Los otros invasores

Los otros invasores. María Cristina Manchado

Lo que a día de hoy vivimos en España es una auténtica invasión. Nuestros invasores, de capital extranjero, llegan camuflados bajo la capa de fondos de inversión y grandes multinacionales que buscan apropiarse de nuestros suelos agrícolas y de nuestro territorio de forma indiscriminada a lo largo y ancho de España, todo ello bajo la excusa de las energías verdes y la sostenibilidad.

La continua propaganda ecologista de buenismo ilimitado acabará, paradójicamente, con lo más tradicional que existe: el campo.

Un objetivo más de la Agenda 2030, respaldado por las políticas que se dictan desde la Unión Europea. Con un marketing impecable y unas cifras maravillosas, dan gato por liebre a muchos propietarios. Algunos caen en sus garras, mientras otros se aferran a la tierra que trabajaron sus padres, sus abuelos y sus antepasados, porque mejor que nadie saben que la tierra no es solo un negocio.

A su vez, el Gobierno nacional (que de nacional tiene poco) cumple a rajatabla las consignas que le dictan, sin apenas cuestionarlas, apoyando de forma indiscriminada a los nuevos señores feudales: las multinacionales. Una analogía que inevitablemente nos recuerda al gran capital frente al proletario, cada día más esclavo de las decisiones tomadas en despachos que apenas pisan el mundo rural.

Es el pueblo contra los gobiernos.

Una ejemplar lección de valentía ha dado un pueblo del Pirineo aragonés: Benasque. Desde el mismo momento en que me enteré de la noticia puse todos mis sentidos en comprender qué estaba pasando. No es fácil borrar más de seiscientos años de raíces genealógicas que corren por la sangre de una servidora. Siempre están presentes nuestros antepasados. Ellos pensaban en quienes vendrían detrás, en una época en la que la esperanza de vida era mucho menor, marcada por las enfermedades, los malos alumbramientos y las guerras.

Hoy vivimos otra clase de crisis. Una de inestabilidad permanente, donde el relativismo parece envenenarlo todo. Estamos inmersos en una batalla psicológica constante y, aunque vivimos más años, en ocasiones también morimos de otra manera: alejándonos de nuestra esencia, de la fuerza del colectivo y del concepto de familia.

Benasque es el pueblo de mi abuela materna, el lugar sobre el que crecí escuchando cientos de historias. Por eso, lo que allí sucede no me es extraño.

Este pequeño municipio de espectaculares paisajes, que da nombre al valle, está formado por Benasque, Anciles y Cerler.

En septiembre de 2025 saltó la noticia de que la empresa Matrix Renewables proyectaba instalar en pleno valle dos macroplantas de almacenamiento de energía mediante baterías de litio. Una de ellas, denominada Perdiguero, se ubicaría a escasos cincuenta metros del núcleo de Anciles y a apenas dos kilómetros de Benasque; la otra, Visenta, en el término municipal de Sesué. Cada instalación estaba prevista con una potencia de 100 MW y, en el caso de Anciles, contemplaba una subestación eléctrica y unos 110 contenedores de baterías. Un proyecto de enormes dimensiones que suponía una agresión brutal al paisaje y al medio ambiente, difícil de asumir para un valle cuya mayor riqueza es, precisamente, su naturaleza.

Desde el minuto 0, los benasqueses y, especialmente, los vecinos de Anciles, por ser los más perjudicados, salieron a la calle. Pancartas pintadas a mano en todos los balcones, una campaña ejemplar en redes sociales, recogidas de firmas, concentraciones y alegaciones unieron a todo el valle. El alcalde, junto con los ayuntamientos afectados, se mantuvo firme desde el primer día y se negó a aceptar lo que consideraban una auténtica barbaridad para el futuro del territorio. La Comarca de La Ribagorza, la Diputación Provincial de Huesca y numerosas asociaciones vecinales y ecologistas acabaron respaldando esa oposición en defensa de un modelo basado en el turismo de naturaleza, la ganadería y la conservación del paisaje.
Es en junio de este año cuando se consigue una resolución desfavorable desde el Ministerio para la Transición Ecológica y se archiva el proyecto.

Y quizá esa respuesta no sea fruto de la casualidad.

Los benasqueses llevan en el ADN el carácter de los personajes ilustres que ha dado su tierra. Es un valle de clima duro y de difícil acceso, donde se originó la Reconquista, como en Asturias. Su condición fronteriza y la presencia de familias infanzonas como los Bardaxí, Cornel, Azcón, Barrau y, especialmente, los Ferraz ayudan a entender ese espíritu de resistencia que todavía hoy caracteriza al valle. La cultura benasquesa del trabajo, la austeridad, el cuidado de la tierra, del ganado y del patrimonio dio algunos de sus mejores frutos en hombres que marcaron la historia de la nación.

Uno de ellos fue Antonio Cornel y Ferraz. Su vida es un ejemplo de cómo aquellos valores eran una forma de entender el servicio a la patria. Mucho antes de la Guerra de la Independencia ya había desarrollado una brillante carrera militar. Combatió en América junto a Bernardo de Gálvez, luchó contra la Francia revolucionaria durante la Guerra del Rosellón y llegó a ocupar el cargo de ministro de Guerra durante el reinado de Carlos IV.

Cuando Napoleón invadió España en 1808, Antonio Cornel se encontraba en Zaragoza participando en la defensa de la ciudad durante el Primer Sitio, uno de los episodios más heroicos de la resistencia española frente al ejército francés. Más tarde formó parte de la Junta Central Suprema, colaborando en la organización política y militar de la resistencia. También fue enemigo declarado de Manuel Godoy, convencido de que el interés de España debía situarse por encima de cualquier ambición personal.

Más de doscientos años después, la historia vuelve a dejarnos una representación cargada de simbolismo. La calle Ferraz de Madrid, donde hoy se encuentra la sede del partido que gobierna España, lleva el nombre del benasqués Valentín Ferraz, sobrino de Antonio Cornel. También ejemplar militar que luchó contra la invasión napoleónica, llegando a ocupar la Presidencia del Consejo de Ministros y, años después, la Alcaldía de Madrid.

No deja de ser una contradicción que una calle dedicada a quienes defendieron España de un invasor extranjero sea hoy el escenario político desde el que se respaldan decisiones que muchos ciudadanos consideran perjudiciales para el mundo rural y para territorios como el Valle de Benasque.

Las élites quieren decidir por ti… Hoy se sientan en consejos de administración y facilitan el trabajo a fondos de inversión y grandes proyectos que prometen futuro mientras transforman para siempre los pueblos de España.

Nuestros antepasados lucharon para impedir la invasión del enemigo. Esa era su lucha. La nuestra quizá sea otra, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿Quienes deciden sobre nuestro país y en beneficio de quienes?

Nuestros antepasados no están muertos. Viven en nuestro espíritu, en nuestra forma de entender la tierra y en la obligación moral de defender aquello que ellos nos dejaron. Un pueblo que olvida de dónde viene acaba aceptando la derrota.

Hoy y siempre, defendamos el campo.

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