«Federalismo» se dice de muchas maneras, de tantas que el término ha derivado en un gran embrollo y normalmente cuando es usado por políticos y ciudadanos no se sabe lo que se está diciendo. Posiblemente se trate de los términos más oscuros y confusos en teoría política, y -como vamos a ver- eso en España está más acentuado que en otros países.
Un Estado federal o federación vendría a ser la consecuencia de la unión de diversos Estados que anteriormente estaban separados (que eran independientes y soberanos), ya que éstos delegan sus soberanías a otro organismo superior, y en el momento en que dichos Estados cediesen la soberanía al Estado federal éste vendría a ser el Estado central. Aunque tales Estados previos conservarían cierta autonomía en determinadas competencias, ya que las partes integradas en el Estado federal, que -insistimos- previamente eran Estados soberanos e independientes, conservan su sistema legislativo, administrativo y jurisdiccional. No obstante, todas las jurisdicciones territoriales están organizadas por una constitución que rige las competencias de cada región y las competencias que se comparten en todo el Estado federal.
El federalismo supone, entonces, la pluralidad en la unidad a fin de fortalecer a las partes. Es decir, federar es unir, y por eso lo último que puede ser un Estado federal es un Estado separador.
«Federar» es un término que viene del latín faedus, que se traduce como «pacto» o «alianza». Asimismo viene del término fides, que significa «confianza». Es imposible la federación sin voluntad de unión y sin confianza. No obstante, esta unión no pretende borrar las diferencias culturales y las costumbres de cada región.
Con el lema pluribus unum, la unidad en la diversidad, se forjó esa gran nación (ese Imperio, por decirlo directamente) que es Estados Unidos, ejemplo canónico de Estado federal.
El Estado federal pretende compatibilizar el autogobierno de las distintas regiones con un gobierno central que es compartido por todas las regiones. Lo cual quiere decir que en el Estado federal el poder central se conjuga con los poderes regionales o locales, lo que supondría una relación entre autogobierno y cogobierno.
Algunos confunden federación con confederación, pero si la federación (el Estado federal) es un solo Estado compuesto de varias unidades descentralizadas, la confederación es el conjunto de Estados soberanos e independientes pero que a su vez no componen un nuevo Estado sino más bien una alianza entre Estados. Por tanto, si en la federación se configura una asamblea con su correspondiente constitución para tomar decisiones y acuerdos comunes, en la confederación cada Estado tiene la capacidad y el derecho de no cumplir los acuerdos e incluso de separarse de la alianza, lo que no se puede hacer en la federación salvo por sedición.
Luego la diferencia estaría en que el Estado federal se basa en una constitución, es decir, en el acto de soberanía de un pueblo, y la confederación lo hace sobre un tratado, es decir, entre las relaciones internacionales. En resumen: el Estado federal se define por unificar a varios pueblos, territorios y soberanías en un solo pueblo, un solo territorio y una sola soberanía. En cambio, la confederación es una liga de Estados soberanos e independientes que precisamente al conservar su soberanía e independencia no configuran un nuevo Estado.
Si el Estado federal viene a unir lo que previamente estaba separado es absurdo, como se hace en España, hablar de federalismo dentro de un Estado que ya está formado. Ejemplos de Estados federales son Estados Unidos, Suiza, Alemania, México, Venezuela, Argentina, Brasil, India, Rusia, Sudáfrica, Austria y Bélgica, pero no España. El actual Estado de las autonomías del Régimen del 78 no es un Estado federado sino descentralizado, como, mutatis mutandis, lo son Italia y el Reino Unido.
Para federar a España hay que transformar las actuales comunidades autónomas en Estados. Es decir, España tendría que fragmentarse en sus partes (en 3, 5, 10 o 17 Estados soberanos e independientes) y después federarse o confederarse. Este modo de pensar es en extremo imprudente, dada la amenaza formal que padece España con los nacionalismo fraccionarios (en el interior) y con el globalismo destructor de naciones (en política exterior), así como con otras potencias (las del BRICS) que sin duda aprovecharían la debilidad de cualquier nación en pos de sus intereses, como es natural. Asimismo, la inmigración ilegal masiva haría el resto. Todo es muy esperanzador.
