Contra la Leyenda Negra. Juan Valverde de Amusco, un médico español del Siglo XVI

Contra la Leyenda Negra. Juan Valverde de Amusco, un médico español del Siglo XVI. José Alsina

Entre 1876 y 1878 un grupo de intelectuales españoles mantuvieron una polémica, a veces muy agria, sobre la situación y el papel de la ciencia en España. La cuestión no era puramente académica, sino que tenía un gran calado ideológico y político, pues en ella se mezclaban cuestiones relativas a la historia de España, al sentido de tal historia, y en general, al papel de España en el mundo.

Esta polémica va mucho más allá de un debate intelectual. Por encima de la visión de la ciencia (o de la tecnociencia) y de su papel en España se agitan cuestiones relativas a la misma existencia de España como empresa política y del sentido de su existencia como tal. Los progresistas no se limitan a denunciar la escasa participación de España en las cuestiones científicas y técnicas (exagerándola), sino que culpan de ello a la Iglesia, a la Inquisición y, en general, a la religión católica. Ahora bien, como la nación canónica española se forjó a partir de las estructuras precedentes del Imperio Hispánico, y la existencia de este Imperio está ligada al catolicismo, no solamente se pone en cuestión la participación de España en el quehacer científico, sino que se pone en cuestión a la propia existencia de España.

Pasaremos revista a la obra del gran médico y anatomista español, Juan Valverde de Amusco, que, no solamente introduce la anatomía de Andrés Vesalio en España, con su obra en romance Historia de la composición del cuerpo humano, sino que mejora, en muchos aspectos, la obra del flamenco, e introduce ideas fisiológicas, que serán posteriormente desarrolladas por otros médicos españoles, como Andrés Laguna o Francisco Vallés.

A lo largo del siglo XVI las aportaciones de autores españoles en el terreno de la medicina y de la filosofía natural son impresionantes[1]. No es casualidad que este esplendor intelectual coincida con el máximo esplendor del Imperio Hispánico. Es evidente que en este periodo ni la influencia cultural del catolicismo ni la acción de la Inquisición, impidieron el desarrollo intelectual.

En el terreno de la medicina y de la filosofía natural vemos que, a finales del siglo XV y durante el siglo XVI, conviven una serie de tendencias y sensibilidades. De la Edad Media se ha heredado el aristotelismo y el galenismo arabizado (el conocimiento de las obras de Galeno a través de las traducciones del árabe). Entre las nuevas tendencias hay que citar la anatomía de Vesalio, procedente de Italia, que, a diferencia del galenismo, tiende a separar la morfología (la estructura) de la fisiología (el funcionamiento de los órganos); también es importante la influencia de las ideas alquímicas en medicina. A todo ello hay que añadir la costumbre de utilizar lenguas vernáculas en detrimento del latín, y el rechazo de los médicos de todas las tendencias al conocimiento puramente libresco y su interés por las disecciones.

En este medio intelectual va a desarrollar su obra Valverde de Amusco (o Hamusco)[2].

 

MEDICINA Y FILOSOFIA NATURAL EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI DESDE LA PERSPECTIVA CIENCIA-TECNOLOGÍA-SOCIEDAD.

En el año 1970, el historiador de la ciencia Robert K. Merton, publicó el libro Ciencia, tecnología y sociedad en la Inglaterra del Siglo XVII[3]. Discípulo de Sarton, Merton sigue la tesis de Max Weber expuesta en La ética protestante y el origen del capitalismo, sobre la influencia de la religión en la cultura, la sociedad y la económica, pero centrándose en el tema de la ciencia y la tecnología.

Merton explica el desarrollo de las ciencias en la Inglaterra del siglo XVII y su orientación hacia las cuestiones prácticas a partir de la influencia de las ideas puritanas. Este desarrollo y su aplicación práctica son, según Merton, elementos fundamentales en la pionera revolución industrial que tiene lugar durante este siglo en Inglaterra.

Este enfoque, llamado también Ciencia, tecnología y sociedad, enfatiza la relación entre la sociedad, la cultura y las ideas dominantes con el desarrollo científico y tecnológico. Es consecuencia de una importante renovación en los estudios de historia y filosofía de las ciencias que se produce a partir de la obra de Thomas S. Kuhn La estructura de las revoluciones científicas[4]. Según esta línea de análisis, no puede entenderse el desarrollo de las ciencias en un época y lugar determinado sin tener en cuenta la cultura y las ideas dominantes en la sociedad que, de alguna manera, estimulan o reprimen el desarrollo científico.

La actividad científica no es solamente el resultado de un esfuerzo individual. Este necesita una estructura institucional en la que ejercer su actividad, y, sobre todo, la existencia de unas ideas dominantes en la sociedad que estimulen y valoren su actividad.

