Regalos te da la vida

Regalos te da la vida. Axel Seib

En realidad, la letra de la canción no era con «regalos», eran con «sorpresas», pero en el caso del expresidente Rodríguez Zapatero, ambas están tan ligadas que se podrían intercambiar y el resultado sería el mismo.

Es el mismo resultado porque, sean regalos o no, para Hacienda y para Patrimonio Nacional son una sorpresa enorme. Se trata de un tema poco tratado dentro de todos los debates y tertulias sobre el caso que protagoniza el afamado ZP. Puede que potencialmente el presunto tráfico de influencias, los supuestos chanchullos y trabajos relacionados con el rescate de Plus Ultra, junto a las dudas sobre la agencia de sus hijas, sean mucho más graves. Eso es cierto. Pero entre tanta suposición y debate entre forofos y opositores, se pierden ciertos hechos que, ya de por sí, son graves y bastante más obvios. A veces podríamos pensar que la maraña de posibles, supuestos y presuntos por un lado y otro son una cortina para tapar y emborronar hechos bastante concretos y con poca justificación.

Si esas ya famosas joyas de valor más que elevado fueron un regalo de alguna clase de jeque o autoridad árabe o del Oriente Próximo por allá en 2007, sin entrar en discusión sobre normativas aprobadas en uno u otro año, la cuestión es que deberían haber sido registradas en el listado de regalos recibidos por el presidente. Y de los 545 registrados, ninguno parece hacer referencia a esas joyas. Eso sería así si tal regalo lo hubiera recibido en condición de presidente del Gobierno español, como hasta el momento parece. Y esa circunstancia, unida al valor del regalo, habría supuesto que el registro de las joyas y su paso a propiedad del Estado habría sido directo. Cosa que no sucedió.

Pero antes de asumir que se hizo algo muy irregular, vamos a suponer que tal regalo lo aceptó a título personal. Aunque sería difícil de imaginar que, sin su condición de presidente o expresidente, hubiera podido recibir tal muestra de atención. Aceptemos, pues, que fue un regalo personal porque Zapatero es muy dicharachero e hizo migas fuera de cauces oficiales e institucionales. En esa circunstancia es posible que no tuviera que registrarlo ni cederlo al Estado. Pero yo diría que cualquier hijo de vecino y, muy especialmente, alguien que ha tenido los hilos del Estado, debería declarar tales regalos, ya sea aplicando el Impuesto de Sucesiones y Donaciones o en la declaración del propio patrimonio que todos tenemos que hacer. Que esas joyas no tengan, de momento, trazabilidad alguna genera sospecha sobre su origen. Pero el caso evidente es que no fueron declaradas de ninguna forma y no había amago de intención.

Sí, puede que el expresidente lo fuese dejando porque estaba ocupado con reuniones; con los años uno procrastina mucho más. Si los brotes verdes se hicieron de rogar, no iba a ser menos el autor de tal optimista afirmación. Pero la procrastinación nunca supuso perdón alguno para el español común. Hacienda ni olvida ni perdona. Aunque Zapatero debió de pensar que, al tener los socialistas tan poco y dar tanto, las leyes no iban con él o ya había cumplido con creces. Es más, puede que considerase que dentro de una caja fuerte las joyas dejan de ser patrimonio y no hay nada que declarar: una especie de versión acaudalada del «si no lo veo, no es ilegal». Aunque tampoco dudo que, conociendo la

inigualable capacidad del expresidente para aprender economía en dos tardes, quizás todo el tema de las joyas haya sido un ensayo de física: las joyas de Schrödinger.

Puedo entender que muchos lectores crean que mis suposiciones sobre su olvido son sátira. Y sí, lo son. Pero también son las opciones que debe barajar todo el club de fans del expresidente para justificar tal vergüenza. El hecho parece claro, así que la única opción es buscar excusas en que el autor sea tonto o ingenuo. Porque la opinión pública perdona antes a un necio que a un malvado. Aunque haber votado a un necio como presidente no habla muy bien de nadie.

Ingenuo, despistado o necio, legalmente, si el caso es como parece, no tiene forma de salvarse. Si un padre haciendo un Bizum a su hijo para que pague el alquiler ante la miserable situación laboral y de vivienda es un caso para Hacienda, no podemos tener el estómago de justificar ciertas conductas por mucho talante que aparenten.

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