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II concurso de relatos: 06-06-2022

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En el punto de mira

Teorías de la conspiración

Lleguemos a pensar que se convocan elecciones. Sabe que, por muchos altercados que produzcan afines al régimen en las calles para movilizar a votantes que deberían inhibirse por haber producido las lamentables condiciones actuales por su fanático e inquebrantable apoyo a todo lo que diga su Pedro, las elecciones están perdidas. Por mucho agravio que crea que ha generado con la propaganda de Maricarmen, no tiene los votos de su infame «Ley de Nietos», tampoco los votos de todos aquellos a los que ha traído y ha regalado la regularización.

Marruecos nos ha declarado la guerra comercial y España se ha rendido sin disparar

El régimen alauí lleva años desplegando una auténtica guerra híbrida, en la que la ofensiva comercial y económica constituye una de sus herramientas estratégicas más relevantes. Sus continuas victorias, como la que asfixia a la población de Ceuta este verano, no son por casualidad, sino más bien por la desidia criminal del gobierno español que mira para otro lado.

Ceuta y el colapso definitivo del régimen del 78

En los prolegómenos del nefasto Régimen del 78 se dio uno de los episodios más vergonzosos de la historia de España: la cesión del Sahara Español a Marruecos sin disparar ni un tiro. Estaba Franco todavía vivo, pero a causa de su enfermedad asumió interinamente la jefatura del Estado el que más adelante seria coronado como Juan Carlos I, y uno de los principales responsables de la implantación de este Régimen miserable.

Marruecos lo quiere todo

Hay una palabra que resume la política exterior española con Marruecos desde hace años, y esa palabra es sumisión, porque se entregó el Sáhara para comprar tranquilidad y no se compró absolutamente nada, se entregó la voz, el voto y el prestigio de un país que se suponía serio, y lo que ha llegado a cambio son setenta mil personas empujadas contra una frontera y un ministro extranjero reivindicando Ceuta y Melilla en una televisión que ven millones de personas en todo el mundo árabe.

¿Y si sí?

¿Y si reconocemos el problema? ¿Y si decidimos enfrentarlo de cara y con todas las consecuencias? ¿Y si el español al que quieren hacer pensar que es mejor abandonar su casa y dejársela a un invasor decide decir «no»? ¿Y si decidimos reconocer a nuestro enemigo como tal y tratarlo de modo coherente?

Publicamos un noveno trabajo perteneciente al II concurso de relatos “Una carta a un hijo” organizado por la escritora y farmacéutica, Esperanza Ruiz Adsuar, en colaboración con Posmodernia y las Bodegas Matsu perteneciente a la Denominación de Origen Toro. Dicho concurso durará hasta el próximo 31 de octubre de 2020. Bases para la participación en el concurso

Título: 06-06-2022

Pseudónimo: Fénix Granda


6 de Junio de 2022

Querida Morena: (porque así te llamarías de haber cuajado aquel amor de 1986 con aquella exótica québécoise); pero ella, como yo, estaba buscando, y como se le daba mejor encontrar, te libraste de un nombre extraño.

En realidad, mis veleidades paternales sólo aparecían cuando era consciente de que el bocado era mayor de lo que podía tragar, y era capaz de participar en deseos ajenos, con tal de retener lo que no creía merecer; todo prometer para meter y todo pedir para dejar introducir, eran las palancas que movían los registros civiles de entonces, y yo iba con la marea. 

Entreví en cada romance fulminante tu sonrisa de diablillo, tus medias lenguas, velar tu sueño; refrescar tu frente febril a besos e iluminarme con tus ojos puros; enseñarte el mundo como un cicerone roussoniano y ser el padre de la Casa de la pradera; pero intuía la pesadilla de verte como una hadita envejecida con nubarrones de amargura en la mirada y las comisuras sujetas a la ley de gravedad. 

Ser bipolar te hace consciente de que debes ser cauteloso con los posibles legados; en el subidón, quieres participar de la fiesta atolondrada de la especie y tanto te apuntas a la felicidad como a los hijos o las hipotecas. Luego, en primavera u otoño, borras con el codo lo que escribiste pedo de vida y entusiasmos. Abominas de prolongar en otros las sombras pegajosas, de transferir el infortunio y las ansias, no sólo de morir, como decía Pessoa, sino las más improbables de no haber existido. Un día te sientes hermoso, poderoso, y en un suspiro, te encuentras agonizante y arrastrándote a dormir como vía de escape; por eso, Lucía, ibas y venías en mis proyectos vitales, algo así como un Guadiana del linaje.

Alérgico a las responsabilidades a largo plazo por saber que en cada equinoccio no habría de estar en condiciones de afrontarlas, ni ser apto para la entrega sin reservas ni la perseverancia, te pasaste muchos años en el dique seco; un poco por eso, y otro poco porque hay ensueños que son como el tango, para el que hacen falta dos. 

No sé si por no estar muy puesto en el mundo, o no leer los cotilleos, fuiste Martina, cuando me enamoré de una tenista checa y me dejé enredar por devaneos de amoríos ilusorios, a falta de otros más palpables; y es que las hormonas, cuando aún están en forma, te imponen fantasías a falta de pan.

La mayoría de los hombres aspiran a tener un hijo que herede su imperio o le resarza de todas las frustraciones o lo que consideran traspiés a sus ambiciones; sueñan con su Messi o su Bill gates para demostrar que tenían madera de héroe, pero les faltó pericia en la ejecución, o mejor dicho, lo tuvieron todo en contra, y así no hay quien pueda. 

Con el mejor valedor, y en segunda instancia, a través de su pupilo, el mundo sabrá quién es uno. Nunca fue mi caso.

 Siempre te quise niña, porque el universo masculino que conocí, me parecía muy tosco, y en mi desconocimiento del misterioso olimpo femenino, me parecía más juicioso optar por el plan B; en aquellos tiempos, sólo había dos sexos.

Decidí finalmente que te llamaría Clara, estremecido por la historia de: La muerte de Omar Muharib; siempre fui muy sensible a las historias tristes de los endemoniados, porque en el fondo, me veía en ellas. 

El amor de aquel pobre diablo por su hija era tan conmovedor que quise darle una oportunidad de redención al personaje; romper un maleficio aunque fuera de ficción para poner orden en la cosmogonía del dolor interminable de no acertar nunca.

Claro, quiero que sepas que siempre aceptaré lo que decidas, en esto y en todo; te quiero sin condiciones. En el fondo me alegra saber que tenemos algo más en común.

 Sólo deseo que la operación no implique riesgos y Julieta y tú seáis felices.
Pierre

                                                                                                          

Redacción
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Posmodernia. Centro de análisis y estudios políticos, económicos y sociales.

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