Reseña de “La noche de autos”

Título: La noche de autos

Autor: Francisco José Fernández-Cruz Sequera,‎ Tatiana Ballesteros Herrero,‎ Jorge García Vergara,‎ Elizabeth Pérez

Editorial: Editorial EAS

La narrativa policial —llámese “novela negra”, “policíaca”, “detectivesca” … —, está de moda. Muy de moda. Un informe patrocinado por algunas de las más prestigiosas revistas literarias europeas (2017), establece un hecho incontrovertible: de cada diez best-sellers de narrativa en el ámbito de la UE, siete son novelas de este género. Es una buena noticia para los amantes de la especialidad. A quienes no nos entusiasma, nos deja fríos aunque no indiferentes. Nos hace pensar en las causas que han ido definiendo y decantando el fenómeno, probablemente relacionadas con la obsesión del individuo contemporáneo por explicarse el magma caótico de su realidad y, sobre todo, darle un final feliz; en todo caso, obtener un poco de justicia reparadora.

Prefiero la literatura más realista. Por eso mismo no me atrae demasiado el género policial, pero me entusiasman las crónicas criminales, cuanto más depuradas y talladas por el trabajo de profesionales y expertos, mejor. Hace ya muchos años que empecé a interesarme por este, digamos, subgénero periodístico-literario. Allá por 1990 tuve el privilegio de conocer al escritor alicantino Enrique Cerdán Tato, cuyo libro “Matar con Mozart y 29 atrocidades más” acababa de publicarse en la editorial Aguaclara. portadanochedeautos_webFue una especie de desvelamiento, la comprobación de que era posible combinar la “verticalidad” de lo literario con la minuciosa “horizontalidad” del relato periodístico. No me era ajeno, desde luego, el antecedente canónico de “A sangre fría”, de Capote; sin embargo, precisamente por clásico, por referente modélico, se me antojaba un esfuerzo demasiado lejano, del todo inalcanzable. El libro de Cerdán Tato me descubrió algo que según se formula parece muy simple, de puro sentido común, pero extremadamente complicado de aceptar para un escritor español de la época: para que el relato de un crimen real posea el prestigio de lo literario, no es necesario que haya sucedido en Kansas, que se haya ocupado del mismo un novelista de la inmensa talla de Truman Capote ni que Richard Brooks le dedicase una película tan esmerada como exitosa. Pues no nos engañemos: en España, en aquellos tiempos y ámbitos, lo que no era ficción subrayada por el halo sangriento de la lucha de clases —Jarrapellejos, por ejemplo —, era carpetovetonismo —La familia de Pascual Duerte —. Así fue durante años y años, hasta que apareció en librerías la colección La huella del crimen, dirigida por el fiscal Jesús Vicente Chamorro y unos cuantos arriesgados más, relatos que posteriormente serían adaptados para serie televisiva con el mismo título y notable éxito. Fue el momento del despegue.

Y en esa línea se sitúa —a lo que vamos —, La noche de autos. Este libro, extenso, prolijamente documentado, expuesto con inusual rigor y amenidad, es fruto no sólo del empeño de sus autores —Francisco J. Fernández-Cruz Sequera, Tatiana Ballesteros, Elizabeth Pérez y Jorge García —, sino, además, de una larga trayectoria de la crónica negra publicada y depurada como género periodístico. El programa de radio con el mismo título, emitido por radioya.es, nutre los contenidos de cada capítulo, en los cuales se desarrollan y desmenuzan distintos crímenes y hechos delictivos desde el punto de vista policíaco-forense. Los informes de los investigadores son exhaustivos y el análisis de los expertos nos otorga la perspectiva real desde la que puede —y debe —, enmarcarse el sentido de cada uno de estos episodios.

El arranque de La noche de autos es espectacular: “Desde 1985 a 1995, en la comarca de la Hoya de Buñol [Valencia], desaparecieron 23 jóvenes y aparecieron 18 cadáveres. Todos estos casos (incluido el de Alcásser) siguen sin resolverse). Y en España hay más de 14000 personas desaparecidas”. Sin desvelar detalles que pertenecen legítimamente a la satisfacción y curiosidad de cada lectura particular, me permito adelantar que en La noche de autos se mantiene como un pálpito inquietante, un macabra sospecha no confirmada por pruebas irrefutables pero avalada por la persistencia de los hechos, su recurrencia sistemática; la pertinencia de esta sospecha como conjetura es sólida: ninguna otra explicación la anula como argumento posible y, además, línea de trabajo adecuada para los investigadores. Podría resumirse más o menos así: en determinadas comarcas españolas, en especial en el Levante, se producen de manera periódica asesinatos de personas jóvenes que quedan sin esclarecer en su mayor parte. Por los detalles espeluznantes de muchos de estos casos, cabe pensar sin desatino en la existencia de una “trama” o pervertida red de asesinos múltiples, rituales satánicos, orgías sexuales con final letal, violaciones colectivas, etc. El asunto es desagradable, horripilante. Contado en La noche de autos, apasionante.

No adelanto más sobre una lectura para mí cautivadora desde la primera página. Me conformo, de momento y a falta de poder comentar en algún foro o comunidad de seguidores de este libro y su correspondiente programa radiofónico, con saludar la aparición de la obra, su oportunidad y, desde luego, notable aportación a este género “realista” en el que toda explicación y, lamentablemente, todo horror concebible por la imaginación humana es posible.

No se lo pierdan.

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