Tierra quemada en torno a VOX

Tierra quemada en torno a VOX. Mateo Requesens

Aquellos que se planteaban las pasadas elecciones generales como un sufragio entre la AntiEspaña del bloque “Frankenstein” y el bloque ProEspaña, no dan crédito a lo sucedido, porque los españoles parece que no han tenido muy claro si prefieren lo uno o lo otro. ¿Cómo es posible que un tipo como Pedro Sánchez se haya convertido en todo un superviviente político? Pues hay razones inmediatas y razones de fondo.

La primera, que los comicios nunca se han planteado en aquella clave. No sólo se trata de que Feijóo y sus mamporreros mediáticos se hayan pasado de frenada, presentando a VOX como un partido radical, integrista e inútil para la gobernanza de España. En esto, la aritmética no admite opinión. Ya se ha explicado mil veces para todo aquel que quisiera enterarse. VOX podría haber conseguido 6 diputados más con unos miles de votos que han ido a parar al PP y no han servido absolutamente para nada, porque a los de Feijóo ningún escaño les han proporcionado. Es decir, sin toda esa campaña desde la derecha mediática, sumándose a la de la izquierda, agitando la bandera del anatema contra VOX, un resultado electoral para desalojar a Sánchez de La Moncloa habría sido bastante más posible.

Pero de nuevo la izquierda ha demostrado que no sólo domina el arte de la propaganda mejor que la derecha, sino que tiene bastante más capacidad de análisis social. Mientras el PP y sus aliados de los medios siguen anclados en los paradigmas del bipartidismo, que desearían resucitar a toda costa, la izquierda ha aceptado la política de bloques. Aunque en España pocos se toman en serio eso de que los nuevos tiempos están borrado las líneas divisorias tradicionales entre izquierdas y derechas, lo cierto es que vemos a ultraizquierdistas como Belarra apoyando los postulados del Foro de Davos (quintaesencia del turbocapitalismo), mientras desde el PP, Guardiola tiene un discurso ideológico que Felipe González respaldaría sin dudarlo. En Europa los viejos partidos están desapareciendo. En Italia, socialistas y democristianos fueron barridos hace tiempo por la corrupción endémica provocada por el sistema bipartidista. En Francia, el globalismo y el soberanismo ocupan ya desde hace largo el centro del debate político por encima de derechas e izquierdas. En Alemania, la alternancia entre la CDU y el PSD se acabó también. El auge de lo que han denominado “populismos”, no obedece a otra cosa que a la caducidad de las fórmulas de los partidos tradicionales de izquierda y derecha en la actual sociedad europea, donde las clases medias están sufriendo un deterioro imparable.

Pues bien, en España parece que la derecha no se entera de lo que sucede a su alrededor, en cambio, la izquierda ha aceptado que lo del bipartidismo está dando sus últimos estertores. Por supuesto que a Sánchez le gustaría gobernar en solitario ¿A quién no? Para soltar semejante perogrullada no hace falta tener un coeficiente intelectual muy elevado. Pero él sabe que hoy por hoy la gobernanza depende de bloques, algo que los líderes políticos, económicos y mediáticos de la derecha se niegan a aceptar. Por eso el Sr. Feijóo no se ha cansado de repetir su perogrullada: él quiere gobernar en solitario, es decir, sin VOX, no hay bloque que valga. La realidad le ha dado un bofetón en todos los morros. Porque, aunque desde la derecha mediática hayan querido trasladar ese bofetón a VOX, lo cierto es que el gran derrotado en estas elecciones ha sido Feijóo. De arrasar en las encuestas de los medios amigos, recuperando gran parte de los votantes que se habían pasado a VOX, los de C´s y hasta algunos socialistas, ha pasado a conseguir una mísera ventaja frente a Sánchez, que ha cosechado una dulce derrota que sabe a victoria. Pero tranquilos, ya han detectado el problema, no han arrasado por culpa de VOX, que al ser tan fachas movilizan a los votantes de izquierdas.

Todo apunta a que el PP y sus mamporreros no van a espabilar. El insuficiente respaldo electoral que Feijóo ha conseguido se va a solucionar ninguneando a los de VOX. De momento ya han negado sus votos para que VOX obtuviera un puesto en la Mesa del Congreso. Mientras los del PSOE defendían una “política sin exclusiones” y posibilitaban que Sumar ocupase un puesto en la Mesa, los del PP se han prestado a excluir a la tercera fuerza política de España. Pero claro, la noticia no es la fechoría del PP, es la reacción de VOX, que no votó a su candidata a la presidencia. Habrase visto. Para muchos VOX no debería existir y sin duda pondrán todo su empeño en hacerlo desaparecer, en tanto, predicaran que su papel ha de ser el de muleta del PP y el de prestarse a ser el mono de feria para ejemplificar que las cosas no pueden cambiar en España, porque los disidentes de la derecha oficial no son más que una pandilla de frikis incapaces de construir una alternativa política seria y viable. Hay que seguir como hasta ahora, la derecha que se ocupe de la gestión económica y no se meta en esos jardines tan embarazosos de principios y valores.

Para quien quiera verlo, aquí está la respuesta de fondo al por qué de la hegemonía de la izquierda en España, al por qué tan sólo es posible ver un claro triunfo de la derecha cuando nos encontramos ante la clara amenaza del desastre. La derecha sólo gana en España cuando la izquierda lo hace mal, muy mal. Desde tiempos de la UCD, (algunos dirían desde finales de los 60 del pasado siglo) la derecha ha abandonado el campo de batalla del debate ideológico. El resultado es que el clima cultural y el mensaje de los medios tiene un tono nítidamente “progresista” y no tolera voces contrarias que lleguen en clave positiva a la opinión pública. Con esos mimbres, ¿qué cesto esperamos que salga las más de las veces?

Pero desde esa derecha mediática, oficial y económica nos siguen vendiendo la misma fórmula. No meterse en líos ideológicos, no salirse de la senda políticamente correcta, nada que sirva para acusarnos de crispar, que nos quita votos y moviliza a la izquierda. Enhorabuena, son ustedes unos linces. ¿Se supone que para poder ganar a la izquierda hay que abdicar de los valores y principios de la derecha? ¿Para qué se quiere entonces vencer? Para disimular poniendo algún parche, maquillar alguna normativa y centrase en gestionar técnicamente mejor, pero en definitiva conservar la superioridad ideológica de la izquierda. Claro que a lo mejor algunos nunca han querido defender principios y de lo que se trata es de defender pesebres. Así a lo mejor es más fácil entender ciertas cosas, lo dejo a su reflexión.

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