El conde duque de olivares y el declive español (de ayer y de hoy)

El conde duque de olivares y el declive español. Julian Otal

La crisis que se manifiesta en la realidad política, social y económica (en definitiva, cultural) en Occidente, se evidencia a todas luces en España. Basta con poner en cualquier buscador la consigna “decadencia española” para que se despliegue un sinfín de artículos y noticias alusivas. Sin ir más lejos, en junio de 2025 la sexta edición del Informe de Populismo de Ipsos llegaba a la conclusión de que la mayoría de la población española percibe una sociedad “rota” (55%) y en “declive” (57%). El descredito se lo lleva la dirigencia política siendo los sectores del VOX los más pesimistas de la situación actual[1]. Más allá del retroceso que puede llegar a tener para las nuevas generaciones el uso político de la Historia como proyección política y social, es habitual que diversos medios revisiten contextos y actores sociales que expliquen o familiaricen al lego la actualidad ante el reflejo del pasado intervenido. En ese sentido, la noción de “declive” se asocia fuertemente con el siglo XVII: el momento del ocaso de la España Imperial en donde uno de los malditos de aquella percepción de decadencia sería el valido de Felipe IV: Gaspar de Guzmán y Pimentel Rivera y Velasco y de Toba, más conocido como el Conde duque de Olivares[2].

Olivares y el siglo decadente: un estado de la cuestión (actual)

Hace 35 años atrás, el historiador británico J. H. Elliott (quizás es el que más estudió sobre el Conde Duque de Olivares y su época) realizaba un balance historiográfico para el Encuentro Internacional sobre la España de Gaspar de Guzmán y Pimentel Rivera y Velasco y de Toba, más conocido como el Conde Duque de Olivares. Olivares fue el más destacado valido que supieron tener los denominados Austrias menores (con la carga simbólica que infiere llamarles “menores”) quien tuvo la mala fortuna de asumir riesgos, promover reformas revolucionarias para la época donde se evidencia un largo lapso de crisis económicas, políticas y naturales no solamente en lo que respecta a los reinos de España sino al continente europeo en general. Su protagonismo lo convirtió en el responsable de la aparente “decadencia” del imperio español, incluso dicha percepción negativa se agravaba ante la contemporaneidad con el consagrado “valido” francés: Cardenal Richelieu.

Volviendo al balance de Elliott que enuncia para el Encuentro asumía la necesidad de considerar al Conde Duque como hombre de Estado no sólo español, sino también “auténticamente europeo, ya que está muy al día en todo aquello que sucede en otros países europeos, y se sitúa dentro de la gran tradición europea en sus planteamientos y sus respuestas a los retos de su época”.

No obstante, a pesar de los invaluables aportes en relación al tratamiento del contexto (español y europeo) sumado a la recopilación de fuentes primarias imprescindibles para repensar a Olivares y la España de Felipe IV, continúa perdurando en la construcción historiográfica tanto para la educación como para la divulgación histórica la identificación de Olivares con una figura autoritaria, que perseguía a las “minorías” y propugnaba un programa de gobierno austero que repercutía en demasía sobre los sectores más vulnerables. Todo esto sin contar el conflicto desatado con Cataluña cuando intentó promover hacer de los reinos que componen España una unidad administrativa. Dicha construcción sobre el Duque como un ser conservador y reaccionario lo lleva a paroxismo anacrónico de compararlo con el presidente estadounidense (uno de los nuevos exponentes de un nuevo fenómeno político definido genéricamente como “nueva derecha”) Donald Trump[3].

Olivares y un siglo con “pocas” luces

Para evidenciar la persistencia de los preconceptos en torno al validazgo de Olivares y la valoración negativa en torno al siglo XVII, repasamos algunos de los recientes aportes que se dieron en el campo de la educación y divulgación.

Por el lado de la divulgación infantil, el último gran abordaje que recibió buenas críticas y generosas ventas fue el del historiador Manuel Fernández Álvarez quien publicara en 2008 “Pequeña Historia de España” (Espasa). Con pretensiones coloquiales, el texto buscaba facilitar una primera aproximación a la historia de España hacia jóvenes noveles. El título que le tocó al siglo XVII se llama “¡Que se nos cae España!” y cómo da a entender claramente el autor ubica en el siglo de desempeño de Felipe III, Felipe IV y Carlos II como el ocaso del Imperio español. Cuando llega el turno de presentar a Olivares, lo compara ante la aparente ineficacia del valido anterior el duque de Lerma. No obstante, resume el rol de Olivares como “un noble muy ambicioso que quería todo el poder, sin delegar en nadie”. Dentro del breve racconto de desgracias relatadas se consigna que lo que pretendía en definitiva el valido era recuperar la grandeza de España pecando de una soberbia política irracional, agravada por la persistencia por mantener la religión ultramontana dando muestras de una intolerable política.

