Reseña del libro “Marea roja”

Título: “Marea roja”

Autor: Gustavo Martín Asensio

Editorial: Espasa, 2026. 400 páginas


Se trata de un trabajo novedoso y con vocación polémica que ya se había publicado en el Reino Unido bajo el título “The Comintern in Spain before the Civil War, Red Tide Rising” (Londres, Bloomsbury Academic, 2024). La presente edición, traducida al español por Albino Santos Mosquera, es del sello Espasa, con el descriptivo subtítulo de “La estrategia revolucionaria soviética en la España de la Segunda República”.

El autor (Gustavo Martín Asensio, Madrid, 1964) es un lingüista y filólogo clásico, con el grado de doctor por la Universidad de Surrey (Reino Unido), que además tiene una amplia experiencia en el ámbito de las telecomunicaciones. Su posicionamiento en ambos campos le ha facilitado la tarea de acceder a distintos archivos y repositorios documentales de fuentes primarias de los años treinta del pasado siglo que nutren la obra aquí comentada; siendo ésto, a mi entender, lo que ha propiciado, como veremos, la mayor novedad y relevancia de este trabajo historiográfico.

Así, tales conocimientos han permitido al autor explotar las fuentes primarias soviéticas, tanto de la Comintern como de otros archivos rusos, ya sea el Archivo Estatal Ruso de Historia Sociopolítica (RGASPI), el de la Sociedad Histórica Rusa o el de la Agencia Archivística Federal de la Federación Rusa, que incluye un fondo específico de la Comintern, así como el del Comité Internacional para la Infomartización de la Comintern (IMCOMKA, que incluye fondos de la Biblioteca del Congreso USA).

Maneja asimismo los fondos del PANDOR, portal de Archivos digitales y de investigación francés, que contiene referencias de la Comintern, en particular las desencriptaciones de comunicaciones internas de la Comintern, realizadas en el periodo de entreguerras por los servicios de información británicos, obrantes en los Archivos Nacionales británicos (TNA). Como también ha manejado fondos del Archivo Histórico del PCE, del Partido Laborista británico y del Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, entre otros.

En cuanto a las referencias bibliográficas, destacan las norteamericanas, país en el que, por razones evidentes, interesan las políticas de la Comintern. Por otra parte, también maneja Gustavo Martín Asensio obras de autores alemanes, británicos y franceses. La particularidad de este trabajo que se comenta es centrarse en el caso español, pues las obras de referencia en inglés suelen tocar sólo de manera secundaria su incidencia en España (por todas, la ya clásica de Stephen Koch, “Double Lives: Stalin, Willi Münzenberg, and the Seduction of the Intellectuals”, con traducción española, “El fin de la inocencia”).

Ese interés norteamericano por la política exterior soviética y el papel de la Comintern en los conflictos europeos de entreguerras apenas fue correspondido por los historiadores españoles, si exceptuamos los trabajos de Juan Linz o del hispanista Stanley G. Payne, que estudiaron algunos casos de otros países europeos, por lo que la obra que comentamos es una autentica novedad. Ello no impide reconocer que autores como Bizcarrondo y Elorza, Preston y otros sí han hecho un uso parcial de los archivos abiertos de la época soviética, pero, como sostiene Martín Asensio, tal uso resulta manifiestamente limitado, ya que en los referidos archivos, junto a los documentos de la Comintern a los que preferentemente se refieren esos autores, destinados al público con finalidades claramente propagandísticas,  suelen aparecer otros conteniendo directrices orgánicas para los dirigentes de los partidos que implican la coexistencia de varios planos en la política de la Comintern: legal, para legal e ilegal. La descripción de estos hechos es el referido aspecto de voluntad polémica que se aprecia lo largo del libro aquí comentado.

Para apreciar el entorno en el que se enmarca el trabajo de Martín Asensio, considero relevante la referencia que hace a Martin Conway y Peter Pomijn en el epígrafe «El puño de hierro de la revolución: preparativos para la insurrección armada», del Capítulo 1, «La movilización de todas nuestras fuerzas». En la misma Martín Asensio aduce que estos autores consideran que el periodo estudiado se caracteriza en Europa por la convivencia de «múltiples y contradictorios puntos de vista sobre la fuente y la naturaleza del gobierno legítimo», de ahí que «el tirón del comunismo soviético entre importantes sectores de la población debía mucho a la legitimidad alternativa que propugnaba».

Se corresponde este capítulo con los cambios en la estrategia de la Comintern en su VII Congreso de julio-agosto de 1935, en el que se inicia la política de Frentes Populares calificados de antifascistas, pasando a potenciar unas redes o «telarañas» semi legales o clandestinas en las que el papel de la parte comunista aparece con frecuencia camuflada. La estructuración de la obra se centra en estas redes, lo que permite delimitar las mismas sin necesidad de seguir una pauta cronológica, ya que se superponen, al funcionar en planos distintos de forma coordinada.

En otro capítulo se trata la movilización de las masas en España y en el extranjero por la victimización de la represión posterior a Octubre del 34, centrando la movilización, como «banderín de enganche» emocional, en los emigrados, los presos, y fallecidos, así como sus hijos («¡salvemos a los niños!»). Este banderín funcionaría así como leitmotiv movilizador hasta la mismas elecciones del 36, como es bien conocido.

