De profesión: parapeto

De profesión: parapeto. Axel Seib

Llego tarde al debate sobre la posición del gobierno español en la guerra en Irán, no lo voy a negar. Pero también es cierto que, al haber tenido semanas de margen, he podido —como cualquier otro español— evaluar dicha posición y su origen mucho más allá del mero interés inmediato que pueda tener Pedro Sánchez en relanzar su imagen copiando la táctica de Zapatero. Esperemos que el país no salga igual de mal parado que con ZP.

No voy a negar que la explicación más plausible y repetida es, realmente, que toda la posición de Pedro Sánchez se reduce a una confrontación forzada y absurda para recuperar credibilidad y cierta aura mesiánica ante su parroquia. Es más, el posicionamiento de su gobierno ha supuesto un daño a la derecha. Una derecha que no es el Partido Popular, pues en ese partido no hay dudas respecto a su atlantismo y apoyo a Israel. Podrán intentar desmarcarse de Trump y de Sánchez adoptando una posición contra Irán con un aire menos belicista, pero son capaces de cerrar filas y no resultar dañados por esta cuestión.

No es el caso de todos los que quedan a la derecha del PP. En dicha cuestión tienen una china muy importante en el zapato. Vox, seamos claros, es claramente una fuerza aliada de Israel y de Netanyahu. Su dirección, al menos, lo es. Y aunque se arguye falazmente que fueron financiados por «Irán», dicha vetusta financiación provenía de la oposición al régimen de los ayatolás. Pero el problema se encuentra en las bases y, seguramente, en puestos más elevados pero menos notorios. Pues un sector nada desdeñable de la derecha española encuentra en la OTAN, en el apoyo a Israel y en todo respaldo a los conflictos del dúo EEUU-Israel una traición a los intereses nacionales españoles, una vergonzante sumisión al imperialismo anglosajón y la más patente prueba de estar controlados por el sionismo. Y, permítanme la arrogancia de decirlo, es muy posible que tengan razón en un grado enorme. Del mismo modo que esa visión les acerca a la izquierda, aunque les duela en el alma.

Pero la cuestión es que en ese debate en el que la sociedad española se ha visto «obligada» a posicionarse por el interés de Pedro Sánchez en relanzar su marca personal, también se ha encontrado la mejor forma de frenar el crecimiento de la derecha con la táctica más vieja: la división. El divide et impera llevado a cabo por un señor que pensábamos que únicamente sabía aguantar el chaparrón por no tener reparos morales. Pero no, parece haberse sabido gestionar muy bien para volver al ruedo mientras detiene el crecimiento de su rival real. O tiene mejores asesores que su esposa, que también es posible. En cualquier caso, ha sacado mucho más que un simple rédito en su imagen. Ha debilitado, finalmente, a su contendiente. Un simple debate y posicionamiento oportunista de un gobierno acorralado ha servido para parar a la «extrema derecha». Bien por él. Mal para los demás.Y no lo digo por defender a ninguna fuerza política. Se trata del interés general. Pues el ego de Pedro y su ansia por mantener el poder y su imagen tienen más consecuencias que haber conseguido parar temporalmente el crecimiento de la derecha.

Sin entrar en debates sobre nuestro rol o interés nacional en estar o no en la OTAN (porque el hecho consumado es que estamos dentro), es difícil creer que el enfrentamiento de pájaro picotero contra elegante nos vaya a salir bien. Especialmente cuando nuestro enemigo declarado anda acaramelado con los EEUU y ayudado, precisamente, por Israel. Ofrecerles más afrentas no nos ayuda en nada como país. De hecho, contribuye a que Marruecos esté aplaudiendo el rol de nuestro gobierno.

Y en esas, Ceuta y Melilla aparecen en el debate y ciertos representantes en los EEUU deslizan agresivamente su posible apoyo a Marruecos para tomar nuestro territorio nacional. Y eso sin entrar en las sanciones arancelarias que nos puedan caer.

La jugada es buena para Pedro, pero no para España. Y aunque yo no sea el ejemplo de «NATO fanboy», entiendo que los aliados, por rancios que sean, son necesarios. Y causarles problemas no ayuda a nuestro futuro ni a nuestros intereses.

Llevamos unas cuantas afrentas contra un gigante. Es una partida que no podemos ganar. Y el gobierno español lo sabe, pero se mantiene en la posición. Lo cual supone entender, una vez más, que el interés nacional se encuentra en otro cajón y el gobierno no lo encuentra. Y dudo que lo busque.

Pero hay algo más. Pues es cierto que otros países europeos han tomado cierta distancia respecto a los EEUU e Israel —que realmente es la voz cantante— en la cuestión de Irán, pero con un perfil mucho más bajo. Y ahí encuentro lo más interesante.

¿Y si esa visceralidad de Pedro para enfrentarse a la superpotencia occidental y líder de la OTAN se encuentra más en su sumisión a otros líderes que lo necesitan como rompeolas o parapeto político para poder tomar medidas similares, pero más disimuladamente? Al final, es cierto que le interesa relanzar su imagen, pero conociendo al personaje tampoco es descartable que haya sido enviado de sparring para acaparar la atención de Trump sobre España y no sobre los demás.

Una vez más, somos la vanguardia europea. Una vez más damos un paso adelante. Al abismo. Y porque nuestros líderes son empujados.

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