Artículos de este autor: Fernando Sánchez Dragó

Gambito de dama o de las ventajas de no jugar al ajedrez. Fernando Sánchez Dragó

Gambito de dama o de las ventajas de no jugar al ajedrez

Gambito de dama o de las ventajas de no jugar al ajedrez

Alguien me había encomendado la noble misión de ilustrar y ponderar las ventajas del ajedrez, pero el viento propone y la vela dispone. Haré justamente lo contrario –mencionar las desventajas del presunto juego– y acto seguido me entregaré donde corresponda con la cabeza gacha. No quiero convertirme en cimarrón.

Así éramos. Noticia de un cronopio. Fernando Sánchez Dragó

Así éramos. Noticia de un cronopio

Mi libro Volapié (toros y tauromaquia) lleva la siguiente dedicatoria:«A mis dos mejores compañeros de armas taurinas: Ángel Asensio y Manuel Bayo». Los dos han muerto, y no lo hicieron en la plaza. Sólo hablaré hoy, aquí, del segundo. Del otro ya lo hice en los dos primeros volúmenes de mis Memorias (Esos días azules y Galgo corredor).

Elogio de la locura. Fernando Sánchez Dragó

Elogio de la locura

Erasmo de Rotterdam publicó en 1511 esa obra decisiva en la historia del pensamiento y de la literatura. El Quijote, por poner sólo un ejemplo capaz de volver inútiles todos los demás, nunca se habría escrito sin ese ilustre antecedente. Es seguro que Cervantes la leyó. La cultura de nuestro siglo de oro fue erasmista hasta la médula. Marcel Bataillon lo demostró en su monumental Erasmo en España, que yo tuve la fortuna de leer en mis años universitarios no por mérito propio, sino porque me indujeron a ello Rafael Lapesa, Dámaso Alonso y Santiago Montero Díaz, que además de catedráticos eran maestros en la acepción latina de la palabra.

Padre Tao. Fernando Sánchez Dragó

Padre Tao

A ver, a ver… ¿De qué hablo hoy en esta columna, que es la primera del año entrante? Hojeo mi bloc de notas, escrito a mano, como Dios manda, y mi voraz mirada de conspicuo columnista practica el surf sobre los temas que la actualidad, siempre invasiva, me sugiere mientras los amigos de la redacción de Posmodernia insinúan discretamente, como en ellos es costumbre, otros dos asuntos…

Cuento de Navidad. Fernando Sánchez Dragó

Cuento de Navidad

Esta columna aparecerá el 24 de diciembre. ¿Les suena la fecha? La escribo en la víspera, hacia las seis de la tarde, cuando ya las sombras del crepúsculo de un día de temperatura moscovita, se cuelan por mi balcón. Acabo de dejar en mi cuenta de Twitter, poblada ya por casi tantos seguidores como forofos de los merengues caben en el Bernabéu, un picotazo en el que propongo que se traslade al 23 de diciembre la conmemoración del degüello de los Santos Inocentes. El Senado ‒explico‒ acaba de aprobar la Ley Celáa, émula del decreto que promulgó Herodes.

Yo también he bajado la guardia. Fernando Sánchez Dragó

Yo también he bajado la guardia

No permitan que el título de esta columna los muevaN a error. No voy a hablar en ella del Covid (o de la Covid, porque los políticos, los epidemiólogos, los tertuliaSnos, con esemayúscula intercalada, y los sedicentes periodistas nos han armado tal lío con la pandemia y la podemia que ya ni los académicos saben lo que es femenino y masculino). Lo aviso porque eso de «bajar la guardia» se ha convertido en una muletilla ‒por algo rima con Illa‒ que no se les cae de la boca a quienes nos gobiernan, nos adoctrinan, nos ponen el tacataca y nos dan con la palmeta en los nudillos del libre albedrío.

El Silencio. Fernando Sanchez Dragó

El Silencio

Así se llama la última y muy reciente novela de DonDeLillo. Es de este año, aunque su acción transcurre en 2022. La edita Seix Barral. Acabo de leerla. Es domingo. Cinco amigos quedan para cenar en un apartamento de Manhattan. «De pronto», dice la contraportada, «un apagón deja el mundo a oscuras y las conexiones digitales se cortan». Es un relato breve, seco, conciso, de ciento ocho páginas que son otros tantos derechazos ‒o izquierdazos…

Fernando Sánchez Dragó

Entrar dando un portazo

Hoy arranca mi colaboración en Posmodernia. Escribiré una columna cada dos semanas. El tema será libre y la extensión también, sin sobrepasar los límites de lo razonable. Puedo escribir, en teoría, sobre lo que me venga en gana y hacerlo a rienda suelta, sin tironear de las bridas del léxico y de la gramática.

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