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El universitario Carlos Marx

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En el punto de mira

Teorías de la conspiración

Lleguemos a pensar que se convocan elecciones. Sabe que, por muchos altercados que produzcan afines al régimen en las calles para movilizar a votantes que deberían inhibirse por haber producido las lamentables condiciones actuales por su fanático e inquebrantable apoyo a todo lo que diga su Pedro, las elecciones están perdidas. Por mucho agravio que crea que ha generado con la propaganda de Maricarmen, no tiene los votos de su infame «Ley de Nietos», tampoco los votos de todos aquellos a los que ha traído y ha regalado la regularización.

Marruecos nos ha declarado la guerra comercial y España se ha rendido sin disparar

El régimen alauí lleva años desplegando una auténtica guerra híbrida, en la que la ofensiva comercial y económica constituye una de sus herramientas estratégicas más relevantes. Sus continuas victorias, como la que asfixia a la población de Ceuta este verano, no son por casualidad, sino más bien por la desidia criminal del gobierno español que mira para otro lado.

Ceuta y el colapso definitivo del régimen del 78

En los prolegómenos del nefasto Régimen del 78 se dio uno de los episodios más vergonzosos de la historia de España: la cesión del Sahara Español a Marruecos sin disparar ni un tiro. Estaba Franco todavía vivo, pero a causa de su enfermedad asumió interinamente la jefatura del Estado el que más adelante seria coronado como Juan Carlos I, y uno de los principales responsables de la implantación de este Régimen miserable.

Marruecos lo quiere todo

Hay una palabra que resume la política exterior española con Marruecos desde hace años, y esa palabra es sumisión, porque se entregó el Sáhara para comprar tranquilidad y no se compró absolutamente nada, se entregó la voz, el voto y el prestigio de un país que se suponía serio, y lo que ha llegado a cambio son setenta mil personas empujadas contra una frontera y un ministro extranjero reivindicando Ceuta y Melilla en una televisión que ven millones de personas en todo el mundo árabe.

¿Y si sí?

¿Y si reconocemos el problema? ¿Y si decidimos enfrentarlo de cara y con todas las consecuencias? ¿Y si el español al que quieren hacer pensar que es mejor abandonar su casa y dejársela a un invasor decide decir «no»? ¿Y si decidimos reconocer a nuestro enemigo como tal y tratarlo de modo coherente?

1. Universidad de Bonn

A los 18 años Marx se matriculó por deseo expreso de su padre en la facultad de Derecho de la Universidad de Bonn, ciudad de la provincia del Rin prusiano y centro cultural de la Renania burguesa. 

Marx sólo pasó el curso 1835/1836, en el que asistió a las clases del crítico, traductor y filólogo August Wilhelm Schlegel. Quería matricularse en nueve cursos, pero su padre le escribió advirtiéndole que «Nueve cursos catedráticos me parecen demasiados, y no me gustaría que emprendieses más de lo que el espíritu y la carne puedan soportar. Pero si no encuentras dificultades, tanto mejor. El campo del conocimiento es infinito, y el tiempo es breve» (citado por Heinrich Gemkow, Carlos Marx, biografía completa, Traducción de Floreal Mazía, Cartago, Buenos Aires 1975, pág17). Pero la mayoría de los cursos no le interesaron y al final no se matriculó de todos.

De todos modos, en Bonn, más que estudiar jurisprudencia, Marx se dedicó a hacer «vida de estudiante». Durante el curso, Marx solía visitar el «Club de la taberna», visitas que terminaron mal a causa de la bebida, en las que Marx llegó incluso a ser detenido por la policía por tirar piedras contra una farola, pero no fue un castigo muy severo porque estuvo sólo un día y encima podía recibir la visita de sus compañeros. 

En las tabernas Marx adquirió el apodo de «El Moro» (Mohr), por su cabello negro y su tez morena, y así fue llamado por amigos y familiares hasta el fin de sus días (también le llamarían «Ghalley», derivado de Charley, diminutivo de Charles, Karl en inglés; y también «old Nick», el Diablo; su mujer lo llamaba «El Jabalí»). 

Marx contrajo muchas deudas que terminó pagando su padre, para escándalo del mismo. Por si fuera poco, en el mes de agosto de 1836, fue herido debajo del ojo izquierdo en un duelo contra un estudiante de la corporación de derecha denominada Borussia Korps. Duelo que tenía connotaciones políticas, porque se trataba de un enfrentamiento entre los renanos de clase media y los aristócratas prusianos. 

Su padre estaba indignado por la vida salvaje que llevaba el muchacho, y se quejaba de las «cuentas a lo Carlos sin ilación ni fruto» (citado por Franz Mehring, Carlos Marx, Traducción de Wenceslao Roces, Ediciones Grijalbo, Barcelona 1967, pág. 14). «Y no nos extraña, pues la verdad es que este gran teórico del dinero jamás ni en ningún momento de su vida le salieron bien las cuentas» (Ibid.).

2. Universidad de Berlín

Por todo eso su padre le ordenó que abandonase Bonn y se matriculase en la Universidad de Berlín en el otoño de 1836 (22 de octubre). Como observa Franz Mehring, es posible que el padre de Marx eligió que su hijo estudiase en Berlín por su patriotismo prusiano y porque en Berlín no había el ritmo de vida estudiantil de Bonn. Como escribió Feuerbach, «comparadas con esta casa de trabajo, las demás Universidades son verdaderas tabernas» (Mehring, Carlos Marx, pág. 19). 

En la Universidad de Berlín Marx cursó durante nueve semestres derecho, historia y filosofía y estuvo presente en las clases de Friedrich Karl von Savigny, de la Escuela Histórica del Derecho; en las de Eduard Gans, un hegeliano progresista que introdujo a Marx en el sistema hegeliano y que fue determinante para que abandonase la carrera de derecho por la de filosofía (y que dejó testimonio del «magnífico celo» con el que Marx asistía a los cursos que impartía); y en las de Henrik Steffens. Sin embargo, al parecer, el joven Marx, como los buenos estudiantes, estudiaba más por su propia cuenta.

Si Bonn era una ciudad pequeña, Berlín era una metrópolis con 300.000 habitantes, con una universidad de unos 2.100 estudiantes (frente a los 700 que tenía la de Bonn). Berlín era una ciudad que empezaba a industrializarse y a vislumbrarse el capitalismo, aunque los Estados alemanes seguían siendo Estados feudales o semifeudales. Berlín era el centro de la burocracia prusiana y a su vez de los intelectuales radicales que se oponían a aquélla.

Daniel Miguel López Rodríguez
Daniel Miguel López Rodríguez
Nacido en 1980. Vive en Cortegana (Huelva). Licenciado en filosofía por la Universidad de Sevilla. Máster de Filosofía y Cultura Moderna. Doctor en Filosofía (Sobresaliente Cum Laude) bajo la tesis titulada "Materialismo y espiritualismo. La crítica del materialismo filosófico al marxismo-leninismo".

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