El pasado sábado 2 de mayo, una mujer china residente en Esplugues de Llobregat fue asesinada por un marroquí de 37 años al grito de «Alá es grande», que además trató también de apuñalar a otras personas. Las autoridades, como es costumbre, no han tardado en transmitir la consigna de que el asesino tuvo un brote. Es curiosa la facilidad con la que los mahometanos que vienen a España sufren brotes y acaban matando a alguien.
Recientemente, el moro que mató al sacristán de Algeciras Diego Valencia fue absuelto de asesinato, si bien ha sido condenado a ser internado en un centro psiquiátrico penitenciario. Este individuo entró en enero de 2023 en una parroquia de la ciudad andaluza, exhortó a las personas que allí se encontraban a abandonar la fe católica y regresó después con un machete, atacando e hiriendo al sacerdote Antonio Rodríguez. Tras esto, el marroquí y mahometano Yassin Kanza fue a otra parroquia mientras profería gritos de «muerte a los cristianos» y, casualidades de la vida, «Alá es grande». El sacristán trató de defender a los feligreses y Kanza le asesinó junto a la parroquia. Total, que estos personajes, cuando sufren un brote, no gritan «Hala Madrid», «que te vote Txapote» ni entonan canciones populares de su tierra, no; gritan lo que gritan. Qué cosa tan curiosa, oigan. A ninguno le da por repartir billetes de cincuenta ni le da por bailar desnudos por la calle, no. Todos acaban regando el suelo con la sangre de algún pobre desdichado.
La indignación popular que provoca este tipo de crímenes lleva, lógicamente, a que muchas personas cuestionen la política migratoria de puertas abiertas y el papel de las instituciones en el mantenimiento de la seguridad pública. A resultas de este crimen, ha corrido por redes sociales un vídeo donde Cristina Manresa, número 2 de los Mossos d’Esquadra y directora de la escuela donde éstos se forman, realiza unas declaraciones cuando menos curiosas:
«Mi apuesta también es por la diversidad. Yo creo que un cuerpo de policía debería ser ya, deberíamos estar haciendo más cosas para ser mucho más diversos, porque la población a la que servimos es completamente diversa. Entonces sí que… están entrando gente de otras culturas, pero yo creo que todavía hace falta muchísimas más personas de otras culturas. Por ejemplo, muchas mujeres marroquinas (sic). Para mí es maravilloso: eres mujer y encima perteneces a esa cultura. Fíjate que potente, ¿no? cuando una persona se puede dirigir a una víctima, incluso a un delincuente, en su mismo idioma. Eso es… tiene un poder y una potencia brutal».
Vamos a empezar por reconocer que no sabemos si estas declaraciones son recientes o no, pero, en cualquier caso, tampoco son de hace tanto tiempo como para ser extemporáneas.
O sea, que la segunda al mando del cuerpo policial responsable de la seguridad pública en Cataluña apuesta por la diversidad. Así que lo más importante no es que los honrados trabajadores de Cataluña podamos caminar tranquilos sin que nos roben, violen, hieran o maten, sino que ingresen en el cuerpo mujeres marroquinas —que es como se dice en catalán— que puedan hablar en su idioma a los de su tribu. «Para mí es maravilloso: eres mujer y encima perteneces a esa cultura», dice orgullosa la Manresa. ¡Doble mérito, mujer y marroquí!
Que Dios nos perdone, pero es que no cabe un tonto más. Pagar impuestos para esto. La verdad es que se le quitan a uno las ganas de trabajar. «Fíjate que potente, ¿no?, cuando una persona se puede dirigir a una víctima, incluso a un delincuente, en su mismo idioma». Pues nada, ya pueden ir enseñando idiomas en la escuela de los Mossos, porque se calcula que en Cataluña se hablan más de 300 idiomas. ¡Cosas de la diversidad! ¿Dónde quedó la inmersión lingüística?
Barcelona y su área metropolitana han conocido en los últimos diez años una degradación tal de la seguridad pública que asusta, y quien niegue que esto está relacionado directamente con la política de puertas abiertas, miente. La mayoría de los pagapensiones de Jovenlandia y de otros lares que vienen aquí se toman a la policía por el pito del sereno, como se decía antaño. O sea, se la toman a cachondeo, y con razón, porque ésta ha quedado para reprimir al manso trabajador español. Y esto es extrapolable al conjunto de España, y si no vean el Madrid de todos los acentos de Ayuso, donde los machetazos están a la orden del día. Así que nada, ¡a disfrutar de lo votado!
Total, ¿quién quiere caminar seguro por su ciudad, llegar a casa sin agujeros y de una pieza y con el reloj, la cartera y el móvil? ¡Lo importante es la diversidad!, y especialmente en la policía. Porque los que pagamos impuestos no queremos que quien va a llevar placa y pistola esté capacitado, no, que va; lo primordial es cumplir la cuota de género, que le puedan hablar en su idioma al delincuente y, si es posible, que haya muchas marroquinas de uniforme.
Mientras tanto, en Barcelona se produjeron, el mismo fin de semana que en el asesinato citado al principio, tres apuñalamientos más, con resultado de una muerte más y un herido grave. Por no hablar de Hospitalet de Llobregat, donde un trabajador de una empresa de desocupación fue brutalmente apaleado por un grupo de dominicanos: golpeado con un palo, apaleado también en el suelo, donde le pisaron repetidamente la cabeza y le dieron once puñaladas en las zonas lumbar, abdominal y torácica. Está vivo de milagro.
Ese es el idioma que habla la diversidad. Que Dios nos coja confesados.