Celebradas las elecciones autonómicas, Adelante Andalucía ha pasado de dos a ocho diputados en el Parlamento de Andalucía. En su pugna por la hegemonía del espacio a la izquierda del PSOE, Adelante Andalucía ha vencido a Por Andalucía, marca bajo la que operan IU y Podemos. Alentado por este éxito, su candidato, José Ignacio García ha anunciado que el partido de Teresa Rodríguez se presentará a las próximas elecciones generales. Queda por ver si lo hará de manera independiente o integrada en un frente izquierdista, plurinacional, para cuyo liderazgo se postula Gabriel Rufián, el mismo que se quejaba de las becas de comedor que recibían sus primos andaluces. El peaje por el que ha de pasar, a menudo gustosa, la charneguería tiene un alto precio. Es decir, un menosprecio.
Ocurra lo que ocurra en 2027, el éxito electoral de una formación integrada, en gran medida, por docentes, amerita un mínimo análisis. Un detalle no menor es el hecho de que en la pasada legislatura, Adelante Andalucía, constituida como Grupo Parlamentario, fue favorecida por Moreno Bonilla, pues contó con una importante financiación y tuvo una visibilidad, también mediática, que supo aprovechar su portavoz, José Ignacio García. Estos detalles, que han pasado inadvertidos para todos aquellos que prestan poca atención a los siempre tediosos reglamentos, han contribuido, sin duda, al resultado obtenido en las urnas.
Pese a ello, el mimo parlamentario no explica los magníficos resultados de la formación de García. Otros factores, que podríamos calificar de ideológicamente ambientales, han contribuido a ello. Singularmente el cultivo del andalucismo, ideología a la que se ha entregado el presidente andaluz que, entre ofrenda floral y homenajes a Blas Infante, instituyó el día de la ahistórica bandera de Andalucía. Ello por no hablar de los guiños al supuesto idioma andaluz o sus carantoñas a Alejandro Rojas Marcos. En definitiva, Moreno Bonilla ha sido el mayor benefactor de Adelante Andalucía… en Andalucía.
Sin embargo, hacer recaer sobre el popular toda la responsabilidad es un error, pues el auge de Adelante Andalucía es análogo al de otras formaciones alineadas con el difuso proyecto plurinacional que con machacona insistencia reclama, por ejemplo, el ideólogo Iván Redondo en sus giras por las televisiones. Esa, la de la plurinacionalidad, es otras de las claves que operan en el logro electoral de Adelante Andalucía. Una plurinacionalidad que ya se insinúa en la Constitución de 1978 bajo la fórmula, ambigua e interpretable, de las «nacionalidades y regiones». A ese movimiento se adscribe Adelante Andalucía, cuyos compañeros de viaje balcanizante o confederal, llevan por nombre Esquerra Republicana de Cataluña, EHBildu, BNG o Chunta Aragonesista. Todos ellos buscan la cristalización de naciones fragmentarias. Todos ellos abrazan, bajo la coartada de la singularidad, la asimetría, condición imprescindible para la igualdad. Al menos para la matemática.
Como el resto de las formaciones aludidas, Adelante Andalucía cultiva los mitos propios, las famosas señas de identidad andaluzas. Los de García coquetean con las supuestas raíces islámicas de la región al tiempo que, a despecho del principio de no contradicción, exhiben un Tierra y libertad de resabios anarquistas o, como si de un Ché lírico se tratara, enarbolan la efigie lorquiana. Piezas, todas ellas, de difícil encaje en una futura España plurinacional cuyas singularidades contarán con muy diferentes auspicios.