En uno de los más recientes compendios breves sobre la Historia de la época moderna, Carlos Martínez Shaw ratifica muchas de las construcciones de sentido en torno a la política de Olivares, destacando el carácter de decadencia de un orden aparentemente perimido y no es presentado como un intento de llevar a cabo una serie de reformas necesarias que podrían considerarse como transicionales. No obstante, en “Breve Historia de la España moderna” vuelve a enfatizarse que el conde duque durante el reinado de Felipe IV es una figura relevante, un “verdadero político en una época de decadencia”[4], bajo su mando España encarna una política “[5]absolutista y desconsiderada”. Una de las constantes de la historiografía hispánica es la “distinta vara” con que se tratan las políticas del valido de Felipe IV (presentadas casi como irracionales y soberbias) mientras que las finalmente consagradas bajo la época borbónica se asumen como inevitables producto de una eficiente política administrativa. Para Martínez Shaw es notorio el tratamiento ya que cuando llega el turno de dar cuenta sobre la época de Felipe V naturaliza la centralización administrativa como un elemento inevitable que es producto del denominado “reformismo ilustrado”[6].

Se muestra, en definitiva, la existencia en la historiografía española de un contraste entre la época de los Habsburgo (representando valores y políticas “primitivas”, presas del celo religioso) con respecto a los Borbones, signados por las “luces”. Esto es, el avance de la razón por encima de una política atrasada que había motivado la “decadencia” del imperio español.

La idea de decadencia durante el reinado de los Austrias en la enseñanza media persiste a pesar de las nuevas tendencias historiográficas[7]. De hecho, dentro de la curricula perteneciente a la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, esto es, la reforma educativa presente desde el 2013) perviven muchas de las tesis surgidas cuando se empezó a profesionalizar la historia en España a fines del Siglo XIX. Como observó Francisco Rubino: “Si bien dichos elementos no se expresan con la vehemencia de, por ejemplo, los planes de estudio del franquismo, el uso de determinados conceptos e incluso la propia organización del temario dan a entender que a pesar de los cambios hay determinadas ideas y enfoques que aún persisten”.[8]

Incluso manuales que parecieran tener un carácter más aggiornado a las nuevas tendencias y enfoques historiográficos, donde se omite hablar de “España” como unidad territorial recurriendo a una denominación más acorde como “reinos hispánicos” no pueden evitar catalogar al siglo XVII como “el inicio de la decadencia”, en claro contraste con respecto al siglo XVI donde a pesar de evidentes derrotas catastróficas junto a los inicios de las denominadas “guerras de religión” se prioriza en la presentación como el siglo de la “hegemonía española”; así como también el capítulo siguiente al “decadente” siglo XVII se caracteriza por la Ilustración[9].

De esta manera, los conceptos de “crisis” y “decadencia” aparecen encabezando el título determinando el enfoque desde el cual se van a abordar los contenidos. Así, desde una perspectiva “decadentista” el valimiento no será tratado como una vía más del manejo informal del poder y los asuntos de la Monarquía, sino como un síntoma de la degeneración de una dinastía de reyes incapaces. En definitiva, dentro de la curricula actual el conde duque de Olivares de Gregorio Marañon (quien en 1936 recuperaba del ostracismo historiográfica al valido deteniéndose en un perfil biográfico donde se priorizan construcciones psicológicas sobre las condiciones sociales y culturales de la época[10]) le sigue ganando la partida a los esfuerzos de Elliott y los continuadores de su obra.

Esa percepción con relación al Siglo XVII y Olivares tiene su réplica en el abordaje de la enseñanza media en Argentina. En el marco de explicar la Edad Moderna entre Europa y América destacando los hitos importantes curiosamente lo que respecta a “nuestra” metrópoli no se analiza ni se especifica el derrotero de los denominados “Austrias menores”. Solo se refiere a España en la cuestión bélica, aunque la construcción teleológica que a las claras sostiene el viejo canon (el de explicar el “siglo de las luces “y las revoluciones norteamericana y francesa) sólo se menciona la “gloriosa” revolución inglesa, la revolución industrial y el crecimiento como potencia de Francia. Sólo lo que acontece en España vuelve a tener relevancia cuando llegue la hora de la dinastía borbónica, para poder explicar las reformas administrativas que se llevarían a cabo en las Américas conocidas como “reformas borbónicas”: la antesala al proceso de las revoluciones hispanoamericanas[11].

