¿Qué es negrolegendario?

¿Qué es negrolegendario?

Hay palabras que sirven para describir una posición política y otras que permiten descubrir el método intelectual que se esconde detrás de ella. Negrolegendario pertenece a esta segunda categoría. No designa simplemente a quien critica a España, ni mucho menos a quien señala episodios oscuros de nuestra historia. Designa una forma particular de construir el relato histórico: aquella que exagera sistemáticamente lo negativo y omite, minimiza o descontextualiza aquello que podría contradecir la imagen previamente establecida.

En la tradición filosófica vinculada a Gustavo Bueno, esta operación ha sido denominada metodología negrolegendaria. Su mecanismo fundamental puede resumirse en dos operaciones: exageración y omisión. (La Leyenda Negra de Daniel Miguel López Rodríguez) Y esta distinción resulta fundamental, porque combatir la Leyenda Negra no consiste en sustituirla por una Leyenda Rosa.

Ni leyenda negra ni leyenda rosa

España conquistó, combatió, sometió poblaciones, explotó recursos y participó en guerras. Negarlo sería tan poco histórico como exagerarlos. El problema comienza cuando esos acontecimientos dejan de analizarse dentro de las coordenadas políticas de su tiempo y pasan a convertirse en atributos esenciales de España.

El negrolegendario no dice solamente que determinados españoles cometieron atrocidades. De manera explícita o implícita termina sosteniendo algo mucho más profundo: que España fue especialmente cruel porque había algo particularmente cruel, fanático, atrasado o intolerante en la propia constitución histórica española. Ahí aparece la leyenda. Porque una cosa es estudiar críticamente la conquista de América, la Inquisición, las guerras europeas de la Monarquía Hispánica o la expulsión de determinadas minorías; y otra muy distinta construir a partir de esos acontecimientos una esencia metafísica llamada «España» caracterizada por la intolerancia, el oscurantismo y la barbarie.

La crítica histórica compara. La propaganda selecciona.

La asimetría negrolegendaria

La característica más reveladora del negrolegendarismo no está siquiera en aquello que cuenta, sino en aquello con lo que decide compararlo. Una misma conducta histórica puede recibir valoraciones radicalmente diferentes dependiendo del sujeto político que la protagonice.

La expansión territorial española se convierte en imperialismo; la de otras potencias como la inglesa se presenta como expansión comercial.

La evangelización española aparece como destrucción cultural; determinadas políticas culturales de otros imperios como la aniquilación de los indios de norteamérica apenas reciben atención.

Las guerras españolas son fruto del fanatismo; las guerras de sus adversarios responden a intereses geopolíticos perfectamente comprensibles.

Los defectos españoles adquieren dimensiones universales mientras que los defectos equivalentes de ingleses, franceses, holandeses o alemanes se explican mediante sus circunstancias históricas.

Esta asimetría es precisamente una de las características atribuidas a la metodología negrolegendaria: exagerar los defectos del objeto que se pretende desacreditar mientras se atenúan, omiten o contextualizan los de sociedades políticas comparables. Por eso el negrolegendarismo no consiste necesariamente en inventar hechos. Puede operar utilizando hechos verdaderos. Su manipulación puede encontrarse en la selección, la escala, el contexto y la comparación.

La historia como campo de batalla

La Leyenda Negra tampoco puede comprenderse únicamente como un error académico. Los relatos históricos nacen y circulan dentro de sociedades políticas enfrentadas. Los imperios no combatieron únicamente mediante ejércitos. Combatieron también mediante mapas, sermones, grabados, libros, panfletos y relatos. Las potencias rivales de la Monarquía Hispánica tenían razones políticas para presentar a España como fanática, sanguinaria y tiránica. La propaganda formaba parte de la propia dialéctica entre Estados. Lo extraordinario es que determinadas imágenes construidas durante aquellas luchas sobrevivieran durante siglos a las circunstancias que las originaron. De ahí que la Leyenda Negra no deba entenderse simplemente como una colección de mentiras. Es algo más complejo: una estructura interpretativa capaz de reorganizar acontecimientos reales hasta hacerlos encajar en una imagen previamente determinada de España.

La cuestión deja entonces de ser si ocurrió o no ocurrió determinado acontecimiento. La pregunta correcta pasa a ser:

¿Por qué este acontecimiento se selecciona, cómo se interpreta y con qué acontecimientos equivalentes se compara?

El negrolegendario español

Pero existe una paradoja todavía más interesante. El negrolegendario no tiene por qué ser extranjero.

La Leyenda Negra puede ser interiorizada por los propios españoles hasta convertirse en una forma de interpretar su historia. De hecho, una propaganda exterior alcanza probablemente su mayor éxito cuando deja de necesitar propagandistas extranjeros porque ha conseguido que los habitantes del país afectado reproduzcan espontáneamente sus categorías. Aparece entonces una especie de culpabilidad histórica retrospectiva: España comienza a contemplar su propio pasado utilizando categorías elaboradas muchas veces por quienes fueron sus adversarios históricos. Desde esta perspectiva, el negrolegendario español puede imaginar que está realizando un ejercicio de extraordinaria independencia intelectual cuando, en realidad, reproduce esquemas heredados.

