La gran oportunidad perdida, el Fondo de Recuperación Next G. EU.

La gran oportunidad perdida. Raul Morales del Piñal de Castilla

La pandemia del COVID-19 ha provocado una crisis sin precedentes a nivel mundial que amenazó con el colapso de las economías de gran número de países. El mundo se encontró ante una situación excepcional por varios motivos, el primero de ellos es la falta de experiencia ante situaciones similares y por lo tanto la carencia de fórmulas de éxito aplicables para la salida de esta. Aunque no a todos los países afectó por igual, el efecto tractor de las economías más potentes no es suficiente, pues carecen del músculo necesario para tirar de las débiles como sucedió en ocasiones precedentes, al estar afectadas también estás por la pandemia en mayor o menor medida. Todo ello provoca un efecto dominó que hace tambalear los cimientos de las sociedades, tanto avanzadas como poco desarrolladas.

Para Europa la pandemia ha constituido un desafío de proporciones históricas. La EU y los estados miembros que la conforman, se han visto obligados a adoptar medidas de emergencia con el fin de evitar el colapso de sus economías. Esto motivó que el Consejo Europeo autorizara a la Comisión Europea a acudir al mercado para financiarse hasta un monto total de 750.000 millones de euros, ampliados hasta los 806.900 millones de euros en la actualidad, a favor de la Unión Europea, con la intención de dar una respuesta conjunta a las necesidades de las economías de sus países miembros.  

Para entender la excepcionalidad de este instrumento financiero cabe compararlo con la dotación presupuestada en el 9º Acuerdo Marco, Horizonte Europa, por un importe de 96.000 millones de euros, tan solo un 12,8% de los fondos que Next Generation EU va a poner en circulación en el mercado comunitario.

La Unión Europea pretende centrar sus esfuerzos en recuperar el crecimiento de las economías de los Estados Miembros, pero quiere aprovechar esta oportunidad para promover su agenda política al mismo tiempo. Esto quiere decir que los ciudadanos europeos se endeudarán en 806.900 millones de euros para impulsar la transición a una economía basada en el nuevo paradigma globalista sostenible de la EU. Claro ejemplo de esto es que la Comisión Europea pretende financiar el 30% de este fondo emitiendo “bonos verdes”, que solo podrán invertirse en proyectos climáticos o medioambientales. Esto a su vez repercutirá en cada uno de los países receptores de ayudas, que se verán obligados a invertir el 37% de los fondos recibidos en proyectos ecológicos, energías renovables, movilidad limpia o eficiencia energética. En palabras del comisario de Presupuesto, Johannes Hahn, “Este marco hará de la EU el mayor emisor de bonos verdes en el mundo, convirtiéndola en el líder mundial en finanzas sostenibles y duplicando el número de bonos verdes en el mercado global”.

Para todo ello el Mecanismo para la Recuperación y la Resiliencia (MRR) se ha fijado 4 ejes de actuación muy en consonancia con los ODS de Naciones Unidas y la Agenda 2030. La cohesión económica, social y territorial de la Unión; la transición a una economía ecológica y digital; la resiliencia y capacidad de adaptación de sus miembros. Y por último lo único importante, amortiguar las consecuencias de la crisis provocada por la pandemia en las economías nacionales. Sin duda esta inyección de liquidez dinamizará los mercados y las economías de los estados miembros, pero dejará en la cuneta a los sectores industriales que hicieron de la EU una economía relevante a nivel mundial. Estos fondos se convertirán en la palanca con la que la EU impondrá su nueva agenda política a todos los estados miembros, obligándolos a invertir en la nueva economía sostenible impulsada desde Bruselas.

Tan solo tenemos que enumerar los 7 ejes sobre los que la Comisión Europea ha fijado su actuación para verificar la anterior afirmación.