Un siglo preso del maniqueísmo

Pese al predominio del presentismo en la vida publica y de cierta permanencia de la memoria por encima de la Historia, su uso político sigue siendo un recurso recurrente por parte de diversos espacios políticos. Con el caso del siglo XVII y la experiencia de Olivares ambos extremos apelan como ejemplo para denunciar la realidad: los conservadores y expresiones ligadas al Vox recurren al mismo para demostrar el decadentismo agudizado por la creciente injerencia extranjera en los asuntos internos y en el clima de ideas. Continuando con la interpretación del franquismo, se encolumnan detrás de la tarea de recuperar las viejas glorias del Imperio de Habsburgo y en los padres de la España moderna: los Reyes Católicos. Por otro lado, la izquierda recurre al caso Olivares para evidenciar cierta política autoritaria en defensa de las tradiciones, con una diatriba beligerante e irracional (apelando a la religión y al mesianismo como propaganda política)

Flaco honor le hacemos, entonces, no sólo a la Historia sino también a los aportes evidentes que podría darnos aquel proceso para comprender una realidad que posee muchos puntos de encuentro con las postrimerías del siglo XVII y son en relación al momento de transición que impacta sobre la vida social. En definitiva, el supuesto declive no es más que una percepción motivada por una crisis de carácter estructural que aqueja a occidente y que no se va a profundizar en sus características si continuamos con una lectura maniquea de la Historia.


[1] https://www.ipsos.com/es-es/support-populist-ideas-remains-strong-some-countries-have-seen-belief-fall

[2] Como diría Sandro de América: “un botón basta de muestra y los demás, a la camisa”.  La revista “Historia y Vida”, publicación asociada al periódico socialista La Vanguardia publicaba en junio de 2025 “Dios es español y está de parte de la nación estos días. No lo perdamos”: el conde-duque de Olivares sobre la victoria en Breda, un autoengaño de España ante el declive por venir”. En diciembre de 2025 El Español (apropósito del reciente trabajo de Manuel Rivero Rodriguez) publicaba “La propaganda política en el siglo XVII: así intentó el conde-duque de Olivares evitar su caída en desgracia”. Mientras El País publicaba sobre una antología de poesía satirica en donde el principal objeto de critica política era Olivares: “La maquina del fango ya funcionaba en el Siglo de Oro” (agosto de 2025)

[3] A, FERNANDEZ LUZON. “Será el más poderoso del mundo” o cómo el conde-duque de Olivares convenció al rey Felipe IV de España al más puro estilo del ´Make America Great Again´ de Donald Trump” en La Vanguardia, 7 de abril de 2025 [En línea]; J. ALARCON “Proteger al imperio: la guerra comercial contra el mundo antes de Trump” en El confidencial, 09 de febrero de 2025 [En línea] M, MORALES “Olivares, revisión al alza del conde duque marcado por el inicio de la decadencia del imperio español” en El País, 03 de junio de 2023 [En línea]

[4] C. MARTINEZ SHAW. Breve historia de la España Moderna. Alianza. 2020. P. 153

[5] Ibidem P156

[6] Ibidem. P. 212.

[7] En España, la introducción de esta perspectiva puede atribuirse a la obra de Modesto Lafuente, uno de los pioneros en la profesionalización de la investigación histórica, durante la primera mitad del siglo XIX. F. LOPEZ SERRANO. “Modesto Lafuente como paradigma oficial de la historiografía española del siglo XIX: una revisión bibliográfica” en Chronica Nova: Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granada, N°28. 2001. P. 326.

[8] F. RUBINO. “La idea de decadencia durante el reinado de los Austrias en el curriculum de la LOMCE: la vigencia del paradigma decimonónico” en F. GARCIA GONZALEZ [et al] La Historia Moderna en la Enseñanza Secundaria. Ediciones de la Universidad. 2020. P. 98

[9] AAVV. Historia de España. Bachillerato Edades 2. Teide. 2023.

[10] G. MARAÑON El conde duque de Olivares, la pasión de mandar. Espasa.

[11] F. LANZILLOTTA (Dir) Historia I, Convergente, Buenos Aires. 2018.AAVV, Historia 3. Estrada. Caba. 2013. AAVV. Historia 2. Proyecto Nodos. Editorial SM.

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