II concurso de relatos: Queridísima Elena

Publicamos un séptimo trabajo perteneciente al II concurso de relatos “Una carta a un hijo”organizado por la escritora y farmacéutica, Esperanza Ruiz Adsuar, en colaboración con Posmodernia y las Bodegas Matsu perteneciente a la Denominación de Origen Toro. Dicho concurso durará hasta el próximo 31 de octubre de 2020. Bases para la participación en el concurso

Título: Queridísima Elena

Pseudónimo: Centurión Racer


Queridísima Elena,

…desde el frente de batalla. Para una carta, es un atípico comienzo, Ele, pero no he podido evitar las coincidencias con este título del libro de mi amigo Fernando (¿te acuerdas?) y esos frentes en los que, de una u otra manera, anduvimos y andamos inmersos con el paso cambiado por razones varias.

Reías, reíamos, tras su publicación y las repetidas mini-misivas matutinas, según mis ganas o inspiración al amanecer, en un post-it(¡cada día de un color!) en el que te dejaba el consejo del día cuando salías para el instituto y, años después, antes de coger el metro camino de la uni. Luego, nos empezó a poder la vida y nuestras rutinas, horarios y trabajo comenzaron a negarnos esa complicidad que, con los años, se ha ido diluyendo.

Ahora es diferente. Es hora de poner en práctica todos tus conocimientos y el contenido de aquellas letras que servían de guía, del timón que pretendía marcarte el rumbo en un mundo que, por aquel entonces, no presentaba la cara hostil del que, por desgracia, ahora te toca vivir y sufrir. Es lo que hay y no me taches de conspiranoico y de tal o cual paranoia. Tú, aunque no lo digas, piensas lo mismo. Nos conocemos. ¡Ojalá me equivocara al respecto y pudiera comerme mis palabras! 

He de escribirte con sinceridad, sin tapujos, como hablamos en nuestras conversaciones, con la perspectiva (y jarras de cerveza de los viernes) que compartimos, con las expectativas que creamos, con los sueños que anhelamos. 

Y, por eso, no escondo ni camuflo este léxico ni su contenido o intenciones. No hay razón para cambiar el patrón. Somos así, una especie de rara avislingüística; puede que, incluso, anacrónica en estos tiempos que corren, aunque intenten cortarnos las alas por ser como somos o pensar como ellos no piensan. Y somos antagónicos, también, del pensamiento de muchos otros que nos rodean. A mucha honra.

Ya sabes eso de Like father like son o.daughter, en este caso. Y no por el postureo o el lenguaje inclusivo, sino por lo que eres y, como hija mayor, representas. ¡Estamos nosotros para «postus» o para ser políticamente correctos! ¡Con la que está cayendo! No nos conocen a pesar de sus vanos intentos de control y geolocalización. 

Sin embargo, seguiremos siendo así, sin complejos. No cambiaremos nuestro discurso ni los términos que usamos en nuestra cotidianeidad. La mainstreampuede esperar; allí, alejada a años luz de ese pensamiento y espíritu crítico que compartimos. Nosotros, a lo nuestro; poniéndonos tiernos con el Wonderwallen un karaoke repentino, berreandoSmells Like Teen Spirit en casa, vibrando con Muse en sus conciertos o, todo lo contrario, serios en nuestros cometidos académicos o profesionales al igual que cuando, rotos y exhaustos, regresamos a casa tras la ración de los 15 o 20 kilómetros dominicales. No pain no gain! No lo olvides.

¡Qué bonito es compartir todo! ¡Hasta el dolor! ¡Y convivir! Y, de niña, contarte aquellos cuentos e historias (muchas inventadas, pero bien halladas) cuando, con «papitis» aguda, me convertías en el mejor padre del mundo y sacabas pecho en fiestas y cumples de guardar. ¡Vaya «chou»!

Has cambiado de década (yo, también) y, ahora, tus aniversarios son testigo de ese vértigo que provoca el cumplir años y, ahora, del desalmado e inhóspito mundo al que no le faltan impositivas dosis del pensamiento único de una nueva normalidad, la suya, con la que intentan disfrazar nuestra dura y áspera realidad. ¡Desconfía!

Te escribo como lo siento. Lo siento como lo veo. No hay vuelta de hoja. Es tu día a día, tu futuro, esa llamada a una vanguardia que tienes que ocupar para poner en práctica lo adquirido en casa o con tus abuelos, lo aprendido en tus estudios o en tu devenir por la mejor universidad que has pisado, la vida. Has de postularte como baluarte del desequilibrio que, con calzador, inoculan a través de medios, redes sociales y colectivos que han hecho de la sumisión, la discordia y la mentira sus mejores antídotos para, además de mantener su particular pesebre, luchar contra la verdad, la integridad y el sentido común que siempre nos han acompañado en el camino recorrido.

Queridísima Elena, no cambies. Empezamos y acabamos. Todo tiene un final, pero sigue convencida de que 2 más 2 suman 4 y no te salgas del redil que bien conoces. 

Aunque cueste aceptarlos y dificulten nuestras muestras de afecto en este panorama tan deshumanizado, un beso. Aún soy de fiar.

Papá

P.D. Elena, siempre te esperaré en la trinchera de vanguardia; allí, en este nuestro nuevo frente de batalla.

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