Viven entre nosotros. Los conocemos y vemos cada día. Podemos reconocerlos fácilmente. Sus andares, sus maneras, sus palabras y sus pretensiones. Hay abundancia de ellos en ciertos rincones de nuestra sociedad. Y no, no podemos decir que parezcan normales.
¿Debemos concluir, por tanto, que el sistema democrático resulta incompatible con la libertad de prensa? Probablemente no. La cuestión, más bien, consiste en preguntarse hasta qué punto es capaz de generar contrapesos efectivos frente al poder cuando éste termina por extender su influencia sobre las instituciones llamadas, precisamente, a limitarlo.
Hace un año éramos pocos los cenizos que creíamos que la guerra podía llamar a la puerta de nuestra casa, pero ahora la cosa ya pinta más basta y tenemos a Marruecos lanzándonos desheredados como quien lanza misiles
Lo que a día de hoy vivimos en España es una auténtica invasión. Nuestros invasores, de capital extranjero, llegan camuflados bajo la capa de fondos de inversión y grandes multinacionales que buscan apropiarse de nuestros suelos agrícolas y de nuestro territorio de forma indiscriminada a lo largo y ancho de España, todo ello bajo la excusa de las energías verdes y la sostenibilidad.
Querido lector que tienes la paciencia de leerme, en esta ocasión te recomiendo encarecidamente que lo hagas hasta el final, porque en este breve articulo te presento un plan perfecto para los sábados 8 y 22 de agosto: “Arévalo, Retablos Barrocos y San Juan de la Cruz”.
Con este reclamo Ricardo Guerra Sancho Cronista Oficial, nos convoca a la Cuarenta y una edición de las Visitas Nocturnas a Arévalo. Ya más de cuatro décadas en las que no se ha repetido ningún contenido, cada una es inédita.
Desde pequeño he normalizado vivir formando parte de minorías. Soy español en una Hospitalet que es cada vez menos española. Soy del Real Club Deportivo Español en una Barcelona donde no ser del Barça te excluye del relato oficial de la catalanidad. Y soy patriota en una Cataluña donde, hasta hace bien poco, eras repudiado por dos frentes: por un separatismo antiespañol y por un constitucionalismo rancio, acomodado y de despacho que hoy solo se viste con la bandera nacional por puro cálculo electoral.
Hoy, uno contempla a buena parte de esa izquierda, la nueva y la vieja, y la sensación es la de haber entrado por error en una convención de censores con pelos de colores, camiseta reivindicativa y certificado oficial de superioridad moral mientras viven alborozadas como pequeñas élites locales al servicio de los mercados y las grandes corporaciones globales.
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