La conquista del Imperio Azteca (II)

La conquista del Imperio Azteca (II). Daniel López Rodríguez

   2. Tabasco  

El 22 de marzo de 1519 Cortés y sus hombres llegan a la desembocadura del río Tabasco (que Juan de Grijalva bautizó como río Grijalva). Recorriendo río arriba los españoles dieron con el enclave maya de Pontochan (una tribu semiindependiente de los aztecas).

Allí Cortés pidió que le vendiesen comida, pero los nativos dieron largas y unos días después hubo enfrentamientos, comentado Cortés a sus hombres que tales acciones eran necesarias «no por quitar la vida a otros, sino por sustentar la vuestra». Alonso de Mesa pegó el primer disparo ante el espanto de los mayas. Y así Cortés pudo tomar aquellas tierras en nombre del rey de España (que, en rigor, era el Emperador Carlos I de España y no de «Alemania», como hemos comentado en Posmodernia: https://posmodernia.com/carlos-i-emperador-de-espana-y-no-de-alemania/).

Aquellos indígenas, probablemente siguiendo directrices de los aztecas, tributaron a los conquistadores con 20 mujeres. Una de ellas era una joven de 16 o 17 años llamada Malintzin (que sería bautizada como Marina y que sería también conocida como La Malinche; aunque los indios llamaban también Malinche al propio Cortés). Esta mujer sería durante todo el tiempo de la conquista del Imperio Azteca la fiel compañera de Cortés e intérprete del mismo al conocer la lengua náhuatl y la maya, y posiblemente también hablase popoluca, la lengua de los olmecas (por eso era llamada Malintzin Tenépatl, por su facilidad de palabra).

Jerónimo de Aguilar traducía del español al maya y Doña Marina del maya al náhuatl con el propósito de entablar conversaciones con los aztecas. Pero poco a poco Doña Marina fue aprendiendo el español y por tanto sustituyó a Jerónimo de Aguilar en las tareas de traducción y también en la consejería. De ahí que su papel fuese muy destacado en todo el proceso de conquista.

Doña Marina también era la concubina de Cortés y con el tiempo le daría un hijo: Martín, que sería apodado «el Mestizo», y que fue muy querido por su padre, hasta el punto de solicitar al Papa una bula de legitimidad y procurarle el hábito de Santiago. Doña Marina es considerada como la madre de los mestizos (cosa que no agradará a la jázara-sefardí, que no azteca, Claudia Sheinbaum).

En Tabasco, con fecha del 25 de marzo de 1519 (aunque puede que los primeros enfrentamientos se diesen entre el 14 y el 15 de marzo), se llevó a cabo la primera batalla de Cortés en América: la batalla de Centla, donde los españoles consiguieron la victoria contra los mayas chontales gracias a la superioridad de las armas y a los caballos, que fueron usados en una batalla por primera vez; cosa que impresionó sobremanera al enemigo, creyendo que luchaban contra centauros. También la artillería les sobrecogió y les causó pavor.

Según Cortés la batalla costó la vida a 200 indios; según López de Gómara (que no estuvo allí), 300; y según Bernal Díaz del Castillo (que sí estuvo) unos 800. Por el bando español sólo se contaron tres bajas. Los tres cadáveres fueron inmediatamente enterrados para que los indios no estuviesen al tanto de la mortalidad de esos extraños visitantes blancos y barbudos. Tras la batalla, el clérigo fray Bartolomé de Olmedo y su capellán Juan Díaz ofrecieron la primea misa en el continente americano.

Cierta mitología cristiana comentaba que en la batalla luchó Santiago el apóstol, que ahora no era Santiago Matamoros sino Santiago Mataindios.

El mismo 25 de marzo, con el fin de legitimar la empresa, Cortés fundó el poblado de Santa María de la Victoria, que posteriormente sería la capital de la provincia de Tabasco.

 

 3. Ulúa y Villa Rica de la Vera Cruz

El 12 de abril la expedición española partió de Santa María de la Victoria hacia Ulúa, aunque muchos españoles se quedaron en la villa recién fundada a fin de pacificar y poblar la región. El 21 de abril, jueves santo, los españoles avanzaron hacia el norte y llegaron a Chalchicueyecan, que Grijalva había bautizado como San Juan de Ulúa.

La expedición avanzó y Cortés fundaría la ciudad de Villa Rica de la Vera Cruz (a 70 km al norte de la actual Veracruz). La nueva villa tendría su Cabildo o Ayuntamiento que estaba compuesto por los alcaldes Francisco de Montejo y Alonso Hernández Portocarrero, y los regidores Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid, Alonso de Grado y Alonso de Ávila. Los vecinos de la villa disponían además de un representante o procurador: el hábil negociador Francisco Álvarez Chico.

