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¿Sueña el gobierno con unicornios carnívoros?

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En el punto de mira

Teorías de la conspiración

Lleguemos a pensar que se convocan elecciones. Sabe que, por muchos altercados que produzcan afines al régimen en las calles para movilizar a votantes que deberían inhibirse por haber producido las lamentables condiciones actuales por su fanático e inquebrantable apoyo a todo lo que diga su Pedro, las elecciones están perdidas. Por mucho agravio que crea que ha generado con la propaganda de Maricarmen, no tiene los votos de su infame «Ley de Nietos», tampoco los votos de todos aquellos a los que ha traído y ha regalado la regularización.

Marruecos nos ha declarado la guerra comercial y España se ha rendido sin disparar

El régimen alauí lleva años desplegando una auténtica guerra híbrida, en la que la ofensiva comercial y económica constituye una de sus herramientas estratégicas más relevantes. Sus continuas victorias, como la que asfixia a la población de Ceuta este verano, no son por casualidad, sino más bien por la desidia criminal del gobierno español que mira para otro lado.

Ceuta y el colapso definitivo del régimen del 78

En los prolegómenos del nefasto Régimen del 78 se dio uno de los episodios más vergonzosos de la historia de España: la cesión del Sahara Español a Marruecos sin disparar ni un tiro. Estaba Franco todavía vivo, pero a causa de su enfermedad asumió interinamente la jefatura del Estado el que más adelante seria coronado como Juan Carlos I, y uno de los principales responsables de la implantación de este Régimen miserable.

Marruecos lo quiere todo

Hay una palabra que resume la política exterior española con Marruecos desde hace años, y esa palabra es sumisión, porque se entregó el Sáhara para comprar tranquilidad y no se compró absolutamente nada, se entregó la voz, el voto y el prestigio de un país que se suponía serio, y lo que ha llegado a cambio son setenta mil personas empujadas contra una frontera y un ministro extranjero reivindicando Ceuta y Melilla en una televisión que ven millones de personas en todo el mundo árabe.

¿Y si sí?

¿Y si reconocemos el problema? ¿Y si decidimos enfrentarlo de cara y con todas las consecuencias? ¿Y si el español al que quieren hacer pensar que es mejor abandonar su casa y dejársela a un invasor decide decir «no»? ¿Y si decidimos reconocer a nuestro enemigo como tal y tratarlo de modo coherente?

Muy oportunos aunque muy despistados andan el gobierno de España y su ministerio de Asuntos Sociales y Agenda 2030 con el anuncio “Basta de Distopías”. Desde aquellas altas rocas pudiera verse el mar, pero sólo se atisban las flores del terror. Porque la distopía son ellos.

“Lo que somos capaces de imaginar es lo que somos capaces de hacer”, afirma la locución del famoso vídeo. Otro espanto. ¿Esta gente aún no se ha enterado de que forzar la realidad para suplantarla por las ideas que sólo existen en las cabezas de los visionarios es el camino más rápido y más seguro hacia el desastre, la guillotina y la miseria? Evidentemente lo saben, pero ignorar la historia es especialidad de esta peña: contumaces, se estrellarán contra el muro las veces que haga falta; y se empeñarán en que nos estrellemos con ellos una vez y otra hasta el aniquilamiento, hasta el horizonte más negro que la noche en los desiertos del fundamentalismo neoprogre.

Mala fama y peor crédito urden contra las distopías ficcionarias, osados en su tiniebla y tal vez en su pereza, esquivando maliciosamente la simple verdad de que el tramado de distopías es un ejercicio sanísimo que nos previene contra escenarios indeseables, en tanto que proponer utopías, o sea, pasar de las ideas bondadosas a los hechos bizarros, es afilada pulsión de los redentores salvajes de la humanidad, los que están dispuestos a ofrendar las vidas de muchos —a excepción de la propia, generalmente— en aras del paraíso que nunca ha de llegar por culpa de los malos. Aunque hay algo nuevo en el discurso, lo admito; una reversión de argumentos que no deja de ser interesante, pues método pertinaz de nuestros libertadores ha sido, por tradición, comparar la sociedad real con la sociedad ideal concebida en sus mentes hiperventiladas; y ahí, claro está, pierde la realidad y gana la delirante necesidad de construir un mundo con las ruinas del anterior, cascajo a cascajo. El spotinstitucional, por el contrario, compara lo inexistente, la distopía, con la pura y roñosa realidad que ya se atisba y amanece poderosa bajo el poder de estas jarcas que nos gobiernan: básicamente, una sociedad en la que se nace sin sexo, sin familia y sin patria, se trabaja, se consume, se queja uno tres o cuatro veces de las humillaciones históricas sufridas por el “colectivo” al que se pertenezca —hay donde elegir— y llegado al punto en que la vejez nos impida disfrutar de la soledad y la pobreza se pide la eutanasia y se muere más vacío y más triste que un mitin de Ciudadanos. Y a otra cosa. Hacer hueco voluntario para las siguientes generaciones de privilegiados será nuestra última aportación a la gran utopía de la igualdad.

No y desde luego que no: no basta de distopías. Al contrario, necesitamos imaginar —imaginar— más situaciones de penuria en el futuro, alertarnos contra cualquier designio devastador de los muchos que nos tienen preparados, amurallarnos contra la utopía de quienes consideran que la justicia infinita consiste en que todos seamos esclavos de la milagrosa miseria —material y moral— propia de aquellos felices mundos habitados por unicornios carnívoros con los que ellos sueñan. Bueno, “todos” es muchos decir: hay que señalar la excepción, naturalmente, de los dueños del piano y de quienes administran el concierto en su nombre; esos no tienen por qué ser pobres ya que hacen mucho y filantrópico bien a la humanidad mientras son los más ricos del planeta. Resumiendo al fin: anda ya, hombre… No me jodas.

Por cierto y al césar lo que es del césar: el anuncio, estéticamente, es impecable. Razón de más para insistir en ello: no me jodas porque la distopía sois vosotros.

Vídeo:

 

José Vicente Pascual
José Vicente Pascual
Escritor y novelista

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