Reseña de «Los toros, transgresión contracultural»

Reseña de "Los toros, transgresión contracultural". Iván Vélez

Título: “Los toros, transgresión contracultural”

Autor: Fernando José Fernández-Guerra Fernández

 

El número de corridas de toros celebradas en España durante las últimas tres temporadas supera ampliamente las que se dieron en 1978, año que para muchos supone la entrada de España en la modernidad, pues es en el que se aprobó la actual Constitución. El dato puede sorprender, pues ese año, e incluso los anteriores, la Fiesta Nacional, tan identificada con el franquismo, estuvo presente en más ocasiones que en un presente que trata de borrar toda huella simbólica de aquel tiempo. Para añadir rigor a la comparativa ha de tenerse en cuenta que desde 2012, las corridas de toros, no así otros festejos taurinos sin muerte, está prohibidas en Cataluña, páramo taurino entre el resto de España y el muy torista sur de Francia. La conclusión es evidente: la tauromaquia sigue despertando un gran interés a pesar de la elevación del nivel de exigencia legal, que encarece los festejos hasta, en ocasiones, hacerlos inviables, y a una creciente hostilidad ideológica proveniente de posiciones animalistas.

La pasada Feria de San Isidro ha contado con 31 festejos taurinos y una asistencia media del 95% de espectadores que casi han llenado a diario las 23.798 localidades de Las Ventas. Entre ellos, en dos ocasiones, el que suscribe. En la segunda de ellas, en pleno tendido 7, cayó en mis manos el ensayo de Fernando José Fernández-Guerra Fernández, Los toros, transgresión contracultural (Fund. Foro Jovellanos del Principado de Asturias, Gijón 2025).

La obra, breve, se abre con una serie de capítulos que van describiendo la evolución de la tauromaquia, o lo que es lo mismo, el curso de lo que, andando el tiempo, se convirtió en una ceremonia estrictamente reglada. Subrayo el término «curso» porque el libro de Fernández-Guerra incorpora la secuencia núcleo-cuerpo-curso propios de una teoría esencial. Y ello, porque el autor fue alumno de Gustavo Bueno, cuyo influjo se percibe en una obra en la que Fernández-Guerra, gran conocedor del arte de Cúchares, no reprime su pasión taurina.

El esquema esencial lleva al autor a referirse a la relación, envuelta en mitos y en religiosidad primaria, entre el toro y el hombre. De la progresiva dominación de los animales escapan, por su particular bravura, algunos toros alrededor de los cuales irá cuajando un cuerpo ceremonial que siempre es preámbulo de una muerte que no es ejecución. Una muerte que es pública y que, por eso mismo, se convirtió en un espectáculo sujeto a los vaivenes de una sociedad dinámica. Un espectáculo que, por enfrentar a hombres y animales, ha suscitado profundas controversias. Si en el pasado la Iglesia se opuso a las corridas de toros por la exposición a la muerte de la que eran objeto los lidiadores, en el presente, la abolición ha cambiado de bando. Se trata de proteger al toro de aquellos a los que se llega a calificar de «asesinos», humanizando de este modo a un burel al que se le pretenden otorgar derechos.

Aunque Fernández-Guerra se duele de los problemas por los que atraviesa una fiesta amenazada, en el propio libro se encuentran argumentos para la defensa, para la pervivencia de la tauromaquia. Argumentos aparejados a un poderoso mito, el de la Cultura que, a modo de quite, se han empleado desde las filas taurinas para buscar amparo, para refugiarse en una suerte de burladero ideológico. Los toros, acusados con grosera simplicidad de ser una tortura, son, en efecto, cultura. Sin embargo, su pervivencia probablemente venga desde el ámbito de lo que se ha venido en llamar «contracultura». Es decir, desde posiciones que combaten los postulados bendecidos como políticamente correctos, que Fernández-Guerra concentra de este modo:

La muerte real mostrada en público con toda su crudeza y carga emocional, adornada con elementos éticos y estéticos y ofrecida en un espectáculo fuertemente reglamentado, constituye otra singularidad en los tiempos actuales.

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