El estudio de la penetración ideológica lo centra en la política editorial seguida en España por la red especializada de la Comintern, el Redizdat, fijando el estudio en la Editorial Europa-América, creada para difundir las obras no sólo políticas de autores marxistas sino también de otras literarias de la misma corriente de pensamiento. Es llamativo que entre obras en volumen y folletos se hayan impreso más de millón y medio de ejemplares en el periodo enero a julio de 1936, lo que es una cifra sorprendente en un país como España.

Estimo que el capítulo más revelador de la acción de la Comintern en España durante los años 30 es el referido al ámbito militar, ya que los documentos manejados por el autor dejan a la vista cómo la política seguida en España, alentada por el intento revolucionario español de 1917 (recuérdense las Juntas de Defensa), generó en la Comintern unas expectativas sólo comparables a las depositadas en el caso francés. El objetivo se centraba en la penetración en las Fuerzas Armadas con la finalidad de corte leninista de propagar en las mismas el «derrotismo revolucionario», al considerar que toda la oficialidad era fascista, ¡incluso cuando no había fascistas en España y, hasta que en 1935 se implantó la política frente populista, la propia Comintern tildaba a los socialistas de «socialfascistas»!

Este capítulo militar («Alumnos estrella»), seguido en paralelo, como la propia Comintern, con el ejemplo francés estudia la presencia de comunistas españoles en la academia militar soviética para militantes destacados de los partidos de la Comintern, con la presencia de comunistas españoles que aflorarían nada más iniciarse la Guerra Civil, y también con el encuadramiento obligatorio de los militantes tanto políticos como infiltrados en los sindicatos, pero fundamentalmente en las Juventudes socialistas, luego unificadas, en las denominadas Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), instruidas por militares en activo.

Un dato digno de resaltar es que tal conjunción de afiliados (del partido, los sindicatos y las juventudes) supone un contingente de personal encuadrado militarmente muy superior a la manida irrelevancia del PCE, al que sólo se atribuye un cierto peso a partir de las elecciones de febrero del 36. Este hecho se ratifica por la presencia de células comunistas en decenas de cuarteles en 1934, la publicación de la revista Soldado Rojo desde ese año, el primer «congreso» de células comunistas en las fuerzas Armadas celebrado en Madrid en enero de 1936 o la cancelación por el ministro Diego Hidalgo en el año 34 de unas maniobras militares al haberse detectado esa presencia en un elevado número de unidades. A esos datos cabe añadir, como posteriormente se comprobaría, la interceptación de mensajes en los buques de la Armada el 18 de julio del 36 o el relato que hace Manuel Tagüeña en sus memorias de los días 18 a 21 de julio, con el encuadramiento y dotación de armamento el mismo 18 de julio, así como la asunción del mando por los jefes de las MAOC, con la inmediata fijación de objetivos y tácticas militares.

Estos hechos no fueron correctamente evaluados por los servicios de información británicos al considerar exageradas las cifras aducidas en informes internos de los hombres en armas, pero, adicionalmente a lo ya expuesto, al comprobar la penetración comunista en los sindicatos CNT y UGT se aprecia la extensión del control. A manera de ejemplo, no hay más que buscar en las redes la contundente arenga del socialista asturiano Graciano Antuña, exiliado del 34, ante el VII Congreso de de la Comintern en Moscú, al que asistía como delegado del PSOE, en la que proponía la unidad política con los comunistas y la revolución mundial; posición que era asumida en esos momentos por gran parte de los propios socialistas y ugetistas, como consta por el escrito autógrafo del propio Graciano Antuña que se encuentra en los archivos del RGASPI .

En los últimos capítulos de la obra, el autor detalla la relevancia de ese entrismo sindical y estudia el control por parte de la Comintern de la Olimpiada Popular de julio de 1936 en Barcelona, ya que las asociaciones y federaciones deportivas también estaban penetradas por el PCE al servir de tapaderas para la instrucción militar. Estos aspectos muestran detalles curiosos, como la relevante participación de Esquerra Republicana, también penetrada por el PCE, y la sorprendente financiación del evento por el propio gobierno del Frente Popular («ellos pagaron nuestra Olimpiada»), pues había sido organizada para boicotear la berlinesa de las mismas fechas, dado que el dirigente comunista alemán Ernst Thälmann se encontraba en las prisiones de Hitler. Así pues, no es de extrañar que el mismo día 18 de julio de 1936 gran parte de sus componentes tomasen inmediatamente las armas en la lucha urbana que se desencadenó en Barcelona.

La conclusión de la obra , «Con medio pie en un régimen soviético», parte del informe de Jesús Hernández ante la dirección de la Comintern en mayo de 1936 que, junto con los documentos adjuntos al mismo, describe no sólo el desmoronamiento del Estado de Derecho en esos momentos sino también la oportunidad de desencadenar un proceso a imagen del soviético de hacía casi dos décadas implementando tácticas legales e ilegales, dado que el dirigente comunista español hacía gala del control de otras organizaciones, tanto políticas como sindicales, que, contrariamente a lo sostenido por la historiografía al uso, demuestra el mantenimiento de la estrategia revolucionaria del PCE en la primavera de 1936. En resumen, para el PCE, el país «había alcanzado la madurez revolucionaria».

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