La profesión farmacéutica constituye en España uno de los pilares más extensos, capilares y estables del sistema sanitario, no solo por su papel en la dispensación del medicamento, sino por su impacto asistencial, social, territorial y económico. En un momento de presión creciente sobre la atención primaria, envejecimiento poblacional y tensiones de acceso en múltiples servicios sanitarios, la farmacia española destaca por una fortaleza que pocas instituciones pueden acreditar: presencia permanente, accesibilidad inmediata y cobertura casi universal.