Todo esto quería decir, conforme a las leyes españolas, que la nueva ciudad estaba vinculada a la Corona, que era por tanto una conquista oficial, es decir, una anexión de tales territorios a la Monarquía Hispánica. Esta medida era señal de que la empresa no era del todo depredadora sino también generadora.

Se envió una carta a Carlos I para que estuviese al tanto, lo que hacía que Cortés se desvinculase de Diego Velázquez, el cual acusó de rebeldía al extremeño ante el licenciado Rodrigo de Figueroa, que era nuevo juez de residencia y alcalde mayor de la isla La Española. Velázquez mandó un ejército rumbo al continente para detener a Cortés.

Al proclamarse capitán general, Cortés dependía directamente del rey y no de Diego Velázquez; al cual el conquistador no le reconocía mando sobre las nuevas tierras. Cortés tuvo el apoyo de sus hombres, pues éstos pensaban que podrían enriquecerse con los tesoros que podría haber en Tenochtitlan (ciudad habitada por más de doscientas mil personas cuando llegaron los españoles).

Como escribe Iván Vélez, «No parece descabellado afirmar que el terreno por el que mejor se movió el de Medellín fue el del papel y la pluma, material constitutivo del Imperio español, cuyos límites amplió tanto Cortés» (Iván Vélez, La conquista de México, La esfera de los libros, Madrid 2019, Pág. 324).

De modo que Cortés conquista el Imperio Azteca con la espada, desde luego, pero también con la cruz y más aún con la pluma.

En la villa se dejó al mando de una guarnición de 60 hombres a Juan de Escalate, alguacil mayor de la villa. La función de esta guarnición era proseguir fortificando la posición.  

 

4. La alianza con los totonacas

El ejército español entró en el poblado de Cempoala el 1 de junio de 1519. Cempoala era el poblado más habitado que los españoles habían visto hasta entonces en América.  

Cortés convenció a los pueblos totonacas de Quiahuiztlan y Cempoala para que luchasen a su lado contra los mexicas a fin de liberarlos del tributo al que estaban sometidos por el Imperio mexica. Cortés les dijo a los totonacas que no debían pagar el tributo a los aztecas porque no podían servir a dos señores: no podían servir a Moctezuma y a Carlos I al mismo tiempo.

Cerca de 370 pueblos eran tributarios de Tenochtitlan, aunque no imponían la lengua náhuatl ni los dioses mexicas. Esto les aproxima más al modelo del imperialismo depredador, frente al Imperio Español que sí iba expandiendo su lengua (sin prohibir las demás) e implantado su religión terciaria frente a la religión secundaria de los indígenas, de acuerdo con Mateo 28. 19: «id y enseñad a todas las naciones».

Los totonacas, convencidos de las fuerzas de los españoles, decidieron forjar definitivamente la alianza. Y así llegaron a reunirse 30 pueblos totanacas en Cempoala para sellar el pacto y marchar hacia la conquista de Tenochtitlan con 1.300 guerreros totonacas más los hombres de Cortés.

Las alianzas que llevó a cabo Cortés fueron fundamentales para conquistar los territorios del Imperio Azteca. En su larga travesía hacia Tenochtitlan Cortés mostró ser un magnífico militar y un gran político.

Se ha llegado a decir, y no sería en exceso exagerado suscribirlo, que la conquista la llevaron a cabo los indios y la emancipación de las provincias los españoles (los «criollos»). El título de «libertador» sería más ajustado atribuírselo a la figura de Hernán Cortés que a la de Simón Bolívar. De hecho, este último era algo así como un agente del Imperio Británico, un masón al servicio de los anglosajones. El día que la señora Sheinbaum comprenda estas sutilizas, inmediatamente le explotará la cabeza.

Aunque hay que decir que el indio a secas no existía, del mismo modo que no existía el buen salvaje en la arcadia feliz o en el comunismo primitivo que decía Engels. Los indios, en todo caso,  formaban una pluralidad de naciones étnicas que más que en armonía vivían en constante tensión y violencia, tal como animales heterótrofos comiéndose unos a otros tras la locura objetiva de ceremonias propias de la religiosidad segundaria: el culto caníbal de los aztecas es paradigmático.

A mediados de agosto de 1519 Cortés y sus hombres pusieron rumbo a Tlaxcala, aconsejados por los dirigentes nativos de Cempoala.  

Al descubrir una sublevación de sus hombres ante el temor por las represalias por la rebeldía ante Diego Velázquez, Cortés, para que la expedición no fuese abandonada y no pudiesen volver sus hombres a la isla Fernandina, ordena barrenar y hundir sus barcos y colocarlos frente a la costa, con el fin de usar los materiales de los mismos, esto es, para extraer anclas, cables, velas, bateles y todo lo que fuese aprovechable. Fue, por tanto, una decisión que Cortés llevó a cabo contra los hombres de Diego Velázquez.

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