Artículos de este autor: Jesús Cotta Lobato

Empatía selectiva y tolerancia excluyente. Jesús Cotta Lobato

Empatía selectiva y tolerancia excluyente

Empatía selectiva y tolerancia excluyente

La tolerancia excluyente consiste en ser tolerante solo con las opiniones que no ofendan a las únicas víctimas legítimas (opiniones que, curiosamente, son las que dan la razón a las ideologías dominantes). Con las demás opiniones no tenemos que ser tolerantes, porque no son más que “discursos de odio”, es decir, homofobia, xenofobia, islamofobia, transfobia, supremacismo, negacionismo, en fin, lo que ahora se llama, impropiamente, fascismo.

Aforismos de la eutanasia. Jesús Cotta Lobato

Aforismos de la eutanasia

¿Desde cuándo es un progreso humano sacrificar seres humanos como si fueran reses? Eso hacían con sus hijos los cartagineses en las fauces sangrientas del dios Baal. Ni aun así ganaron la guerra contra los romanos, sino que perdieron para siempre.

El fasciomarxismo. Jesús Cotta Lobato

El fasciomarxismo

El fascismo tiene hoy mucha peor prensa que el marxismo, y no es porque haya sido más malo, sino porque perdió la guerra y, sobre todo, la propaganda. Demonizando al fascismo, el marxismo se angeliza. Es una buena táctica, porque todos detectamos al demonio, pero no al demonio vestido de ángel. Tanto éxito ha tenido la artimaña, que las prácticas marxistoides encubiertas se toleran mucho más en las democracias e incluso pasan por democráticas, en cambio, parece que tenemos un sensor que reprueba al instante todo lo que nos huela a fascistoide.

Maniqueísmo ideológico: a la calle, que el coche es mío. Jesús Cotta Lobato

Maniqueísmo ideológico: a la calle, que el coche es mío

…había algo feo e indigno en el hecho de que la alta experiencia de la fusión erótica que humaniza y enlaza a los amantes se lograse por dinero, y no por algo más noble, como el amor o la atracción, con su chispa y su aquel, y que si salía algo bueno de ahí no era mérito del sexo pagado, sino del corazón humano, sediento de alegría y afecto, incluso en el peor de los contextos.

Macho, varón, caballero. Hembra, mujer, dama.

Las diferencias de gusto y actitud entre hombres y mujeres no tienen por qué ser, pues, una imposición sexista, sino el reflejo inevitable que cada cultura hace, a su modo, de las numerosas e inevitables diferencias naturales entre los sexos. El único sexismo impuesto es la desigualdad ante la ley (por ejemplo, las leyes que en algunos países impiden a una mujer disponer de su patrimonio y la actual ley de violencia de género en España que por idéntico delito castiga al hombre más que a la mujer).

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