Reseña de “El poder que frena”

Reseña de “El poder que frena". Alberto Buela

Título: “El poder que frena, ensayo de teología política

Autor: Cacciari, Massimo

Editorial: Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 2015. Ed. Adelphi, Italia, 2013, 148 págs.


Me llegó un poco tarde este pequeño libro del filósofo veneciano pues el jurista Luis María Bandieri me lo prometió hace como cinco años pero se lo regaló a otro, quien a su vez prometió alcanzármelo pero se olvidó.


El tema me interesa porque nosotros escribimos, por sugerencia del politólogo Horacio Cagni, allá por 2013 El katéchon como idea metapolítica.(1)

Trabajo que fue publicado en infinidad de sitios de Intenet así como en varias revistas de papel. Y allí sosteníamos de entrada nomás que: “Impedimento se dice en griego κατεχον que debe castellanizarse como katéchon y pronunciarse katéjon, es el participio presente del verbo κατεχω (katécho) que significa: retener, agarrar, impedir, frenar. Es el apóstol San Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses, versículos 6 y 7, quien lo utiliza por primera vez como idea de obstáculo, de impedimento, a la venida del Anticristo. Veinte siglos después, es el filósofo del derecho y jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985) quien en varios trabajos suyos recupera la idea de katéchon otorgándole una significación politológica”.


Y en este libro lo primero que nos llamó la atención fue que el término κατεχον sea trasliterado por katékhon cuando en griego la χ se traslitera por ch. Lo que supone una gran arbitrariedad de Cacciari para llamar la atención. Y no es que no sepa, de lo contrario no se explica el por qué a lo largo de todo el libro cuando menciona términos que llevan χ los cambia por ch, y no por kh, como en los casos del infinitivo de katechein (p.24), epoché (p.27), eschaton (p.45, 105,106), didaché (p.48), cuando cita el trabajo de P. Metzger, Il katéchon una fondazione esegetica (p.48), techné (p.114), chaos (p.115) y se terminó el opúsculo. Luego vienen los textos breves de los autores que comentan el katéchon desde San Pablo hasta Calvino, salteándose los grandes comentadores de la Baja Edad Media, de la modernidad y los de hoy día. Se nota que esta parte del trabajo es una recopilación ordenada a sus alumnos.


El libro abunda ad nauseam de términos latinos de innecesaria mención cuando la redacción del texto no lo exige, pero el tano le da como gallego a la gaita para demostrar vaya a saber qué.
Así una vez que se aclara que discessio significa apostasía, que Antikeimenos significa Adversario, Antichristos =Anticristo, novitas=novedad, auctoritas= autoridad, potestas= poder, Auctor= Autor, ira Dei= ira de Dios, pólemos=guerra, cum auctoritate= con autoridad, perditio=perdición, grandes exempla= grandes ejemplos y así hasta el infinito,


Y aun cuando dice de entrada que disiente de Schmitt acepta traducir homo iniquitatis como hombre de la anomia e Iniquus como Anomos.
Cuando el Diablo o el Mal no se limita a la Anomia como suelen hacer los juristas quienes por gajes del oficio vinculan el mal a la anomia social.
El libro tiene diez capítulos que se nota fueron clases dictadas y su estilo denota la oralidad del texto por sus reiteradas repeticiones. Carece de una tesis central y opiniones, algunas contradictorias con otras ya vertidas, lo que hacen de su lectura algo en muchos pasajes.


No se detiene a estudiar la clásica distinción paulina entre ho katéchon y to katéchon. Y cuando la menciona al pasar, prácticamente, las asimila. Según el subtítulo es un ensayo de teología política que carece de sacralidad. O peor aún, en el último capítulo se transforma en profeta pagano cuando afirma suelto de cuerpo: “En su dimensión más elevada y más fuerte el katékhon pertenece a la familia de los Titanes… cuando el tiempo del fin se haya realizado ya no dominará Prometeo sino Epimeteo.”
¿Qué tiene que ver la gordura con la hinchazón? El apocalipsis abreviado de San Pablo con la teología pagana de Jünger y su teoría de los titanes.
Para concluir con semejante boutade de una arbitrariedad mayúscula, sin ningún atisbo de prueba teológica ni razonamiento filosófico, no era necesario escribir un brulote.


Durante muchos años hemos leído a Cacciari, quien tiene textos admirables como aquel donde habla de la “pax apparents” como la forma que han adoptado los gobiernos actuales, que no resuelven los conflictos sino que simplemente los administran con la esperanza que los conflictos se resuelvan por sí mismos. Pero este libro no vale la pena. Es inobjetable porque no tiene objeto. Es el clásico libro de los profesores de cátedra universitarios que lo editan para vender a sus alumnos.


[1]Este texto saldrá publicado próximamente en España, en editorial Welle bajo el título Lengua e Identidad

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