Esta situación ha sido la consecuencia del imprudente régimen de las autonomías. Y -mediante antropólogos culturales subvencionados- algunos políticos, y buena parte de la ciudadanía, han creído que semejantes autonomías son naciones milenarias oprimidas por un opresor y depredador Imperio Español (o por Franco y otros cuentos para viejas).
Se ha llegado a distinguir entre un federalismo simétrico y un federalismo asimétrico. El federalismo simétrico trata de igualar las competencias de cada región, con más o menos el mismo poder y capacidad de decisión en torno a asuntos generales que competen a la federación. Se trata, pues, de unir en la igualdad.
En cambio, el federalismo asimétrico pretende otorgar a una o varias regiones más competencias y derechos que a las demás, como si tuviesen más derechos por supuestamente tratase de una región étnica y culturalmente diferente (lo que serían los casos de Cataluña y el País Vasco, aunque tales regiones ni mucho menos son naciones étnicas). El federalismo asimétrico parece desunir en la desigualdad.
En España el federalismo que defiende el PSOE es el «federalismo asimétrico» (como lo llamó Pasqual Maragall). Se trata de un federalismo insolidario que pretende que Cataluña y el País Vasco tengan más privilegios y competencias que el resto de regiones (que para más inri ya no serían comunidades autónomas sino «Estados asociados»), lo cual lo aproximaría más a un confederación. Como se ve, el embrollo que tienen estos sujetos es morrocotudo.
En el Estado federal la relación entre los Estados es de colaboración y no de subordinación. Sin embargo, en el federalismo asimétrico propuesto por el PSOE unas partes quedan subordinadas a otras que, sin que se den razones políticas ni de ningún tipo, tienen más privilegios. ¿Podría ser que el PSOE pretenda que unas partes de la nación española sean vasallas de otras partes?
Un día llegó a decir Pedro Sánchez: «El federalismo es una voluntad de acuerdo, de convivencia y de calidad institucional». Pero con «federalismo», que nadie se engañe, quiere decir «federalismo asimétrico».
Ya en tiempos de la disparatada I República intentó ponerse en práctica el federalismo. Fue fundamentalmente durante la presidencia del anarquizante Francisco Pi y Margall. Semejante ocurrencia desembocó en la guerra de los cantones. El «cantón de Cartagena» tomaba como «potencias extrajeras» a Almería y Alicante. Como dijo el primer presidente de aquella objetivamente alocada república, el barcelonés Estanislao Figueras, «¡Estoy hasta los cojones de todos nosotros!».
El federalismo, al fin y al cabo, es un separatismo cortés, o con disimulo, una forma encubierta de secesionismo. Si se parte de un Estado unitario y se decide trocearlo en una serie de mini-Estados entonces federar no es unir sino separar. Y eso lo saben de sobra los separatistas, que emplean esta ocurrencia como trampolín para el cumplimiento de sus planes de ruptura con la nación española. Por tanto, el federalismo no es la alternativa al separatismo, sino un colaborador del mismo (independientemente de las intenciones y de la «buena voluntad» que pretendan los autodenominados federalistas).
Federalismo y secesionismo vendrían a ser compañeros de viaje, ya que el primero es el camino más cómodo que se les puede ofrecer a los partidarios del segundo para llegar a la estación de la sedición. Aunque se trata de la vía que conduce de la España del régimen de las autonomías, pasando por la España federal (sea lo que sea eso), acabando en la balcanización de la nación española.
Ahora bien, si el Estado de una supuesta España federal se basa en la asimetría entre sus partes formales, eso no satisfaría la voluntad «soberanista» de los «partidos políticos» secesionistas. De ahí que sea más del gusto de los secesionistas esa cosa del «federalismo asimétrico». Mientras menos simetría más cerca se está de la sedición.
Al menos desde tiempos del ínclito y últimamente bolivariano José Luis Rodríguez Zapatero, el proyecto del PSOE comprende a España como una «nación de naciones» que debe tender hacia el federalismo y, si es posible, hacia el federalismo asimétrico en el que unas supuestas naciones tangan más privilegios que otras. Y que conste que esta postura no es una ocurrencia de algún militante o un dirigente aislado, sino que es la línea oficial del partido, tal y como se expuso en el XXXIX Congreso en junio de 2017, donde expresamente se dijo que España es un «Estado plurinacional».