  1. Activación: puesta en marcha temprana de tecnologías limpias y aceleración del desarrollo y el uso de las energías renovables.
  2. Renovación: mejora de la eficiencia energética de los edificios.
  3. Carga y repostaje: fomento de tecnologías limpias para acelerar el uso de un transporte sostenible, accesible e inteligente.
  4. Conexión: despliegue rápido de servicios de banda ancha rápida en todas las regiones y hogares, incluidas las redes de fibra y 5G.
  5. Modernización: digitalización de la Administración y los servicios públicos.
  6. Ampliación: aumento de las capacidades industriales en materia de datos en la nube y desarrollo de procesadores de última generación y sostenibles.
  7. Reciclaje y perfeccionamiento profesionales: adaptación de los sistemas educativos en apoyo de las competencias digitales y la educación y formación profesional a todas las edades.

La EU calcula el reparto de esta ingente lluvia de millones en función del deterioro económico provocado por la gestión de la pandemia en cada país. El gobierno español ostenta el honor de haber conseguido situar a nuestro país como el campeón europeo en 2020, no solo en la caída del PIB con un 11%, la mayor caída de la historia en tiempos de paz, si no también en crecimiento del desempleo con 622.600 nuevos parados, sin contar los 700.000 incluidos en ERTE, lo que supuso el 23% de todos los empleos perdidos en la Zona Euro.

Gracias a estos méritos, el Gobierno Español estima que recibirá aproximadamente 70.000 millones de euros en concepto de transferencias no reembolsables y un máximo de 80.000 millones de euros en préstamos, de los que ya tiene aprobados 70.000 millones. Esto quiere decir, que cada español se endeudará con la EU por un importe de 1.69 millones de euros, con los que los nuevos sectores emergentes de la economía sostenible, las grandes empresas, acometerán sus proyectos.

Para acceder a los fondos, en primer lugar, cabe destacar que la Comisión Europea evalúa los Planes Nacionales entregados por los estados miembros. Por otra parte, analiza si estos planes están en consonancia con las recomendaciones que la Comisión ha realizado a los estados en el pasado y si abordan medidas orientadas a una transición ecológica y digital; fortalecen el potencial de crecimiento, la creación de empleo y la capacidad de recuperación económica y social. 

Para que se inicie el desembolso de los fondos, el Comité Económico y Financiero del Consejo debe emitir un informe favorable sobre el cumplimiento de las metas y objetivos del Plan. En otras palabras, si los estados miembros no se alinean con la agenda política de EU no hay dinero. De sobra es conocido el exiguo plan que presentó España a la Comisión, así como la necesidad de cambios normativos que exigían a nuestro país. Pese a todo, esto no será realmente un freno a las transferencias, como ya hemos podido comprobar con el anticipo de 9.000 millones que recibió en agosto del 2021 y los 10.000 millones transferidos a finales de diciembre del pasado año, correspondientes al primer tramo del fondo de recuperación. Y todo esto se debe a que el gobierno español no solo está perfectamente alineado con la agenda política de EU, si no que va un paso más allá.

De los 51 hitos que tenía que cumplir para recibir el primer tramo de los fondos, España ya había implementado medidas como la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, el decreto de interinos para reducir el empleo temporal en la administración, la aplicación del ingreso mínimo vital, el impuesto sobre los servicios digitales o la tasa a las transacciones financieras. Como podemos ver, medidas que en su conjunto solo suponen un incremento del gasto público y el imparable incremento de impuestos a los súbditos de la hacienda pública. Ni una sola de las medidas adoptadas por el gobierno están encaminadas hacia el fortalecimiento de nuestro tejido productivo, la productividad de las empresas o el crecimiento PIB. El único objetivo de todas ellas es aumentar la recaudación pública, crear nuevos subsidios o mantener el pesebre electoral que le ha supuesto la administración pública durante los últimos 40 años.

El Gobierno español no incluye entre sus proyectos la ejecución de infraestructuras fundamentales para nuestro país como el Corredor del Mediterráneo, la Red de Ave o el desarrollo de metros en ciudades tan atrasadas como Sevilla. Ni siquiera apoyamos que se incluya la energía nuclear entre las “verdes”, lo que siendo un país dependiente energéticamente puede suponer un suicidio. Pero somos los más alineados y los que más cara seguiremos pagando la electricidad de la industria y los hogares.