La España del siglo XVI corresponde al máximo esplendor y desarrollo del Imperio Hispánico, bajo los reinados de Carlos I (V Emperador de Austria) y de Felipe II. La ideología dominante en la sociedad española es el catolicismo y la contrarreforma, siendo notable la participación de los teólogos españoles en el Concilio de Trento. Sin embargo, y en contra de las tesis negro-legendarias, todo ello no reprime la actividad científica, sino que la estimula. Valverde no es una excepción, sino que junto a él encontramos figuras como Montaña de Montserrate, Pere d’Oleza, Miguel Sabuco, Gómez Pereira, Huarte de San Juan, Francisco Valles, Jaime Segarra, entre muchos otros.

La propia predicación religiosa contra reformista utiliza elementos de la Historia Natural y la anatomía humana como parte de su programa catequético, tal como puede verse en la Primera parte de la Introducción al símbolo de la Fe de Fray Luis de Granada[5].

El marco institucional lo proporcionan las universidades, el mecenazgo de personajes notables que tienen médicos a su servicio (Valverde fue médico de Juan Álvarez de Toledo, hijo del duque de Alba, e Inquisidor General de Roma), y las propias órdenes religiosas, especialmente los dominicos, que incorporan elementos de las ciencias en su programa catequético.

En este medio va a desarrollar su actividad nuestro hombre, Juan Valverde de Amusco.

APROXIMACIÓN BIOGRÁFICA

Valverde nació en Amusco (o Hamusco), en la provincia de Palencia, alrededor de 1525. Estudió filosofía, probablemente en Valladolid, y emigró a Italia alrededor de 1542. Siguió el camino de muchos médicos españoles, y de otros lugares de Europa, hacia los nuevos centros de saber de la Italia del Renacimiento.

En Padua conoce y asiste a las lecciones de Realdo Colombo, aunque este dato no ha podido demostrase, y algunos autores lo niegan[6]. En 1543 Colombo es trasladado a Pisa. En una nota que aparece en su libro (Historia de la composición del cuerpo humano), fecha su estancia en Pisa, con Colombo, en 1544. Si la estancia en Padua no está confirmad, sí que lo está la de la Pisa. En 1945, cuando Colombo es nombrado catedrático de anatomía de Pisa, Valverde figura como uno de sus asistentes.

En 1548 Colombo se traslada a Roma y allí le sigue Valverde. Independientemente de si el primer contacto entre ambos se produce en Padua o en Pisa, la relación entre ambos es indudable, y las enseñanzas de Colombo van a ser fundamentales en la formación de Valverde.

En esta época Valverde publica su primer libro: De Animi et Corporis Sanitate Tuenda Libellus, una obra corta de higiene. En 1555 enseña medicina en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. Su fama fue en aumento al ser médico personal de algunos personajes relevantes de la época, como el cardenal Juan Álvarez de Toledo, que era hijo del Duque de Alba, que fue arzobispo de Santiago y Primer Inquisidor General de Roma.

Su obra fundamental, Historia de la composición del cuerpo humano, escrita en castellano, se publicó en 1556 y fue dedicada al papa Pablo IV. En 1558 viajo a España, y en 1559 se publicó la versión italiana de su obra, dedicada al rey Felipe II. Su muerte se fecha alrededor de 1559, pero no hay constancia documental de la misma.

EN TORNO A LA HISTORIA DE LA COMPOSICIÓN DEL CUERPO HUMANO

En torno al libro de Valverde hay distintos aspectos a tratar. En primer lugar, señalar que el hecho de estar escrito en castellano, y no en latín, es algo propio de la mentalidad renacentista, que reivindica las lenguas nacionales. Además, hay una voluntad divulgativa de los nuevos conocimientos anatómicos hacia cirujanos, barberos y sanadores, que en general no dominaban el latín.

A pesar de las acusaciones de plagio realizadas por Vesalio (con amplio eco en la historiografía europea), en la obra de Valverde hay aportaciones anatómicas que superan a las de Vesalio. Es cierto que toma como base algunas de las láminas anatómicas de la Fabrica, pero las mejora notablemente.

En la obra hay también importantes implicaciones fisiológicas. El esquema galénico es revisado y mejorado, y ya se habla del tránsito pulmonar de la sangre y se niega que el tabique interventricular tenga ningún tipo de poro.

También es interesante el estilo descriptivo u orden de descripción que se introduce en la Historia, distinto al de Vesalio. Finalmente comentaremos las opiniones negativas de los historiadores de la medicina de diversos países europeos como una continuación y consecuencia de la Leyenda Negra antiespañola.

