prender al dicho capitán general Hernando Cortés e a muchos de nosotros que con él estábamos, e a soltar a Motuezuma» (citado por Iván Vélez, La conquista de México, La esfera de los libros, Madrid 2019).
Un tlaxcalteca guió a los españoles por Tacuba, rodeando el lago por el norte. El 7 de julio los aztecas atacaron a los españoles (unos 400 hombres) y sus aliados en Otumba, pero los españoles son capaces de resistir e incluso vencer. Aunque en su Segunda Carta de Relación Cortés reconocía que aquella batalla parecía ser «el último día de nuestros días».
La victoria en esta batalla se debió a que al matar al cihuacóatl Matlatzincatzin (el capitán principal de los aztecas) los demás guerreros se dispersaron y huyeron desordenadamente. Sería Juan de Salamanca el que tuvo la gloria de matar de una lanzada al cihuacóatl. Aquella noche los españoles la pasaron en Apan.
Tras la Noche Triste, los tlaxcaltecas pudieron deshacerse de los españoles, pero hicieron todo lo contrario ofreciéndoles previsiones y cobijo en Tlaxcala, con la consecuente obtención de prebendas y privilegios que obtuvieron tras la conquista de Tenochtitlan. La persistencia de los tlaxcaltecas con los españoles se debió en buena medida a la supervivencia de la hija de Xicoténcatl, Doña Luisa. El cacique Maxixcatzin murió a causa de la viruela, pero la supervivencia de Xicoténcatl el viejo y Chichimecatecle garantizaban la alianza. Al morir Maxixcatzin Cortés decidió entregar a su hijo de 12 de años el poder de su padre, aunque sería convertido al cristianismo y bautizado como Lorenzo Magiscacin. Xicoténcatl también fue bautizado y empezaría a llamarse Don Lorenzo de Vargas. Con estos bautismos Tlaxcala entraría en el orbe cristiano.
Mientras tanto, en Tenochtitlan había una epidemia de viruela al morir mucha gente en un corto período de tiempo. Se trataba de una enfermedad desconocida en América. Asimismo el hambre hizo estragos en la ciudad.
Cuitláhuac ordenó la reconstrucción del Templo Mayor. Asimismo, reorganizó el ejercicio y lo ordenó trasladar hacia el valle de Tepeaca. En noviembre de 1520 Cuitláhuac murió de viruela. Cuauhtémoc, sobrino de Moctezuma, que había participado como jefe de armas en la batalla que para los españoles fue la Noche Triste, sería nombrado el siguiente tlatoani, y continuó con las obras de reconstrucción y fortificación de la ciudad, ya que preveía -como ocurrió- el regreso de los españoles y sus aliados. Solicitó la alianza de los otros pueblos a los que prometió retirar el tributo. Hay que tener en cuenta que Tenochtitlan era una ciudad cuyo orden impuesto sobre las demás tribus dependía íntegramente de los tributos. Tenochtitlan se estaba abasteciendo desde la costa oriental, cosa que Cortés vio que había que evitar.