Teníamos razón en casi todo

Teníamos razón en casi todo. José Alsina Calvés

Pertenezco a la generación que le tocó vivir su juventud en la “gloriosa transición”.  En estos años tuve el honor de militar en Fuerza Nueva, en el Frente Nacional de la Juventud y en el Frente de la Juventud. Aunque eran organizaciones distintas, todas tenían en común la denuncia de una transición que iba a traernos un régimen nefasto.

Considerábamos que un proceso de transición política que estaba patrocinado y dirigido por potencias exteriores (la socialdemocracia alemana y la CIA norteamericana) no podía, de ningún modo, ser bueno para España.

Estábamos convencidos que el pasteleo de los partidos políticos que dirigieron el consenso que dio lugar a la nefasta Constitución de 1978, respondía únicamente a sus interesas particulares y cortoplacistas, y que iba a dar lugar a una partitocracia, en la cual las elites corruptas de estos partidos iban a dirigir la vida nacional.

Veíamos claro que el incluir a partidos nacionalistas en el “consenso” sembraba las bases para la futura descomposición de España. Asimismo, que el Estado de las autonomías, lejos de aplacar a los separatistas, iba a darles poder e influencia para sus nefastos objetivos.

Proclamaos que don Juan Carlos de Borbón era un traidor y un perjuro, que había entregado el Sahara a Marruecos y que había traicionado todos sus juramentos de lealtad.

Sabíamos que la entrada en el Mercado Común (hoy UE) y en la OTAN iba a acabar con la soberanía de España.

Nadie nos hizo caso. Éramos los ultras, los “fachas”, los “nostálgicos” del franquismo (¿nostálgicos? ¿a los 20 años?).

Solamente nos equivocamos en una cosa: pensar que el comunismo dirigía este proceso. No vimos que, en la lógica de la Guerra Fría, uno de los objetivos de este proceso era alejar al comunismo del poder, dado su prestigio al haber sido la única fuerza de oposición real al franquismo. Los que dirigían la transición preferían una España rota que una España roja.

Hoy, la putrefacción política en que vive España nos da la razón. Pedro Sánchez y su gobierno de delincuentes no es un accidente, es la consecuencia lógica del régimen del 78. Las fuerzas políticas que le apoyan buscan exclusivamente sus intereses partidistas. Para la izquierda “caniche”, esta izquierda que se preocupa solamente de LGTBI, de inmigrantes y de la “salvación del planeta”, mantener a Sánchez significa continuar en la poltrona. Los partidos separatistas ven en la debilidad de Sánchez una magnífica ocasión para seguir avanzando en la destrucción de España. Unos y otros son cómplices miserables de los puteros y cocainómanos de la banda del Peugeot.

La “alternativa” no es más tranquilizadora. Un Partido Popular que tuvo en su momento episodios de corrupción tan graves como los del PSOE, con una agenda política inexistente, que, más bien parece el PSOE con veinte años de retraso, y que asume la misma ensalada ideológica globalista: inmigracionismo, ideología de género, agenda verde; entusiasta del Estado de las autonomías y absolutamente servil ante la UE y la OTAN. Un Partido Popular cuyo homologo europeo gobierna la UE en coalición con el Partido Socialista, bajo la dirección de esta bruja nefasta llamada von der Leyen. Cuyo homologa alemán gobierna en coalición con los socialistas germanos. Un partido que no es más que el recambio temporal para seguir manteniendo el nefasto régimen del 78.

Teníamos razón en casi todo. O acabamos con esta partitocracia corrupta, o esta acabará con España.

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