Artículos de este autor: Jorge García-Contell

El cencerro y la trompeta

El cencerro y la trompeta

Parece aproximarse la hora del bilingüismo oficial en Asturias, décadas después de que allá por los setenta del pasado siglo surgieran las primeras iniciativas en favor de la cooficialidad del bable, o asturiano, y la lengua castellana. Aquellas pretensiones quedaron defraudadas por la promulgación en 1981 del estatuto de autonomía regional, que en su artículo 4.1 se limitó a establecer: “El bable gozará de protección. Se promoverá su uso, su difusión en los medios de comunicación y su enseñanza, respetando en todo caso las variantes locales y la voluntariedad en su aprendizaje”.

De la saeta al piropo

Desde joven cultivé -con desigual fortuna, lo admito- un arte menor que siempre entendí emparentado con el canto andaluz de la saeta y la lírica improvisada vascona. Me refiero, claro está, al piropo: ese requiebro galante dirigido a las mujeres que uno aprecia y admira.

Disidencia controlada

En nuestro tiempo, la globalización ha venido a perfeccionar la fórmula para convertirla en un sistema homogéneo a escala planetaria y con vocación de exclusividad. De este modo, las élites rectoras mundiales ofrecen al hombre del siglo XXI un mensaje ideológico cuya simplicidad lo convierte en producto de divulgación tan sencilla como masiva, merced al férreo control de los medios de comunicación, concentrados en apenas un puñado de grupos de alcance mundial.

La gran oportunidad de Jorge Bergoglio

Con toda certeza, la Iglesia Católica conoció épocas más brillantes que el momento presente; periodos históricos durante los cuales el mundo presenció la expansión fulgurante de la fe en el Dios Uno y Trino. Necesariamente -pues las religiones en sentido propio jamás pueden reducirse al estrecho ámbito privado o familiar- los cristianos construyeron sociedades nuevas

¿Y si al Partido Popular le conviniera la independencia de Cataluña?

En las democracias representativas, la percepción subjetiva de los electores acerca de las intenciones de los candidatos, y no lo que estos realmente se propongan, será lo que definitivamente decante el apoyo a unas u otras listas; es obvio, desde que el derecho al sufragio lo obtienen los ciudadanos al concluir su adolescencia, sin distinción entre perspicaces e ingenuos.

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