No se preocupe el lector, pues no será un artículo denso y farragoso. Ni tampoco voy a destripar con saña lo sucedido la noche del 31 de Diciembre en TVE. Mi intención, dentro de la crítica, será con intención descriptiva y, finalmente, algo prescriptiva.
Primero nos tenemos que retrotraer a las campanadas retransmitidas por la televisión pública la noche que fue del 2024 al 2025. Creo que todos recordamos al bienpagado Broncano con la señorita -pretendidamente humorista- haciendo las delicias del humor vacío y faltón de colegio. Se tuvo ese año una gran altura de miras en la selección del personal. Aunque eso ayudó a recobrar el liderazgo de audiencia en la retransmisión de las campanadas. Fue el morbo de los ridículos vestidos sorpresa de una señorita en otro canal contra el morbo de los siervos del gobierno.
Pero llevamos años cayendo en esta dinámica. Si lo analizamos, lo de Estopa con Chenoa ha sido lo más convencional y neutral que nos ha ofrecido TVE los últimos años. Ya no por Broncano y su gran amiga. Es que podemos retroceder más. Pensemos que antes de eso, nos devolvieron a Ramón García. Pero tenía truco, nos iban a devolver a Ramón García y su capa, pero vestido de pantera rosa y acompañado por una tal Ana Mena -que en su casa la conocerán a la hora de comer- y la famosa Jenny Hermoso. Nos pusieron un peaje muy caro para el regreso de Ramontxu, un beso envenenado. Y antes de tales campanadas, nos quitaron a Anne Igartiburu para poner a Ana Obregón y a los Morancos. Si lo vemos con perspectiva, en 2022-23 nos quitaron a Anne Igartiburu para poner a unos presentadores que, dentro de representar una ruptura, seguían siendo aceptables. Al siguiente avanzaron en su programa de ruptura trayendo efímeramente a Ramón García, pero diluido en una atmósfera ideológica. Tras esas campanadas, la estampita de la vaca.
Quitaron a Ramón García, después a Anne Igartiburu, luego nos devolvieron un año a Ramón con personajes de actualidad que despiertan abierta división y, finalmente, metieron a propagandistas.
Las campanadas son una tradición en la que TVE tuvo papel fundador y, sin mucho esfuerzo, podría haber mantenido un liderazgo intacto a largo plazo. Y aunque lo recuperan a veces -con Estopa, por ejemplo-, ya lo han perdido en otras tantas ocasiones. ¿Por qué? Porque han renunciado al rol que tenían. Ya no representan la tradición. TVE fue la causa de que todos los españoles tuviéramos la conciencia de que nuestra unión en esos últimos instantes del año eran dos vascos dando las campanadas desde Madrid. Jamás ha habido nada tan español como dos vascos en la Puerta del Sol. Otros canales llegaron a intentar imitar la fórmula para competir. Jamás lo consiguieron así. Tuvieron que usar la fórmula del morbo para competir contra TVE. Y así apareció la cosa de los vestidos. ¿Qué hizo TVE ante eso? Ya lo hemos visto en los últimos años. Abandonaron su rol fundador y vertebrador de tal tradición para entrar en la competencia por el esperpento y la politización. Y así hemos llegado a la pelea de gallos estrambóticos que son las audiencias de las campanadas entre TVE y A3. Llegando a un punto en que pareciera que A3 se convirtió en el refugio de la tradición cuando nunca lo fueron ni lo son. Sí, la carta del morbo y el espectáculo, tras años, se ha convertido en una especie de tradición por sí misma, pero no podría decir jamás que tal canal representa ni vertebra la tradición de las campanadas. Tampoco TVE, porque en su imparable y heróico camino hacia el ridículo y la sumisión política completas, han renunciado a tal papel de casa de todos los españoles para las campanadas. A los ejemplos de los últimos años me remito.
Pero volvamos a las campanadas de este año con Estopa y Chenoa para intentar finalizar el asunto de los comentarios y el rol de TVE.
¿Me parecieron inoportunos e inadecuados los comentarios de los hermanos Muñoz con lo del «pollazo» y la «pipitilla? Sí, completamente. Un evento tan importante, con tanta audiencia, con tanta preparación y que cae en esos comentarios de cena familiar, no dice mucho de la profesionalidad. Solo faltó que alguien saltara a ese balcón en cueros en plan Jimmy Jump en pleno partido de fútbol. Pero no les tengo en cuenta tal cosa a Estopa. Al fin y al cabo, no es su oficio y bastante disposición mostraron cuando Andreu Buenafuente y Silvia Abril se dieron de baja. Y hay que decir que lo nulo del encaje entre los hermanos Muñoz y Chenoa, merecía ser visto. Fue como ver a la universitaria de barrio pijo tomando unas cañas con sus primos de Cornellà y aguantando la tormenta de comentarios. Fue inadecuado, sí. Sobraban, evidentemente. Pero como sobra un taco de un niño en plena ceremonia de boda, sobra pero con gracia. Y viendo la que nos ha ido cayendo año tras año con las campanadas en TVE, me doy por satisfecho. Siempre mejor Estopa haciendo gracias que personajillos propagandistas del gobierno.
Pero de esto podemos sacar una lección. Si realmente apreciamos las tradiciones y que un evento festivo tan crítico en nuestra cultura sea respetado, hay que buscar alternativas. Si queremos que esos instantes mezcla de solemnidad, de simpatía y, también, de magia, vuelvan a su cauce natural y no a una pelea por las audiencias entre canales por ver quién convierte dicho evento en algo más estrafalario y cercano a un mal viaje durante Eurovisión, tenemos una oportunidad. Porque estamos huérfanos. Y hay una potente oportunidad para que se recupere, por parte del medio o persona que fuere, unas campanadas como deben ser. No tengo nada contra Estopa, han sido los mejores de los últimos años. Pero eso habla de lo que han hecho con nuestras tradiciones y de lo que pretenden seguir haciendo con nuestro país y nuestra cultura. Convertirlo todo en un circo de los horrores ideologizado y al servicio de los intereses de gente que jamás consumirán esa basura que nos ofrecen forzosamente a nosotros.