Verdugos humanitarios

Verdugos humanitarios. Rubén Pulido

“Si nadie los rescata, se ahogan en el mar”, dirían desde trincheras pseudo–humanitarias con el único fin de hurgar en nuestra consciencia con una de las armas más nauseabundas de las utilizadas por este tipo de lobos con piel de cordero, la tragedia humana.

Si alguien los rescata, se ahogarán más en el mar, seria un tanto más correcto. Sin intención, Dios me libre, de tratar de imponer un pensamiento único, algo que ellos si trataran de hacer sirviéndose de todo el aparato de propaganda mediática a su alcance. Ya lo quisiera un servidor a fin de que estas palabras trasciendan más allá del que amablemente ha dedicado unos minutos a leer esta humilde reflexión.

Miren, yo voy a ir más allá, ni dispongo de altavoces de alta potencia, ni cuento con la aprobación de gran parte de la ciudadanía, pero pienso que estoy en el deber moral de transmitiros mi percepción, si se puede entender así. Que en los últimos años hayan fallecido más de 20.000 personas en el Mediterráneo Central no es fruto de la casualidad, pero tampoco es fruto, en primera instancia, de una Europa indolente ante esta tragedia.

Corría el año 2017 cuando tras un 2016 en el que tuvieron lugar mas de 180.000 entradas de inmigrantes ilegales en suelo italiano y un acumulado de desaparecidos superior a 4.500 en el Mediterráneo Central, Elizabeth Collett, del Migration Policy Institute (MPI), en un ejercicio de humildad y honestidad, transmitía las siguientes palabras a través del conocido medio Deutsche Welle: “Están en barcos que no pueden ir más allá de unas pocas millas de la costa libia. Sin embargo, están utilizando esos barcos debido a la presencia de las ONG”.

Las palabras de Collet pasaron desapercibidas, iban contra los propósitos de una decena de organizaciones humanitarias que por aquel entonces operaban de forma indiscriminada en el denominado triangulo de las mafias libias con una intencionalidad clara, desplazar a suelo europeo el máximo numero de inmigrantes ilegales en el menor espacio de tiempo posible. Y puede sonar poco edulcorado, salado o amargo, pero fue y es así.

 Monitorizaciones marítimas correspondientes a los operativos realizados desde febrero del año 2017 a julio del año 2019 por la organización humanitaria Open Arms frente al área de operatividad de las mafias libias. Fuente: se utiliza el software MarineTraffic.

Más tarde y en la misma línea de honestidad, se publicó el informe del Global Initiative Against Transnational Organized Crime(GITOC). Dicha entidad, exponía en un minucioso análisis de la situación cómo las mafias que operaban en territorio libio se habían adaptado a los operativos de las organizaciones humanitarias existentes en dicha zona del Mediterráneo Central, optando en este punto por una simplificación logística (uso de embarcaciones más económicas y precarias) a sabiendas de que estas ONG operaban cada vez más cerca de la costa libia.

El GITOC llegó incluso a exponer la dura critica que pesaba por aquel entonces sobre estos operativos de rescate desde los anales del sentido común. Hablo de ese factor atracción que dichas entidades habían creado en el triangulo de las mafias libias: “Mare Nostrum (conjunto de operaciones de rescate en la zona libia) estaba creando un factor de atracción al tiempo que hacía la travesía más peligrosa porque daba a los contrabandistas costeros una red de seguridad que les permitía asumir mayores riesgos”, sostuvo el Global Initiative Against Transnational Organized Crime en un informe del año 2017.

Detalle de lo contemplado en el citado informe del GITOC en su pag. 44.

Todo lo expuesto con anterioridad no atiende a ningún tipo de teoría de la conspiración. Ahí quedan los estudios y los análisis de organismos avalados por entidades publicas a los cuales se les presume una opinión libre de toda injerencia ideológica o política. Le verdad, sin mas.

Dichos análisis vienen también avalados por los hechos, nadie puede negar las estadísticas. Y si alguien analiza minuciosamente los informes del proyecto Missing Migrants de la International Organization for Migration (IOM) de Naciones Unidas, podrá comprobar cómo el número de fallecidos en el Mediterráneo Central aumenta o disminuye en función de una mayor o menor presencia de estas organizaciones humanitarias en esa zona donde traficantes libios desarrollan la mayor parte de sus operaciones.

También podemos establecer dicho análisis desde una perspectiva más cercana, podemos hacer uso de nuestra memoria más cortoplacista y comenzar a recordar en cuántas ocasiones en los últimos años nos hemos topado con noticias relativas a naufragios en el área atlántica, en esa ruta que desde el 2019 es utilizada por cada vez más traficantes para fletar a miles de inmigrantes ilegales con destino al archipiélago canario.

Causalmente el que os escribe ha sido duramente critico con los operativos de rescate desarrollados por una entidad pública, Salvamento Marítimo, que repite los patrones expuestos con anterioridad. Sus funciones se desarrollan cada vez más cercanas a las costas de origen de esta inmigración ilegal, y por consiguiente, el uso de embarcaciones neumáticas (una logística más económica y precaria) es cada vez más frecuente, surgiendo así nuevas situaciones de emergencia y un numero de fallecidos que va en aumento, porque las mafias no entienden de humanitarismo, entienden de costes y beneficios. Entonces, ¿quién crea el problema?

Lo más importante créanme no es quién crea el problema, una vez creado, ¿quién lo soluciona y cómo? Pues miren, no es tan complejo y el principal ingrediente esta a mano de cualquier hijo de vecino: determinación. Y esta determinación no pasa por otra cosa que la aplicación pura de nuestra legislación marítima. Si una embarcación interceptada a 30 millas náuticas de costas de Tarfaya (Marruecos), por poner un ejemplo real y conciso, es enviada al puerto seguro más cercano (en cumplimiento y respeto al derecho marítimo) en lugar de ser desplazada a las Islas Canarias, para las mafias dejará de tener sentido todo este sucio negocio. Es más, si tanto preocupan a este tipo de organizaciones el bienestar de sus “migrantes”, ahórrenle travesías dilatadas e innecesarias.

Madrugada del miércoles 26 de enero, un total de cinco embarcaciones en las que viajaban 199 inmigrantes ilegales fueron asistidas a aproximadamente 36 millas náuticas de las costas de Tarfaya (Marruecos) y a más de 44 millas náuticas de la isla de Lanzarote. Fuente: MarineTraffic.

Ellos evidencian un problema y el que os escribe ha tratado de evidenciar la raíz del mismo. Ahora solo queda el ejercicio más complicado, que todas estas organizaciones comiencen a generar sus dosis de moralidad desde un punto situado algo más arriba de sus estómagos. Solo así podré percibirlas como organizaciones humanitarias, hasta entonces para un humilde servidor serán verdugos humanitarios.

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