 

Aportaciones anatómicas

Aunque Valverde hace continuas referencias a las aportaciones científicas de Vesalio y pone en manifiesto su respeto por el maestro, no deja de señalar numerosos errores conceptuales, a los que hay que añadir las anotaciones marginales en las láminas de la Fábrica[7].

Hay que señalar, entre otros errores corregidos, la inserción proximal de los músculos rectos abdominales, que Vesalio lleva hasta las clavículas; la descripción del estribo del oído medio y del tabique nasal, a los cuales Vesalio no hace referencia; las articulaciones de los dedos de las manos (falanges), que para Valverde son de tipo diartrosi, a diferencia de la descripción vesaliana, y la aponeurosis de los músculos abdominales, que no es sencilla, como sostiene Vesalio, sino que se parte en dos.

Muchas de las láminas anatómicas que aparecen en la Historia son tomadas de la Fábrica, pero con correcciones, que son explicitadas en el texto. Otras son originales, como el hombre desollado (Libro 2- tabla 1ª) o la Venus con el abdomen abierto (Libro 2-tabla 6ª).

Pero además de todo lo dicho, hay que añadir que el estilo descriptivo u orden de la descripción es diferente en Valverde que en Vesalio. El término “estilo descriptivo” fue definido por Laín Entralgo[8] como el modo según el cual se realiza la exposición de los conocimientos anatómicos, cuyo conjunto correspondería al contenido. El conjunto de ambos da lugar a la descripción anatómica. Para Laín, este estilo nos da tanta información como el propio contenido sobre las ideas anatómicas de un autor.

Si comparamos el estilo descriptivo de ambos autores (Valverde y Vesalio) observamos grandes diferencias.

Vesalio                                                                                      Valverde

 

Huesos, articulaciones. Huesos
Ligamientos, músculos, piel Ligamientos, músculos
Venas, arterias, glándulas Órganos de la digestión y la generación
Nervios, medula espinal. Órganos de la vida (corazón y pulmones)
Órganos abdominales y genito urinarios Órganos del movimiento y del sentimiento
Órganos torácicos Venas y arterias
Cerebro, órganos de los sentidos Nervios

 

Puede apreciarse que, a partir del tercer grupo de órganos descritos, hay una diferencia radical de estilo descriptivo. Si el de Vesalio es estrictamente morfológico, en el de Valverde se describen las tres cavidades orgánicas con una orientación fisiológica (abdominal/vegetativa, torácico/vital, craneal/racional)[9], y los dos últimos a los conductos transmisores de los espíritus de la vida, venas, arterias y nervios.

Vemos pues que las diferencias entre Valverde y Vesalio no están solamente en el contenido, en las rectificaciones que hace Valverde a distintos errores de Vesalio, sino también en el propio estilo, siendo el de Valverde propio del que introduce cuestiones fisiológicas de calado en su propia descripción anatómica.

 

El pensamiento biológico de Valverde

Tal como ha señalado Barona[10], se ha estudiado y publicado mucho sobre la anatomía de la Historia, y se ha prestado poca atención a las aportaciones de esta obra a la fisiología. En realidad, esta obra, más que un tratado de anatomía es una explicación globalizadora del cuerpo humano, sus formas y sus funciones.

Aunque pensamiento biológico de Valverde es estrictamente galénico, ello no es óbice para que introduzca notables correcciones a las afirmaciones del de Pérgamo. Ello es muy característico de la mentalidad renacentista, de respeto a los autores clásicos, pero con la idea de mejorar y continuar su obra.

Algunos conceptos clave de la fisiología galénica, como los animae y los spiritus, juegan en Valverde un papel muy secundario. No le interesa tanto la discusión acerca de su naturaleza, origen y modo de acción, como el desvelar las estructuras corporales que le sirven de sustrato y sus vías de difusión per el cuerpo. Este punto de vista le separa de los planteamientos de muchos médicos y filósofos naturales de su tiempo, como Cesalpino o Montaña de Monserrate.

En la obra de Valverde encontramos interesantes aportaciones sobre las funciones de digestión, de generación, sobre las funciones vitales y, sobre todo, la descripción de la circulación menor, o, más propiamente, el transito pulmonar de la sangre. Sobre este último punto vamos a extendernos.

La primera descripción del tránsito pulmonar de la sangre se debe a Miguel Servet en 1553, en su obra de contenido teológico Christianismi Restitutio. Como esta obra fue condenada y perseguida, tanto por Calvino como por la Inquisición Católica, tuvo muy escasa difusión. En contra de lo que a veces se ha dicho, la persecución no fue debida a esta exposición del tránsito pulmonar de la sangre, sino por la implícita negación de la Trinidad.

