El poder del dispositivo ideológico neoliberal, su intrusividad omnipresente, capaz de permear integralmente el imaginario general de la época y, por ende, subsumir bajo sí los dos cuadrantes de la Derecha y de la Izquierda, aflora claramente por la capacidad performativa con la que, en cualquier contexto, logra legitimarse a sí mismo deslegitimando cualquier experiencia distinta realmente existente o idealmente posible.