Reconquista

Reconquista. Daniel López Rodríguez

En el año 711 7.000 bereberes sadaf, enviados por el gobernador y general del califato damasquino omeya, el yemení Musa ibn Nusair, y comandados por Tárik ibn Ziyad, subalterno de Nusair y gobernador de Tánger, entraron por el estrecho de Gibraltar (bautizado así precisamente por Tárik: «Jebel al-Tárik»). En ese mismo año Tárik entra en Toledo, capital del reino godo. Se ponía fin al reinado de los godos sobre la península y empezaba el dominio musulmán.

La invasión musulmana se ha interpretado como la última invasión de los bárbaros contra el Imperio Romano (o lo que quedaba de él en occidente, que eran los godos romanizados y también cristianizados). Se ponía definitivamente el fin a la Edad Antigua y empezaba la Edad Media.

Una vez consumada la invasión musulmana, el período histórico conocido no sin polémica por los historiadores y por los que no son estrictamente historiadores como «Reconquista» se situaría entre los años 718 o 722 (fechas con la que se especula la batalla de Covadonga) y el año milagroso de 1492 (con la conquista de Granada).

Aunque también puede afirmarse que la Reconquista no acabó con la toma de Granada porque los ejércitos cristianos siguieron avanzando por el norte de África a fin de restituir los territorios de la Mauritania hispana que pertenecían a Hispania por la división que hizo el emperador Diocleciano (244-311). Nos referimos a las conquistas de los Reyes Católicos de Melilla, Cazaza, Mazalquivir y Orán. Aunque ya antes los portugueses habían conquistado Ceuta y Tánger basándose en el principio de restauración.

Durante todo este tiempo reinos musulmanes y cristianos estuvieron perseverando tanto en la batalla como en la coexistencia. Si hablamos de un proceso que se prolonga desde el 722 a 1492 entonces hablamos de 770 años. Y por referirnos a las estancias de los Estados musulmanes en la Península Ibérica serían 781 años: desde el 711 (la conquista omeya de Hispania) a 1492 (caída del reino nazarí de Granada).

Hay que tener en cuenta que la conquista musulmana apenas duró unos años, no llegó a una década, y el avance de los reinos cristianos se prolongó por casi ocho siglos. Eso da a entender que los musulmanes recibieron apoyo del norte de África y los cristianos no estuvieron igualmente asistidos por sus correligionarios del otro lado de los Pirineos (salvo en contadas ocasiones: en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212, la más importante de este período, hubo un apoyo limitado de occitanos franceses cruzados).

Como ya hemos advertido, el término «Reconquista» es problemático, pues los reinos que la llevaron a cabo durante casi ocho siglos (Oviedo, León, Castilla, Aragón e incluso Portugal) no existían cuando los musulmanes tomaron la península, y por tanto no se puede hablar de reconquista del reino visigodo porque éste dejó de existir tras la ocupación musulmana; y los reinos que desalojaron a los islámicos y acabaron con sus Estados, si bien fueron sucesores de los romanizados y cristianizados visigodos (en el año 589 Recaredo sería el primer rey católico de la península), no eran los visigodos sino otra cosa. Y eran nuevos reinos que iban construyéndose a medida que se luchaba con los reinos musulmanes (y que a su vez guerreaban entre sí, como también lo hacían los musulmanes).

En todo caso, podría hablarse de reconquista de un territorio ocupado por musulmanes y recuperado por cristianos, pero éstos construyeron nuevos reinos. Aunque bien es verdad que nada sale de la nada, y las prolepsis de los reinos cristianos se basaron en las anamnesis del reino godo y de la Hispania romana.

No sería hasta el siglo XIX, el siglo en el que se incubó el mito de al-Andalus (especie de leyenda dorada sobre la estancia y el legado de los musulmanes en la península, que a su vez viene a fortalecer la Leyenda Negra antiespañola, siendo algo muy propio de la alocada historiografía decimonónica), cuando empezó a hablarse de «Reconquista» en referencia a este largo proceso.

De hecho la palabra «Reconquista» es un neologismo que se inventó a principios de ese siglo. Hasta entonces se hablaba de «restauración» y también de «recuperación» del reino cristiano visigodo. Lo cual es algo todavía más impreciso, porque es abusivo afirmar que los reinos cristianos que avanzaban frente a los musulmanes restablecieron con sus conquistas el orden político y religioso, porque el cristianismo católico se impuso, pero los reinos que lo hacían avanzar eran otros y no una mera restauración del reino visigodo.

Algunos historiadores entienden el término «Reconquista» no como un hecho histórico sino como la ideología que aquellos cristianos esperaban a fin de legitimar sus conquistas sobre el territorio andalusí. Otros, con notable anacronismo, afirman que el término tiene una carga ideológica «nacional-católica», pero esto es algo que no explica la realidad político-religiosa de la península en la Edad Media.