Con estos mimbres es difícil pensar que estos fondos servirán para modernizar nuestro tejido productivo e industrial y esta es la gran oportunidad que va a perder España. La de realizar los cambios estructurales necesarios en nuestra economía para que realmente se conviertan en la plataforma de lanzamiento de un país pujante. Llevamos demasiados años hablando de productividad, de que no podemos basar nuestra economía únicamente en el turismo y de la necesidad de reindustrializar el país. Pues no parece que los fondos Next G. EU vayan a ser la solución, sobre todo si pensamos que uno de los “4 ejes”sobre los que pivota el Plan de Recuperación español es “la igualdad de género”. Que siendo de muy loable inspiración, no parece que vaya a ser el motor de arranque del empleo. Ni las “10 políticas palanca”entre las que se encuentran las “infraestructuras y ecosistemas resilientes”, la “transición energética justa e inclusiva”, o la“nueva economía de los ciudadanos”. Todas ellas de un marcado carácter buenista, tanto como de una inutilidad absoluta en lo que se refiere a la economía real. Mientras el Gobierno de España esté dirigido por partidos alineados con la Agenda 2030, difícil será ver cambios sustanciales en nuestro país. Como pudimos comprobar durante el mandato de Mariano Rajoy, que gobernó con mayoría absoluta sin hacer cambios sustanciales que modernizaran nuestro tejido productivo y menos aún con el campeón de la pandemia Pedro Sanchez.

Para que servirán entonces los fondos es evidente, inyectar en el mercado 150.000 millones dinamizará y sostendrá la economía durante 7 años, como ocurrió con el “Plan Ñ” de Zapatero ¿Pero una vez concluidos que quedará? Nada, salvo una enorme deuda que habremos de pagar entre todos los españoles. Las grandes empresas habrán crecido y mantenido sus beneficios, pero recordemos que el empleo en este país lo genera la PYME, casi el 70% según el Ministerio de Industria Comercio y Turismo. La PYME no tiene capacidad, conocimientos ni recursos para acceder a los fondos por las exigencias para su solicitud que impone España y la EU, por lo que estos se quedarán en su mayor parte en manos de las grandes. Solo hay que analizar el reparto que hace el Gobierno en el “Plan España”. El 20% se aplicará a “Movilidad sostenible, segura y conectada” vinculada a los coches eléctricos y fabricación de baterías; el 10% a “Rehabilitación de vivienda y regeneración urbana” ligada fundamentalmente a la eficiencia energética; el 6% a la “Modernización de las administraciones” en manos de las grandes consultoras; 5% para el “5G” y ya nos hemos gastado el 40% de las inversiones en proyectos a los que solo podrán acceder los grandes. El 60% restante se reparte en 16 pequeños apartados de igual inaccesibilidad. La PYME podrá optar a montar una página web gratis o cambiar algún equipamiento informático y aquí se terminó el Mecanismo para la Recuperación y la Resiliencia para ella.

La modernización y el fortalecimiento de las estructuras del campo, la ganadería, la industria, los servicios o el turismo no son el objetivo de este “Plan España”, salvo si inviertes en energías renovables que siguen siendo ineficientes económicamente, o si implementas planes de igualdad de género entre vacas y toros, o si montas plantas de reciclaje circular que en manos de “amigos” antes que tarde acaban en los periódicos. Una ingente cantidad de dinero se va a dedicar a la agenda política de la EU y el gobierno alineado de turno, una ingente cantidad de dinero que sostendrá la economía un tiempo, pero no servirá para cambiar el país, solo servirá a propósitos ideológicos de los que la historia ya nos dice que acaban empobreciendo a sus ciudadanos.

En definitiva, una vez más veremos como pasa el carro de los helados por la puerta de casa sin que nos toque comernos ninguno, pero eso sí, pagarlos los vamos a pagar durante generaciones.

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