Artículos de este autor: Fernando Sánchez Dragó

Afganistán. Las mil y una noches (quinta y penúltima parte). Fernando Sánchez Dragó

Afganistán. Las mil y una noches (quinta y penúltima parte)

Afganistán. Las mil y una noches (quinta y penúltima parte)

No dije, en las entregas anteriores, que cerca de Kandahar había una base americana. Fuimos a ella para ver si accedían a remolcar el coche desde su tumba náutica hasta la tierra firme, pero no conseguimos superar los obstáculos de la burocracia… O sea: que nos dieron con la puerta en las narices.

Las mil y una noches (Afganistán. Cuarta parte). Fernando Sánchez Dragó

Las mil y una noches (Afganistán. Cuarta parte)

El diluvio seguía. Serían ya las ocho de la noche cuando el camión del rescate nos dejó ante el portón de acceso a un hotel de cochambrosos bungalows casi desierto en el que pedimos y obtuvimos hospedaje. Sólo moraba en él, aparte de nosotros, un danés de colosal estatura y espíritu generoso que poseía un Land Rover en el que había llegado hasta allí y que se ofreció a llevarnos en cuanto amaneciera al escenario de la catástrofe y a remolcar el Volkswagen hasta tierra firme.

Las mil y una noches (Afganistán, tercera parte). Fernando Sánchez Dragó

Las mil y una noches (Afganistán, tercera parte)

Dejé mi relato en el instante, a la del alba, en el que volvimos a la carretera de asfalto para reanudar el trayecto hacia Kandahar. Era, ya dije, una soberbia autopista (sin peaje) construida a partes iguales por los rusos y los estadounidenses. Que la obras públicas y la hipocresía de las relaciones diplomáticas unan lo que las ideologías separan.

Las mil y una noches (Afganistán, segunda parte). Fernando Sánchez Dragó

Las mil y una noches (Afganistán, segunda parte)

Llegamos a Kabul, envueltos por una penumbra cada vez más intensa, cuando ya atardecía. Aquello, más que una ciudad o lo que por tal suele entenderse, era un gigantesco caravasar, un enjambre de viriles rostros barbados y de silenciosas presencias femeninas arrebujadas en sus burkas, una colmena de usos, costumbres, imágenes, actitudes y situaciones que parecían salidas de una película de Hollywood ambientada en la época de Harún al-Rashid.

Afganistán: las mil y una noches (primera parte). Fernando Sánchez Dragó

Afganistán: las mil y una noches (primera parte)

No se extrañe ni, menos aún, se soliviante el lector si eludo hablar aquí de las previsibles consecuencias políticas, económicas, diplomáticas, sociales, morales, militares y religiosas de la crisis originada por la derrota del mundo occidental en el avispero afgano. Efecto dominó. De eso ya he escrito en otras partes y lo seguiré haciendo, aunque a rastras de la actualidad y con la desgana que ésta siempre suscita en mí. Afganistán, país sin estado que recorrí muy a fondo, por carretera…

En este país. Fernando Sánchez Dragó

En este país

Resignémonos a la evidencia de que la progresía y los supremos hacedores de la demoníaca globalización se han salido con la suya. Trinitario es el nuevo monoteísmo, similar en eso, sólo en eso, al de la ley cristiana: Fundación Rockefeller, Soros, Bill Gates. Todos al servicio del único Dios: el Becerro de Oro, Mammon, la Araña (Internet), el G5, la Agenda 2030, la Agenda 2050. Su consigna es ir contra natura, contra la historia, contra la tradición, contra la identidad, contra la humanidad…

Si no amaneciera. Fernando Sánchez Dragó

Si no amaneciera

Parece ser que está a punto de promulgarse la infame Ley de Memoria Democrática, antes Histórica. Quizá se haya promulgado ya. No lo sé. Asqueado por lo que ocurre y por lo que la prensa dice a cuento de lo que ocurre, he dejado de seguir su trayectoria. Pero el relato que sigue guarda relación con esa ley y con la estrategia de lobotomización totalitaria que se agazapa en su trastienda.

No, a veces, también es sí. Fernando Sánchez Dragó

No, a veces, también es sí

¡Si hasta los piropos quieren penalizar los enemigos de las mujeres! La izquierda se ha vuelto misógina. Ante mí, y ante cualquier otro escritor que quiera rayar a la altura de la deslenguada sinceridad exigida por su vocación, se abre la disyuntiva de seguir escribiendo como lo hacía antes de que las barcazas de la LGTBI desembarcasen en Normandía o de agachar la cabeza y resignarse, acojonado, a contar historias light sin cafeína y con edulcorantes para niños de primera comunión, pastorcillas de Fátima y hermanitas de la caridad de género.

