El sintagma «leyenda negra» está precedido por el sintagma «leyenda áurea», cuyos orígenes están en lengua latina en la obra del dominico Santiago de la Vorágine (1230-1298) titulada Legenda sanctorum o Legenda áurea, que era una colección de hagiografías de santos cristianos. La expresión «leyenda negra» es, pues, una expresión que está motivada en ser contrapunto y antítesis de la expresión «leyenda dorada».
El origen del término «leyenda» se remonta al participio de futuro pasivo del verbo latino lego, que significa leer; es decir, leyenda es algo que se lee: una lectura. Al romper el Reino de Inglaterra con el catolicismo romano y fundar la Iglesia Anglicana, el término legend adquirió en inglés el significado de fantasía, pues se arremetía contra la obra de Santiago de la Vorágine afirmándose que las vidas de los santos católicos retratados en tales escritos era pura leyenda, es decir, cuentos y mentiras; frente a la vida de los santos anglicanos cuya santidad, según la dogmática anglicana, correspondía a la realidad histórica. Fue desde entonces cuando en lengua inglesa legend, por asociación con De la Vorágine, se deslizaría durante el siglo XVI del sentido que tenía semejante a lectura, totalmente dependiente de su valor latino, al de narración poco o nada creíble.
Sería una escritora gallega, la condesa Emilia Pardo Bazán, la primera en emplear tal sintagma refiriéndose a la propaganda antiespañola, esto es, en sentido político. Esto sucedió el 18 de abril de 1899 en la Sala Charras (4 rue Charras, Boulevard Haussmann de París) cuando fue invitada por el periodista francés Mauricio Spronck para que diese una conferencia sobre «un tema literario o artístico español», como adelantaba La Época de Madrid el miércoles 16 de noviembre de 1898. La conferencia se tituló «L’Espagne de hie et celle d’aujourd». Doña Emilia dio su conferencia en francés y usó en varios ocasiones la expresión legènde noir.
Veámoslo traducido al español: «Sábense de sobra en el extranjero nuestras desdichas, y aun no falta quien con mengua de la equidad las exagere; sirva de ejemplo el libro reciente de M. Ives Guyot, que podemos considerar como tipo de leyenda negra, reverso de la dorada. La leyenda negra española es un espantajo para uso de los que especialmente cultivan nuestra entera decadencia, y de los que buscan ejemplos convincentes en apoyo de determinada tesis política».
La Bazán era consciente de que una leyenda dorada era igual de dañina para España que la leyenda negra. La leyenda áurea posponía lo real a lo ideal y exageraba las hazañas, glorias y virtudes del Imperio Español. Y la leyenda negra exageraba todos sus vicios y defectos.
En 1914 Julián Juderías usa el sintagma ni más ni menos que para darle título a un libro que abordaba en su integridad la leyenda negra contra España. Para entonces el sintagma ya estaba completamente consolidado, pero sin el éxito de su libro este sintagma no hubiese tenido la repercusión que tiene. En 1913 Juderías ganó un concurso convocado por la Ilustración Española y Americana que tenía como temática la imagen de España en el extranjero.
Juderías tituló su trabajo La leyenda negra y la verdad histórica, y éste fue publicado en cinco entregas en los números correspondientes a los días 8, 15, 22 y 30 de enero y el del día 8 de febrero de 1913. Al año siguiente sería editado en forma de libro en Madrid por la Tipográfica de la Revista de Archivos con el título La leyenda negra y la verdad histórica: contribución al estudio del concepto de España en Europa, de las causas de este concepto y de la tolerancia política y religiosa en los países civilizados.
En 1917 volvió a editarse bajo el patrocinio del ingeniero y empresario español que residía en Estados Unidos Juan Cebrián Cervera, el cual procuró que el libro se difundiese por los centros de enseñanza estadounidenses, donde la imagen de España estaba muy dañada desde hacía dos décadas por la Guerra de Cuba por culpa de la prensa amarilla de los magnates William Randolph Hearts y Joseph Pulitzer. La obra se editó en Barcelona y Juderías añadió un capítulo titulado «La obra de España», y el libro se quedaría con el título La leyenda negra: Estudios acerca del concepto de España en el extranjero. El libro de juderías fue todo un hito.
Ya en 1904 juderías había escrito Rusia contemporánea (juderías era todo un políglota que sabía ruso y otros quince idiomas) al asombrase de la propaganda antirrusa que pululaba por Alemania, Francia y Gran Bretaña. Con esta obra Juderías abría un camino nuevo en el campo de los estudios históricos. Posiblemente fue el primero en percatarse de que con las propagandas antiimperiales fabricaban imágenes arquetípicas negativas con el objetivo de perjudicar a las naciones a las que se teme.
