Una buena y una mala

Una excelente noticia demográfica: cinco de las doce regiones europeas con mayor esperanza de vida en 2017 eran españolas, con Madrid en cabeza de forma destacada (fuente: Eurostat). Castilla y León, Navarra, el País Vasco y La Rioja también figuran entre las 12 primeras. Y la esperanza de vida de España es la mayor de toda la Unión Europea.
La otra cara de este magnífico dato es que, si no aumenta nuestra natalidad, siendo tan longevos, vamos camino de ser una sociedad tremendamente envejecida.

La España del futuro, cada vez más musulmana. Con datos aún provisionales, estimamos en un 9% los nacidos en 2018 en España que tenían al menos un progenitor musulmán inmigrante, en general los dos (y en un 75% de los casos, marroquíes). Añadiendo hijos de inmigrantes de segunda generación, rondarían el 10% del total. En cuatro provincias fueron un 20% o más (tres de las cuatro, catalanas), y en cinco, del 14% al 18%. ¡ Al-Andalus gana terreno año a año en España!

La falta de descendencia de un número creciente de españoles, que se traducirá entre otras cosas en mucha mayor soledad y falta de cariño familiar, algo especialmente duro de mayores, alcanzó cotas tremendas en 2018. Si se mantuvieran las pautas de fecundidad del año pasado en los próximos lustros, el 38% de las españolas no tendría nunca ni siquiera un hijo (no hay datos de los hombres, pero serán iguales o ligeramente peores). Entre las CCAA donde más mujeres no tendrían nunca un bebé propio: 46% en Canarias); 42% en Galicia; 41% en Asturias, Castilla y León, Castilla La Mancha y La Rioja. En el otro extremo, “solo” el 31% de las murcianas y el 36% de las andaluzas no tendrían ni siquiera un hijo en su vida. Que haya algunas personas sin hijos es algo normal. Siempre ha ocurrido y ocurrirá. Pero cuando tantísima gente a la vez no tiene ni uno, es algo sobrecogedor.

El porvenir de Europa languidece, al registrar en 2018 la UE a 27, sin Reino Unido, el menor número de nacimientos desde hace muchas décadas (las series de Eurostat empiezan en 1961, cuando los bebés fueron 58% más que ahora, con 21% menos población). Y la diferencia negativa entre nacimientos y muertes fue en 2018 la mayor en siglos, en años sin guerras o grandes epidemias.

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