Extranjero en los campos de mi tierra. Fernando Sánchez Dragó

Extranjero en los campos de mi tierra

A saber… Soy diurno, no nocturno ni, menos aún, noctívago. Me acuesto a eso de las nueve. Detesto trasnochar. Me chifla madrugar. Apenas desayuno. Me gustaría almorzar hacia las doce, como en los países civilizados, pero eso en España es imposible. Trabajo doce horas al día todos los días del año. Nunca tomo vacaciones. No desconecto (horrible palabreja). Nunca voy a la playa. No me gusta la cerveza…

Mi espía favorita

El pasado martes presenté en un restaurante cubano de Madrid mi último y muy reciente libro: Habáname, publicado por Harkonnen. Lo hice acompañado por Antonio Dyez, el editor, y por José Luis Garci. El acto quedó muy chulo. Lo regaban mojitos y daiquiris. El libro es una resurrección, una aventura, una travesura, un divertimento, un paréntesis no autobiográfico y una bifurcación en mi cartografía literaria…

Su reino por un indulto. Fernando Sánchez Dragó

Su reino por un indulto

¿Se ha vuelto loco Pedro Sánchez? La verdad es que los ojos, últimamente, se le extravían un poco. ¿Se han vuelto locos sus ministros? ¿A qué espera Margarita Robles para dimitir? Y la señora Calviño, que también pone los ojos en blanco al escuchar las idioteces que suelta a su lado en el hemiciclo la vicepresidente puesta a dedo por Iglesias, ¿dará un portazo? ¿Se cansará Marlaska de recibir zasca tras zasca? En cuanto a Irene Montero, tan sola, la pobrecita…

Todas las criaturas grandes y pequeñas. Sincronías… Fernando Sánchez Dragó

Todas las criaturas grandes y pequeñas. Sincronías…

Ayer por la tarde – la del 22 de noviembre del primer año de la Peste– terminé de leer Un caserón en Castilfrío, el libro de Satur Napal Lecumberri al que estas líneas, muy breves, pues carezco de tiempo para más, quieren servir de invitación a su lectura. Un par de horas después, ya por la noche y recogido en mi cama, vi el último episodio, por ahora, de una serie televisiva cuyo título es el mismo que aquí campea y que calza de maravilla a lo que hay en el libro.

Entre el temor y la esperanza. Fernando Sánchez Dragó

Entre el temor y la esperanza

Las columnas que desde hace ya varios meses publico en Posmodernia por amable invitación de Juan José Coca son para mí, y espero que también para sus lectores, si los hubiere, un remanso de filosófica paz y sub especie aeterni en el agobiante ajetreo que el látigo de la actualidad impone al columnista, y a todo quisque, en días tan convulsos como los que corren. Hoy, sin embargo, jueves 29 de abril, metido ya de lleno en la recta final de lo que acaso sean, a pesar de su limitación geográfica, las elecciones más importantes de cuantas se han celebrado en nuestro país desde que el Rey Juan Carlos, hoy Emérito, regresó al trono que otras elecciones ‒las del 14 de abril de 1931‒ habían dejado vacante

Omnia vulnerant, ultima necat. Fernando Sánchez Dragó

Omnia vulnerant, ultima necat

Hay días chungos, días borrosos y emborronados, días en los que las flores del mal abren sus pétalos en las cunetas del alma y difunden su ponzoña en todos los rincones de la conciencia. Decía Gil de Biedma, en verso repetido hasta la saciedad de la sociedad, que envejecer y morir es el único argumento de la obra. Si lo segundo es cierto, y lo es, poco importa lo primero.

Dos caras de la misma moneda. Fernando Sánchez Dragó

Dos caras de la misma moneda

A propósito de la extraordinaria exposición virtual de Arte y Ciencia organizada en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid por la Fundación Ercilla y el CSIC. “…el afán de modernizar al bachillerato y de especializar a los bachilleres subvirtió radicalmente la universalidad del humanismo y puso en marcha, a mi juicio, el proceso de deterioro, solapado durante mucho tiempo, pero hoy muy visible, de nuestro actual sistema docente”.

Fukushima: doce horas en el infierno. Fernando Sánchez Dragó

Fukushima: doce horas en el infierno

Durante este mes se conmemora el décimo aniversario del terremoto de Fukushima (Japón). Cuatro meses después del terremoto y veinticuatro horas después de recorrer la zona, Fernando Sánchez Dragó, nos da detenida cuenta de su experiencia, la cual reproducimos a continuación por su interés.

Un país en el diván de Freud. Fernando Sánchez Dragó

Un país en el diván de Freud

Yo no sé de ninguna otra nación, excepto, si acaso, Rusia, que se vuelva hacia sí misma y sobre sí misma se vuelque para ser planteada y entendida como un problema. Sólo los españoles dudan una y otra vez, inasequibles a ese desaliento y contumaces en él, de la propia identidad y de su devenir histórico. Lo estamos viendo. Si tener patria consiste, como dijo Ortega, en considerarse partícipe de un proyecto sugestivo de vida en común o, como añadió José Antonio, en aceptar la integración en una supuesta unidad de destino en lo universal, es evidente que ni lo uno ni lo otro congregan aquí el consenso necesario para que haya quórum.

