“Se vende España”

“Se vende España”. María José Ibañez

Hemos celebrado el octogésimo séptimo aniversario del fin de la Guerra Civil en Barcelona.

Este año anterior, el presidente Pedro Sánchez dijo iba a hacer cien actos de crítica al sistema de gobierno anterior al 75. ¿Y qué ha hecho?: nada, porque le habría dado publicidad a una acción política que comparada con la suya le habría dejado en condiciones de franca inferioridad, nunca mejor dicho y valga la redundancia.

A partir del 75 hubo un antes y un después en la irrevocable unidad de España y en la justicia social. En ese momento España entra en su definitivo cadalso.  Los tentáculos de la CIA se sacaron ya sus guantes blancos para, poco a poco, hipócritamente y en su estilo, ir haciendo de España ese peón que faltaba para la implantación mundial de su “gobernanza” global. Y lo pudo hacer por la alfombra roja que todas las neoizquierdas fucsia le tendieron y, por supuesto, por la derecha “progre” con su  mercantil patrioterismo más o menos hiperventilado.

La comodidad política de la derecha y el rencor de la izquierda han enquistado una visión amputada de la historia de España de nuestro siglo anterior, en el cual tantos nacimos, y que no podemos dejar que se enquiste sin el debido restablecimiento.

Nos iremos nosotros, pero nuestras palabras  no pasarán. Mientras aún haya jóvenes con un mismo interés por nuestro pasado reciente y vean  que España fue vendida y puesta en el mercado. Y deben  que hubo hombres y mujeres jóvenes que un día transitaron por el camino de la verdad y supieron proteger a la patria del

saqueo que están padeciendo hoy. De su disolución a favor del feroz globalismo ultracapitalista que nos ha dejado sin casa , sin familia, sin trabajo digno, sin identidad, sin Estado y con las fronteras abiertas de par en par.

Una generación que cada vez es más consciente de esa falsa política que quiere convertir España en la parrilla de Europa, en un parque temático cutre y en el puente aéreo gratis entre África y Europa

Mientras, los defensores de la Agenda Europea,  desde sus escaños, proclaman dramáticamente que la culpa de la decadencia de España es de Franco, de la  extrema derecha  y de su política de odio, cuando la gente de a pie inunda las calles con sus legítimas protestas.

¿Quién odia? , ¿ los que critican a los que destruyeron y vendieron a trocitos nuestra soberanía industrial, energética, de transportes y social?

¿Qué es odio?,  ¿defender la ayuda a países necesitados en su origen, para que puedan desarrollar su solvencia o los que negocian con mafias el trabajo humano disfrazados de ONGs para vaciarlos de población joven y seguir depredando y succionando vampíricamente su riquezas?

¿Qué es odio?,  ¿defender la integridad nacional y la de todos los pueblos del mundo o pasar por todas las patrias con su apisonadora globalista y dejar que dilapiden las estructuras más profundas de la sociedad?

Pues no,  yo no transijo. Simplemente porque no puedo:  ni padezco amnesia, ni me paga nadie dinerales para seguir sosteniendo ningún tipo de mentira.

En Barcelona, el 26 de enero del Año de Gracia de Nuestro Señor Jesucristo de 2026, no sólo luchamos contra el comunismo, más que nada porque no existe.

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