Como el libro de Colombo, De re anatómica, no se publicó hasta 1559, y el de Valverde lo hace en 1556, podemos afirmar que fue el primero donde se describe el mencionado transito pulmonar.

Valverde parte de la idea galénica de que por las venas circula sangre que lleva el sustento a todos los miembros, y que por las arterias sangre mezclada con los espíritus. Aplicando el principio galénico de la correspondencia forma/función no puede admitir que por la “arteria venal” (venas pulmonares) circule solamente neuma como sostenía Galeno, sino que debe circular el neuma mezclado con sangre, y que, por tanto, la mezcla neuma/sangre no tendrá lugar en el ventrículo izquierdo, sino en los pulmones. En consecuencia, niega la existencia de poros en el tabique interventricular. Estos razonamientos teóricos vienen apoyados por observaciones experimentales.

 

El maltrato de la historiografía europea a Valverde.

Autores como Barona[11] se han sorprendido del maltrato de la historiografía europea a la figura de Valverde, y lo atribuyen al desconocimiento de su obra por haber sido publicada en español. Diferimos de esta interpretación y afirmamos que este maltrato es debido a la influencia y a los prejuicios derivados de la Leyenda Negra.

Si partimos de la “tesis” negro-legendaria de que en España nunca se ha hecho ciencia, y que ello es debido a la influencia de la Iglesia Católica, la Inquisición y el pensamiento contra reformista, cuesta admitir que, en pleno siglo XVI, en el máximo esplendor del Imperio Católico Español, aparezca una figura como Valverde.

Así, para el francés N.F.K. Eloy[12], rebaja a Valverde a haber sido “el que animo a sus compatriotas al interés por las cuestiones anatómicas”. Por su parte, el alemán Kurt Sprengel[13] se muestra un poco más “generoso” al asignarle el papel de simple divulgador de la obra de Vesalio, ignorando las correcciones anatómicas a Vesalio, y las aportaciones fisiológicas.

La historiografía posterior ha tenido mayor rigor[14] y ha reconocido las aportaciones de Valverde, pero insistiendo en su formación italiana y en las influencias de Colombo, y negando su vinculación con el movimiento vesaliano español. Es decir, se reconocen los méritos de Valverde, pero se les atribuye la paternidad italiana y no española. El prejuicio negro-legendario sigue en pie: la España del siglo XVI “no puede” haber producido a un médico como Valverde.

Aunque admitiéramos esta afirmación, la pregunta seria ¿Cómo puede ser que la España del siglo XVI haya producido a figuras como Montaña de Montserrate, Pere de Oleza, Miguel Sabuco, Huarte de San Juan, Francisco Valles, Andrés Laguna o el mismo Fray Luis de Granada? Algo falla en la Leyenda Negra.


[1] Ver Barona, J.L. (1993) Sobre medicina y filosofía natural en el Renacimiento. Valencia, Seminari d’estudis sobre la ciencia.

[2] No está clara la ortografía de Amusco, localidad palenciana donde nació Valverde. A veces aparece con H, a veces sin ella. En el presente escrito utilizaremos la versión Amusco, sin H.

[3][3] Merton, R.K. (1984) Ciencia, tecnología y sociedad en la Inglaterra del Siglo XVII. Madrid, Alianza Editorial.

[4] Kuhn, T.S. (1975) La estructura de las revoluciones científicas. México, Madrid, Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica. Ver también Barona, J.L. (1994) Ciencia e Historia. Valencia, Seminari d’estudis sobre la ciencia.

[5] Alsina Calvés, J. (1999) Las ideas anatómicas de Fray Luis de Granada en la Primera Parte de la Introducción del Símbolo de la Fe. Llul, vol 22, pp. 337-345. La Introducción del símbolo de la fe
de Fray Luis de Granada. II. La Historia natural
José Alsina Calvés, La Introducción del símbolo de la fe de Fray Luis de Granada II, El Catoblepas 107:10, 2011.

[6] En ninguna de las series documentales de la época que existen en los archivos universitarios de Padua relativas a la presencia de estudiantes extranjeros aparece referencia alguna a Valverde (Barona, obra citada, p. 174).

[7] Ballesteros, R. (2000) Láminas anatómicas de Juan Valverde de Hamusco. Almeria, ICN SA.

[8] Lain Entralgo, P. (1946) Conceptos fundamentales para una historia de la anatomía. AIHM, 1, pp. 419-423.

[9] Barona, obra citada, p. 179.

[10] Obra citada.

[11] Obra citada.

[12] En su Diccionario Histórico de la medicina, publicado en 1778.

[13] En su obra publicada en 1823.

[14] Meyer y Wirt (1943), Wells (1959)

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