Gema, de Milena Busquets

Una escritora en busca del tiempo perdido

No soy crítico literario (los detesto), sino lector crítico que busca pepitas de oro en la lectura y se pone muy contento cuando las encuentra, lo que no es frecuente. Por eso hablaré hoy en esta columna de una joya literaria: la novela Gema, de Milena Busquets, que acaba de salir con sello de Anagrama y es, en efecto, a mi falible, pero berroqueño juicio de lector minero, tal y como su título sugiere, una minúscula piedra preciosa en el grisáceo expositor de orfebrería de la actual narrativa española.

Así éramos. Noticia de un cronopio. Fernando Sánchez Dragó

Así éramos. Noticia de un cronopio

Mi libro Volapié (toros y tauromaquia) lleva la siguiente dedicatoria:«A mis dos mejores compañeros de armas taurinas: Ángel Asensio y Manuel Bayo». Los dos han muerto, y no lo hicieron en la plaza. Sólo hablaré hoy, aquí, del segundo. Del otro ya lo hice en los dos primeros volúmenes de mis Memorias (Esos días azules y Galgo corredor).

Elogio de la locura. Fernando Sánchez Dragó

Elogio de la locura

Erasmo de Rotterdam publicó en 1511 esa obra decisiva en la historia del pensamiento y de la literatura. El Quijote, por poner sólo un ejemplo capaz de volver inútiles todos los demás, nunca se habría escrito sin ese ilustre antecedente. Es seguro que Cervantes la leyó. La cultura de nuestro siglo de oro fue erasmista hasta la médula. Marcel Bataillon lo demostró en su monumental Erasmo en España, que yo tuve la fortuna de leer en mis años universitarios no por mérito propio, sino porque me indujeron a ello Rafael Lapesa, Dámaso Alonso y Santiago Montero Díaz, que además de catedráticos eran maestros en la acepción latina de la palabra.

Padre Tao. Fernando Sánchez Dragó

Padre Tao

A ver, a ver… ¿De qué hablo hoy en esta columna, que es la primera del año entrante? Hojeo mi bloc de notas, escrito a mano, como Dios manda, y mi voraz mirada de conspicuo columnista practica el surf sobre los temas que la actualidad, siempre invasiva, me sugiere mientras los amigos de la redacción de Posmodernia insinúan discretamente, como en ellos es costumbre, otros dos asuntos…

Cuento de Navidad. Fernando Sánchez Dragó

Cuento de Navidad

Esta columna aparecerá el 24 de diciembre. ¿Les suena la fecha? La escribo en la víspera, hacia las seis de la tarde, cuando ya las sombras del crepúsculo de un día de temperatura moscovita, se cuelan por mi balcón. Acabo de dejar en mi cuenta de Twitter, poblada ya por casi tantos seguidores como forofos de los merengues caben en el Bernabéu, un picotazo en el que propongo que se traslade al 23 de diciembre la conmemoración del degüello de los Santos Inocentes. El Senado ‒explico‒ acaba de aprobar la Ley Celáa, émula del decreto que promulgó Herodes.

Yo también he bajado la guardia. Fernando Sánchez Dragó

Yo también he bajado la guardia

No permitan que el título de esta columna los muevaN a error. No voy a hablar en ella del Covid (o de la Covid, porque los políticos, los epidemiólogos, los tertuliaSnos, con esemayúscula intercalada, y los sedicentes periodistas nos han armado tal lío con la pandemia y la podemia que ya ni los académicos saben lo que es femenino y masculino). Lo aviso porque eso de «bajar la guardia» se ha convertido en una muletilla ‒por algo rima con Illa‒ que no se les cae de la boca a quienes nos gobiernan, nos adoctrinan, nos ponen el tacataca y nos dan con la palmeta en los nudillos del libre albedrío.

El Silencio. Fernando Sanchez Dragó

El Silencio

Así se llama la última y muy reciente novela de DonDeLillo. Es de este año, aunque su acción transcurre en 2022. La edita Seix Barral. Acabo de leerla. Es domingo. Cinco amigos quedan para cenar en un apartamento de Manhattan. «De pronto», dice la contraportada, «un apagón deja el mundo a oscuras y las conexiones digitales se cortan». Es un relato breve, seco, conciso, de ciento ocho páginas que son otros tantos derechazos ‒o izquierdazos…

Fernando Sánchez Dragó

Entrar dando un portazo

Hoy arranca mi colaboración en Posmodernia. Escribiré una columna cada dos semanas. El tema será libre y la extensión también, sin sobrepasar los límites de lo razonable. Puedo escribir, en teoría, sobre lo que me venga en gana y hacerlo a rienda suelta, sin tironear de las bridas del léxico y de la gramática.

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