Según el catedrático arabista Serafín Fanjul, «será en el reinado de Alfonso III (866-911) y al socaire de la incipiente reconquista, cuando la Crónica profética anuncie ya la vuelta del reino de los godos y la recuperación de todo el suelo de España bajo la égida del mismo rey» (Serafín Fanjul, La quimera de al-Andalus, Siglo XXI, 2004).

Asimismo, a medida en que los reinos cristianos iban conquistando a los musulmanes, una numerosa población hispano-goda (los mozárabes, es decir, cristianos que vivían en reinos moros y que tenían que pagar tributo para conservar su fe) fueron liberados del yugo islámico y naturalmente podían ser cristianos sin necesidad de pagar tributos. Estos cristianos pedían constantemente el socorro a los reinos cristianos, de ahí que fuesen motivo de persecuciones y deportaciones.

Este período de casi ocho siglos podemos dividirlo en cinco fases:

Primera fase (siglos VIII-X). Que abarca desde las primeras razias y la primera gran victoria por los cristianos en Covadonga (718 o 722), tras la cual con la fundación del Reino de Oviedo van consolidando la ocupación de los territorios por los que hacía el sur van avanzando hasta que en el año 910 se extendió hasta la línea del Duero, trasladándose la capital del reino (que estaba en Oviedo) a León con el reinado de Ordoño II (914-924), con lo cual el reino se transformaría en el Reino de León. La batalla de Covadonga (718 o 722) fue la primera batalla victoriosa de las fuerzas cristianas desde la derrota de la batalla de Guadalete en 711 cuando las tropas del rey godo Rodrigo fueron aniquiladas por el ejército del califato Omeya. A la batalla de Covadonga le siguió la decisiva batalla de Poiters (en la actual Francia) en el año 732.

La segunda fase la situamos entre el siglo XI y la primera mitad del siglo XII. El califato de Córdoba se funda en el año 929 y cae en el 1031. Cuando dejan la yihad (guerra santa contra los infieles) los musulmanes se precipitan en la fitna (guerra civil entre los propios musulmanes) entre el 1009 y el 1031 y se dividen en reinos de taifas, que durarían hasta la victoria de los almorávides en la batalla de Sagrajas el 23 de octubre de 1086 contra las tropas de Alfonso VI (que un año antes había recuperado Toledo, conquista muy importante por tratarse de la capital del reino visigodo). La decadencia del dominio almorávide trajo los segundos reinos de taifas entre 1144 y 1170, que serían sometidos y anexionados por los almohades, que habían relevado a los almorávides en el norte de África y desembarcaron en la península. Mientras, Alfonso I de Aragón reconquistaba para los cristianos Zaragoza en el 1118; Ramón Berenguer IV, el conde de Barcelona, conquistaba Tortosa en 1148 y Lérida en 1149. Y el reino de Portugal tomaba Lisboa en el 1147.

La tercera fase va de finales del siglo XII a principios del siglo XIII, tiempo en el que el reino de Castilla y León se consolidaba en el valle del Guadiana y en los pasos de Sierra Morena. Pero -como ya hemos dicho- el hito de esta fase, y uno de la Reconquista y de la Historia Universal, se llevó a cabo en 1212 con la batalla de Las Navas de Tolosa, que abría el avance cristiano hacia el levante y el valle del Guadalquivir. El Papa Inocencio III concedió el carácter de cruzada a esta enorme batalla.

La cuarta fase es el siglo XIII, es decir, el escenario que se impuso con la paz de la batalla de Las Navas de Tolosa, la paz de la victoria castellana y cristiana. En 1252 Fernando III el Santo toma Sevilla. En 1276 Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, toma Valencia y Baleares. Tras estas victorias cristianas sólo perseveraría el reino de Granada como último bastión de las fuerzas musulmanas. Este es el tiempo de  la «España» de los cinco reinos: Castilla, Aragón, Navarra, Portugal y el reino musulmán de Granada.

Y la quinta fase, y última, la situamos en el siglo XV con la caída del reino de Granada. La caída del Granada estuvo precedida por las capitulaciones de Granada o Tratado de Granada firmado en 1491.  Finalmente Boabdil, el último sultán del reino nazarí de Granada, entregó Granada a los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492. Como la batalla de Las Navas de Tolosa, la guerra contra Granada tuvo también carácter de cruzada que le concedió Inocencio VIII. Y la victoria fue festejada por toda la Cristiandad. Empezaba una nueva era y en este hito, junto al Descubrimiento de América, se puede poner el final de la Edad Media y el principio de la Edad Moderna.

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