El autor negrolegendario se sirve de una metodología que Gustavo Bueno ha denominado metodología negrolegendaria. Los atributos trascendentales de esta metodología están basados en dos acciones: en exagerar y en omitir. Es decir, en exagerar lo que interesa para los fines negrolegendarios y en omitir lo que no interesa. Así, exageración y omisión que irán en proporción inversa a lo que de valioso u odioso puede haber en sociedades políticas homólogas (exagerando sus virtudes, por ejemplo, de ingleses, franceses o alemanes; y omitiendo los defectos que se les puedan atribuir).
La leyenda negra no es más que un relato rocambolesco que además prescinde de datos que vendrían a refutarlo. La trampa del autor negrolegendario está en que selecciona unos documentos, que le interesan para defender su posición negrolegendaria propagandística en pos de unos intereses (normalmente políticos), y desecha otros documentos que, de sacarlos a la luz, echarían por tierra las tesis negrolegendarias que procura plasmar y propagar.
Hay que exagerar lo malo o negativo y ningunear lo bueno o positivo. Lo bueno o positivo se presenta como raquítico y lo malo o negativo como abundante. Hete ahí el quehacer de la metodología negrolegendaria, cómplice de la concepción maniquea del mundo y no de una concepción crítica y dialéctica; porque criticar consiste en clasificar, y el objetivo de la metodología negrolegendaria está en descalificar a golpe de exageraciones y omisiones.
Da la impresión de que los autores negrolegendarios compiten entre ellos para sorprender a los lectores con cifras, por decirlo de algún modo, astronómicas. La hipérbole alcanza el disparate y sobrepasa con creces los límites de la difamación. El autor negrolegendario sobreestima y sobredimensiona los defectos de aquello que quiere denigrar y al mismo tiempo suprime todas sus virtudes, pues prefiere difamar a entender. Saca toda la mierda a relucir y oculta todas las lindezas. Y así cualquiera sale malparado (o con muy buena imagen si se trata de una leyenda dorada, en donde se omite lo malo o negativo y se exagera lo bueno o positivo). Por decirlo con palabras de Orwell, con la metodología que exagera y omite «la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad».
Los autores negrolegendarios interpretan las guerras y las represiones como si éstas fuesen producto del mero capricho de algunos individuos, los cuales son retratados como la encarnación del Mal absoluto demoníaco e inhumano. En la leyenda negra el objeto de difamación (contra el que se lanzan los dardos negrolengenarios, y cuando no simples improperios) es lo nunca visto, lo peor de lo peor: una entidad de maldad absoluta e inaudita al no tener precedentes en la historia, ya que se considera el mayor mal habido sobre la faz de la tierra, y aquello que posee el monopolio del Mal.
Otra de las características de la metodología negrolegendaria es la repetición insistente y sistemática y la insistencia propagandística en los medios de comunicación y en las editoriales, esto es, el bombardeo continuo de propaganda negrolegendaria en la que se recurre a la repetición ad nauseam.
La leyenda negra antiespañola es, sin duda, una de las leyendas negras más importantes. Podríamos decir que, en la actualidad, es la leyenda negra más potente, tanto en la propia España como en Hispanomárica, y tanto en el mundo anglosajón como francófono. No cabe hablar -como dijo el que fuera ministro de Exteriores, el socialdemócrata europeísta Josep Borrell, en febrero de 2019- de «una segunda leyenda negra» inventada por los separatistas como arma ideológica contra España, pues los separatistas del Régimen del 78 se nutren y continúan la leyenda negra de siempre en sus ataques contra la nación española, que precisamente ha calado muy hondo en buena parte de su propia población. Y ya se sabe que, pese a que vivimos en «la era de la información», las masas son perezosas para informarse, aunque lo puedan hacer a golpe de clic: https://filosofia.org/ave/002/b030.htm.
El hecho de haber sido interiorizada y asimilada por buena parte de la población española e hispanoamericana hace que la leyenda negra antiespañola se haga mucho más peligrosa. Asimismo, es más abundante la literatura negrolegendaria antiespañola que la literatura negrolegendaria antiestadounidense, antirrusa o antisoviética (aunque durante la Guerra Fría ésta fue muy abundante y lo sigue siendo ahora pese a la caída del Imperio Soviético).
Pese a estar rebatida académicamente, la leyenda negra no lo está al pie de la calle (y no digamos en determinados parlamentos e incluso en el Congreso de los Diputados, y en determinados medios de comunicación). De hecho incluso hemos llegado a la locura objetiva de que, para algunos, tragarse la leyenda negra antiespañola es un modo de sentirse «progresista». Aunque en realidad se trata de una manera de ser imbécil al andar a tientas «sin bastón» (imbecillis) histórico-filosófico con el cual apoyarse para refutar de manera rigurosa e inmisericorde dichas patrañas en boca de muchos y en la pluma de algunos.