Marruecos y el caos

Marruecos y el caos. Rubén Pulido

De todos es sabido lo que está significando para España las recientes cesiones de Sánchez ante el régimen alauí de Mohamed VI. Cesiones por cierto no llevadas a sesión de control, ejecutadas de forma unilateral y con conocimiento de las mismas tras un comunicado del reino de Marruecos. Una traición democrática que se suma a la adhesión (también unilateral) de España al Pacto de Marrakech, suscrito en diciembre del 2018 ante un silencio sepulcral y una sumisión inaudita por parte de la oposición política de esta país.

Pero todo esto no iba a quedar sin consecuencias para España, del Pacto de Marrakech os hablé recientemente a través de esta ventana y de las recientes cesiones en lo relativo al Sáhara entraremos en detalle más adelante. Ahora quiero hablaros de consecuencias, mentiras y caos.

Las consecuencias son innumerables, tras el capítulo del líder del Frente Polisario y el envío de activistas políticos a Argelia, España logró encontrar cierto equilibrio con un socio en el Magreb necesario para el abastecimiento energético, la expansión empresarial y el control de flujos migratorios. No se hizo de la mejor forma, pero el resultado no fue perjudicial, salvo la reacción lógica del régimen marroquí, resultado de unas relaciones diplomáticas no consolidadas y una determinación política exterior inexistente.

El equilibrio jamás ha existido, la balanza únicamente se situaba en su posición central cuando España extendía cheques al portador para un supuesto control de flujos migratorios. O cuando el Consejo de Ministros decidía dotar a las autoridades marroquíes de lo último en logística para controlar la inmigración ilegal, logística que ya quisieran las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de nuestro país.

Las continuas cesiones ante Marruecos únicamente han servido para agrandar la espiral de chantaje a la que Pedro Sánchez nos ha abocado frente a Mohamed VI. El monarca alauí ha elevado la contención de la inmigración ilegal al rango de arma diplomática preferente en las relaciones entre Europa y el Magreb. Y digo el Magreb porque aún están por evaluar las acciones que esto puede conllevar por parte de Argelia.

No podemos ignorar que Europa no tienen conocimiento de ello pues es un modus operandi que ya funcionó a la perfección cuando Erdoğan decidió activar la maquinaria de la amenaza híbrida contra las fronteras griegas allá por el año 2020. Un año después, con gran precisión histórica, Marruecos hizo lo propio y España terminó por extender un cheque de 30 millones de euroscon el único y programado fin de revertir las intenciones de las autoridades marroquíes que bajo órdenes estrictas, habían decidido mirar hacia otro lado cuando más de 10.000 magrebíes se dirigían hacia las fronteras de Ceuta.

Todo aconteció según lo programado y quizás pensarán que esta fue la respuesta de Mohamed VI al ingreso de Brahim Gali en un hospital español. Nada más alejado de la realidad, pero cuando un país sufre una amenaza híbrida de tal magnitud sobre sus fronteras es porque estas fronteras han sufrido una constante depreciación en el mercado de la soberanía. Cuando cedes el control de la inmigración ilegal a terceros países a cambio de la cesión política, el talón nominativo y el sometimiento, vas directo a la coacción. Y la respuesta del Estado al que has dado jerarquía no va a deparar en hacer uso de la misma para recordarte quién ocupa la posición dominante.

Ahora Marruecos vuelve a comprometerse a ejercer un control sobre la inmigración ilegal. En mitad de lo que parecía una obra maestra con Melilla de protagonista y la cumbre OTAN de telón de fondo, el régimen alauita exhibe su supuesta capacidad de control sobre una amenaza migratoria presuntamente imprevisible dejando como resultado el caos. También con cierta imprevisión política, el Ejecutivo que ha instrumentalizado constantemente el drama humanitario de la inmigración (véase el caso Aquarius), sale al paso aplaudiendo la operación control de la inmigración que en mitad de su ejecución deja a decenas de muertos y heridos en frontera.

Hasta aquí tenéis las consecuencias y tenéis el caos, pero el caos no se justifica únicamente ante lo acontecido en Melilla. El caos se ve representado en una actuación policial deficiente por parte de las autoridades marroquíes que tradicionalmente se han encargado de dirigir a estos inmigrantes ilegales cual ganado por todo el territorio marroquí para servir a sus intereses mas espurios. Han utilizado a la inmigración como un arma sobre la cual nunca han ejercido un control severo mermando así sus capacidades para la gestión de estos flujos migratorios en un territorio cada vez más a merced de las mafias y su compra de voluntades.

Vayamos ahora a la mentira, que no pocas proliferan en Moncloa, pero también existen en Rabat. Y es que cuando has permanecido durante cuatro años municionando un arma de la que participan traficantes que se sirven de tu ubicación geográfica para servir a quienes pretenden llegar ilegalmente a Europa a toda costa, difícilmente vas a encontrar una solución de la noche a la mañana. Y prometer algo así es faltar a la verdad.

Entiendo que no puedo decir que el régimen alauí miente sin más, lo comprendo y de hacerlo estaría insultando vuestra inteligencia. Las Islas Canarias han recibido más de 9.000 inmigrantes ilegales en lo que llevamos de año, según datos de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras (CGEF) más del 80 por ciento han llegado desde costas marroquíes o territorios controlados administrativamente por Marruecos (área de Cabo Bojador). Durante el mes de julio ya se contabilizan casi 500 entradas ilegales en el archipiélago canario, según diligencias policiales y organizaciones humanitarias, el cien por cien de estas incursiones han registrado su origen en costas marroquíes o zonas bajo el protectorado marroquí. ¿Qué esta haciendo Marruecos? Mentir.

En resumen, mientras Mohamed VI trata de ejercer el control sobre el área norte de Marruecos, lo pierde en el área del Atlántico que concentra las rutas con destino hacia las Islas Canarias. Y cuando este supuesto control resulta caótico en la zona más septentrional, culpa a Argelia de estar detrás del envío de inmigrantes subsaharianos a sus fronteras. Otra falsedad que solo se sustenta ignorando que el territorio argelino –que comparte hasta 7 fronteras comunes–  soporta el paso de millones de inmigrantes de origen subsahariano cada año y el control férreo que lleva ejerciendo sobre estos flujos migratorios desde hace décadas. Si Abdelmadjid Tebboune quisiera hacer uso de la inmigración ilegal como arma de presión política, créanme, no pondría únicamente a 2.000 sudaneses en frontera.

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