España sería una anomalía. Europa representaría la normalidad. España habría sido intolerante frente a una Europa tolerante; atrasada frente a una Europa ilustrada; imperialista frente a unas potencias supuestamente comerciales; fanática frente a sociedades racionales.

Pero basta introducir la comparación histórica para que muchas de estas oposiciones comiencen a desmoronarse.

El error del presentismo

A la metodología negrolegendaria se añade frecuentemente otro mecanismo: juzgar sociedades de hace cuatrocientos o quinientos años mediante categorías morales y políticas construidas en el presente.

El procedimiento resulta intelectualmente cómodo. Primero se extrae un acontecimiento de las circunstancias históricas en las que ocurrió. Después se le aplican conceptos contemporáneos y finalmente se condena al pasado por no haber pensado como nosotros. Pero la Historia no es un tribunal moral situado fuera del tiempo. Los hombres del siglo XVI pertenecían al siglo XVI.

Esto no significa justificar cualquier comportamiento. Significa algo mucho más elemental: para explicar históricamente una institución hay que reconstruir las condiciones que hicieron posible su existencia. De lo contrario dejamos de hacer Historia y comenzamos a fabricar moral retrospectiva.

España como Imperio generador

La crítica de Gustavo Bueno a la visión negrolegendaria está además relacionada con su distinción entre imperios depredadores e imperios generadores. La importancia de esta distinción consiste precisamente en impedir que todos los imperios sean reducidos a una misma categoría abstracta.

Un imperio generador no deja simplemente territorios explotados. Tiende a reproducir en ellos estructuras políticas, jurídicas, urbanas, educativas, religiosas y administrativas capaces de incorporarlos al espacio imperial.

Desde estas coordenadas, la América española no puede reducirse a una operación de saqueo. La construcción de ciudades, universidades, hospitales, audiencias, cabildos, caminos, instituciones jurídicas y estructuras políticas forma parte también del proceso histórico. Omitir todo esto mientras se seleccionan exclusivamente matanzas, abusos y explotación constituye precisamente el procedimiento negrolegendario.

Pero también sería absurdo recorrer el camino inverso y hablar únicamente de universidades, hospitales y ciudades ocultando guerras o violencia. Eso sería rosalegendarismo. Y metodológicamente cometería el mismo pecado.

Criticar no es descalificar

Aquí encontramos probablemente la diferencia decisiva. La crítica auténtica distingue, clasifica, compara y relaciona. El negrolegendarismo descalifica.

España no necesita que nadie afirme que todo cuanto hizo estuvo bien. Esa sería una defensa infantil de nuestra historia. Lo que necesita es exactamente lo contrario: abandonar tanto el complejo de inferioridad como la autocomplacencia.

Una nación políticamente adulta puede estudiar sus victorias y sus derrotas, sus grandezas y sus miserias, sin convertir ninguna de ellas en una esencia eterna. Por eso combatir el negrolegendarismo no significa pedir indulgencia para España. Significa exigir simetría histórica. Si vamos a juzgar imperios, comparemos imperios. Si vamos a estudiar inquisiciones, estudiemos los mecanismos de persecución religiosa existentes en sociedades comparables, por ejemplo las de origen protestante. Si hablamos de conquista, comparemos conquistas. Si hablamos de esclavitud, estudiemos sus diferentes formas, protagonistas y épocas. Y si hablamos de violencia, no hagamos desaparecer la violencia de los adversarios para convertir únicamente la española en categoría histórica universal.

¿Qué es, entonces, un negrolegendario?

Negrolegendario es quien, consciente o inconscientemente, interpreta determinados procesos históricos mediante una metodología basada en la selección asimétrica de los hechos, magnificando aquello que confirma una imagen negativa y reduciendo u omitiendo aquello que podría cuestionarla. No es negrolegendario quien critica a España. Puede serlo quien sólo sabe explicarla desde la culpa. Puede serlo quien las convierte en atributos exclusivos de España mientras contextualiza las cometidas por los demás.

No es negrolegendario quien desmonta mitos nacionales. Puede serlo quien desmonta únicamente los españoles mientras acepta como historia objetiva los mitos construidos por otras naciones. El negrolegendarismo es, en definitiva, una forma de antihistoria, porque sustituye la comparación crítica por una narración previamente orientada.

España no necesita una Leyenda Rosa que sustituya a la Leyenda Negra. Necesita Historia. Y hacer Historia significa precisamente aquello que el negrolegendario procura evitar: comparar lo comparable, contextualizar los acontecimientos y explicar antes de condenar.

Porque entre la España infernal imaginada por unos y la España inmaculada soñada por otros se encuentra algo mucho más interesante:

la España que realmente existió.

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